Jesús dijo:"Como tú,Padre, en mi y Yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado. Yo en ellos y tú en mí, para que sean perfectactamente uno, y que el mundo conozca que tú me has enviado." Juan 17, 20-24
Buscar este blog
martes, 24 de julio de 2012
miércoles, 18 de julio de 2012
El derecho de profesar el catolicismo
La libertad religiosa es un derecho protegido constitucionalmente en nuestra jurisdicción.
La constitución también prohíbe el discrimen basado en ideas religiosas. Específicamente, el Artículo 2, sección 1 indica qué: “la dignidad del ser humano es inviolable. Todos los hombres son iguales ante la Ley. No podrá establecerse discrimen alguno por motivo de raza, color, sexo, nacimiento, origen o condición social, ni ideas políticas o religiosas. Tanto las leyes como el sistema de instrucción pública encarnarán estos principios de esencial igualdad humana”.
La libertad religiosa, es un derecho tan indispensable que el propio estado, mediante la creación de la Constitución, su ley de mayor jerarquía, le relacionó inherentemente a la dignidad humana. Es por esta razón que podemos y debemos ejercer libremente nuestro credo religioso, sin temor a ser silenciados o discriminados por esto.
El Concilio Vaticano II, relaciona la libertad religiosa a la dignidad del ser humano. En dicho documento se subraya el valor eminente del derecho a la libertad religiosa: “Todos los hombres deben estar inmunes de coacción, tanto por parte de personas particulares, como de grupos sociales y de cualquier potestad humana, y ello de tal manera, que en materia religiosa no se obligue a nadie a obrar contra su conciencia, ni se le impida que actúe conforme a ella en privado y en público, solo o asociado con otros, dentro de los límites debidos”. (Concilio Vaticano II, Decl. Dignitatis humanae, 2; AAS 58 (1966) 930-931.)
Como católicos estamos llamados a profesar y defender nuestra fe, a la misma vez que respetamos y permitimos a los demás profesar sus credos, religiones o creencias.
Recordemos que el respeto de la dignidad personal exige el respeto de la dimensión religiosa del hombre. Tenemos como miembros de la Iglesia, y de la sociedad, promover un reconocimiento efectivo del derecho a la libertad de conciencia y a la libertad religiosa. Proteger estos derechos, es indispensable para todo pueblo que quiera garantizar el bien común.
Como laicos comprometidos, estamos llamados a evangelizar a nuestras comunidades. Dicha responsabilidad debe darse en un marco de respeto al prójimo y a su vez, bajo el marco del respeto de la libertad religiosa.
(Lcda. Kayla Feliciano)
Los beneficios de orar a los recién nacidos
“Como niños recién nacidos, busquen la leche no adulterada de la Palabra; gracias a ella crecerán”, (1 Pe 2, 2).
El ruido, la violencia y la crisis parecen dominar la sociedad puertorriqueña. Pero, transformar el ser en un remanso de paz es un ejercicio necesario desde que el infante ve la luz. Se pueden moldear a los hombres y mujeres del mañana mediante la exposición a la oración, la calma y los rezos, con estos recursos es posible fomentar un Puerto Rico mejor y sano. Especialistas señalan que orar resulta beneficioso para el recién nacido. Mencionado lo anterior usted se preguntará: ¿En qué forma la oración obra de forma positiva en su bebé? Eso lo contestaremos a continuación.
Oración saludable
La Dra. Luisa Burgos Vázquez, Pediatra y Directora del Centro Guadalupe Vida y Familia, habla sobre los beneficios de la oración en la salud del nacido y el que no ha nacido.
La pediatra indica que un ambiente en el que se fomenta la vida espiritual permite un entorno saludable para manejar tensiones. Por lo anterior, y de no mediar algún defecto congénito, la presión y el pulso sanguíneo funcionarán establemente, lo que a su vez propicia el buen funcionamiento de los sistemas corporales. Esto contribuye al sano desarrollo y a la buena salud. Permite un ser equilibrado incluso desde antes de su nacimiento.
Por otro lado, un ambiente con sobrecarga de tensión, en el que no esté disponible un recurso positivo como una saludable vida espiritual, provoca factores estresantes fuertes que pudieran causar daños irreparables, y hasta la muerte en casos extremos. La presión arterial alta, que provoca el estrés negativo de un entorno tenso y no controlado, puede romper arterias y venas lo que deriva en hemorragias peligrosas y fatales.
Antes de su nacimiento
“Se recomienda hablarle al bebé durante el embarazo para que se familiaricen con las voces de afuera. Por eso los médicos cristianos recomiendan la oración porque todo lo que llena a mamá de paz, mamá lo transmite al bebé”, confirma la Doctora Burgos.
Esa primera etapa de vida, que es de crucial importancia, va desde 0 a 6 años. “Después del primer mes de gestación el sistema neurológico ya está funcionando. Esa vida puede percibir, sentir el dolor y el afecto. Por eso destacamos los efectos positivos que la oración pueda tener en ese ser, que desde esa etapa, puede reaccionar”, detalla la pediatra.
Rezos en la salud mental
De la misma forma, la Psicóloga clínica de niños y adolescentes, Janet Sepúlveda Morales, Ph.D., destaca los aspectos positivos que tiene un ambiente espiritual para la salud emocional del vástago.
“Un entorno espiritual y positivo puede fomentar la salud mental del menor y mejorar su desarrollo, especialmente si se ora y se habla con el niño. De esta forma entenderá que su opinión se considera, lo que fomenta su autoestima”, subrayó Sepúlveda Morales.
Sobre la oración diaria y el proceso de aprendizaje en los infantes, la Psicóloga puntualiza: “Orar regularmente frente al recién nacido, puede tener como resultado, a largo plazo, que el niño imite/aprenda esta conducta. Los seres aprendemos por imitación”. La Dra. Sepúlveda destaca además que hacerle entender al menos por qué se ora, cuál es el propósito, es importante.
Familia que ora por el niño
Como especialista de la salud emocional infantil, Janet Sepúlveda ha visto los beneficios de la oración en la vida familiar y cotidiana: “Cuando esta actividad se realiza en familia, el menor tiene mayor seguridad a la hora de enfrentar los estresores diarios. La oración familiar ofrece el apoyo y cariño adecuado, para satisfacer esa necesidad básica que tenemos los seres humanos de pertenecer a un grupo”.
Bendición en todo momento
El Capellán del Hospital Auxilio Mutuo, Padre Francisco Javier Marrodán, CM, explica la importancia de orar por los recién nacidos. “Los papas, familiares o amigos pueden orar a Dios a favor del niño, para pedir que su presencia y bendición venga sobre él”, sostiene el sacerdote de la Congregación de la Misión, conocida como los Padres Paules.
Ante las complicaciones de salud que pueden enfrentar los niños hospitalizados el Padre Francisco recomienda la bendición diaria a los niños. No hay que esperar solamente por ese momento especial del nacimiento o situaciones en las que su bebé esté en peligro. Muchos padres lo saben. Y piden oración y bendición para sus hijos, sin que, necesariamente, se esté atravesando por un momento difícil. Lo hacen con la intención de que la presencia de Dios acompañe al infante. “Orar por los niños llena de alegría y su efecto es notable”.
En momentos como los descritos, una tradición que las familias católicas practican es encomendar al recién nacido al cuidado de San Ramón Nonato, quien recibió el sobrenombre de no nacido, porque su madre murió en el parto antes de que el niño viese la luz.
Desde El Visitante recomendamos que la familia, en su deseo de forjar seres de Dios, ore antes del nacimiento del niño. Y de la misma forma, a medida que continúe ese nuevo ser su crecimiento, es de vital importancia hacerle partícipe de la oración, esa relación viva que nosotros, como hijos de Dios, tenemos siempre a nuestro alcance. (Enrique I. López López)
La acción apostólica del laico en la coyuntura moral actual
Hace nueve años la Legislatura de Puerto Rico, declaró y estableció el segundo domingo del mes de julio como “Día de reflexión sobre la Moral y la Familia”. A tono con la exposición de motivos de esa normativa, conocida como Ley Número 302 del año 2003, El Visitante, como medio Católico, ha propiciado un diálogo sobre los principios que la Iglesia entiende deben guiar nuestra conducta, enmarcados en la realidad que vivimos como País. Por lo anterior hemos consultado a diversos especialistas. Ya dialogamos con el Presidente de la Conferencia de Religiosos y Religiosas de Puerto Rico, Padre Ángel Darío Carrero, ofm, con el Profesor y Psicólogo Social Edison Viera Calderón, ahora le toca el turno al Decano del Centro de Estudios de los Dominicos del Caribe (CEDOC), fr. Yamil Samalot-Rivera, o.p.
A nuestra pregunta sobre lo que puede hacer un católico, y la Iglesia, ante la crisis sin precedentes que enfrenta el País en términos morales, Padre Samalot, quien también es director del Santuario Nacional San Martín de Porres, contestó: “La Iglesia como comunidad de creyentes y el católico, como creyente individual, tienen el deber de testimoniar, desde su fe bautismal, los valores evangélicos de la caridad, de la honradez, del perdón, de la justicia, de la verdad, de la comprensión, etc. Quien no crea en estos valores, no creerá porque solamente les hablemos de ellos... tendrán que vernos, como Iglesia, en acción”.
Ante esa respuesta preguntamos por el rol del laicado en esa acción apostólica, en esa pastoral: “A veces el laicado tiene la impresión, o se la hemos erróneamente enseñado así, de que cumplirán con su misión apostólica si después de salir de sus empleos son catequistas, o colaboran con la liturgia o son ministros extraordinarios de la comunión. Estas tareas apostólicas son muy importantes... Pero, son supremamente importantes, las horas que se pasan en la propia faena profesional o hasta familiar. Ese es el primer apostolado de un laico. Y son esos apostolados ‘seculares’ los que lograrán un cambio en la situación crítica de Puerto Rico”.
Por ese particular énfasis que Padre Yamil otorga a la faena profesional del laico, como zona de importancia en su misión católica, le pedimos ejemplos concretos: “No se trata precisamente de rezar el rosario en horas de trabajo o establecer un círculo de oración en la oficina. Eso puede ser muy encomiable, pero, y ante todo, el católico y la católica deben ser profesionales responsables, excelentemente preparados para ejercer el apostolado de su propia profesión. Es de esa forma que se puede dar testimonio de los valores evangélicos en medio de las tareas diarias. Así, y sólo así, se podrán ir sembrando semillas para el Reino”. Y estas reflexiones que ofrece este sacerdote dominico, acerca del testimonio que un católico debe dar en todo momento, no se circunscriben solo a profesionales de corporaciones y empresas. Al respecto puntualiza: “Esto incluye, incluso con más responsabilidad, a nuestros gobernantes y políticos católicos. A veces parecería que los valores del Evangelio son pospuestos ante agendas partidistas o ideológicas”.
Padre Samalot fundamenta sus observaciones con documentos y encíclicas importantes de la Iglesia y la doctrina católica: “El laicado tiene una misión especial en este asunto, según lo ha señalado el Concilio Vaticano II tanto en la Apostolicam Actuositatem como en la Gaudium et Spes. El beato papa Juan Pablo II, lo recordó una vez más al recoger las conclusiones del Sínodo de los Obispos de 1985, en la exhortación apostólica Christifideles Laici”.
A modo de cierre a esta entrevista, Padre Yamil llama la atención sobre algunas alternativas de acción que el laico tiene ante sí para cumplir con su misión apostólica, de modo que pueda contribuir en el desarrollo de una sociedad puertorriqueña justa, que tenga como eje central, en su proceder cotidiano, el respeto de la dignidad trascendente de la persona humana, tal como lo plantea la Doctrina Social de la Iglesia. “Finalmente, el católico y la católica ha de unirse a los esfuerzos de todos los frentes, sea de otros grupos cristianos, sea de asociaciones civiles, para luchar por un Puerto Rico mejor. La participación en marchas, protestas y otras manifestaciones por parte de la Iglesia Católica ofrece un testimonio muy valioso ante la sociedad de que nuestra fe no es "opio de los pueblos" sino todo lo contrario, una experiencia de vida que nos abre los ojos a la realidad y nos compromete a la transformación social. Es el gran sueño de Jesucristo... que se instaure el Reino que, en clave latinoamericana, se ha venido a conocer como "Civilización del Amor", concluyó.
(Carlos Cana)
La importancia fundamental de la familia: tema central del nuevo libro de Benedicto XVI
A través de la agencia de información internacional Zenit (www.zenit.org) llega una noticia importante para los lectores católicos de habla hispana. Y es que la edición castellana del nuevo libro del Papa Benedicto XVI circula ya en las librerías del mundo. Esta nueva entrega del Pontífice se titula: “El amor se aprende: Las etapas de la Familia”. El mismo fue motivado por la celebración del Encuentro Mundial de las Familas, el pasado mes de junio en Milán.
En una co-edicion de Romana Editorial con la Librería Editorial Vaticana, este libro reúne textos del Papa acerca de la llamada Iglesia Doméstica. La familia es una realidad viva y en movimiento, el ámbito en el que se aprende y transmite el amor cristiano, puntualiza el magisterio del Papa.
El Sumo Pontífice expone en estas páginas que el núcleo familiar está ligado de forma indisoluble a las diversas etapas de la existencia. Reflexiona acerca de la familia como un espacio privilegiado de amparo en la etapa primaria del ser humano, alimento en las fases de crecimiento y continuo epicentro de aprendizaje en los ciclos siguientes. Alfa necesaria para que la persona ya desarrollada pueda entonces asumir el rol que le corresponde en la creación de una nueva familia.
La formación agustiniana del Papa da los acentos particulares a su acercamiento. Por eso manifiesta que el amor se puede aprender. Experiencia que se robustece bajo el tutelar cobijo familiar en el transcurso del tiempo. Y con un lenguaje diáfano explica por qué la armonía colectiva es posible dentro de una sociedad que promueve la institución familiar. Evidencia como esa relación simbiótica entre familia y sociedad garantiza la paz, tanto en su plano individual como grupal del ser humano.
A través de su propia experiencia como integrante de una familia que le trató con amor, Benedicto XVI gravita su mensaje en un eje fundamental: ¿El amor “se aprende” o simplemente “se siente”? El reto al ser humano del siglo XXI es transformar ese sentimiento inicial en una verdadera entrega.
El Papa es claro en su mensaje: En el transcurso de su vida el hombre puede aprender lo que es el verdadero amor, y en ese dinámico proceso la institución familiar tiene un papel protagónico y fundamental. Una verdad esencial que comparte Benedicto XVI: Es imposible para el ser humano, por ser creado a imagen y semejanza de Dios, vivir sin amor. Por amor fue creado y por esa misma razón está en la capacidad de amar.
En “El amor se aprende: Las etapas de la Familia”, el Santo Padre se dirige, con la profundidad que le caracteriza, a la amplia audiencia de católicos alrededor del mundo, así como a otros lectores interesados en la importancia de la familia como pilar de la sociedad. Originalmente esta obra, de 215 páginas en la edición que estamos reseñando, se publicó en colaboración con San Paolo Edizioni, bajo la tutela del teólogo y editor Elio Guerriero. (Carlos Cana)
jueves, 31 de mayo de 2012
Familias misioneras al impulso del Amor
Friday, 11 May 2012 17:19 Last Updated on Friday, 11 May 2012 20:40 Written by Ana M. Recci
Fue un día muy importante para más de 16 familias católicas comprometidas con Dios y con su comunidad parroquial.
Después de casi un año de preparación, el domingo, 29 de de abril se celebró la Misa de Clausura y Envío del Programa Familias Misioneras.
El grupo era dirigido por el matrimonio Carlos Torrado y Neida García junto a las hermanas religiosas de Teresa Toda.
La celebración se realizó en la Capilla Nuestra Señora del Carmen en Villas de Loíza y fue presidida por el Obispo, Eusebio Ramos Morales. Monseñor Eusebio ofreció un mensaje de aliento y felicitación a todos los que perseveraron, cumpliendo así con la misión del Buen Pastor.
“Adelante familias misioneras que hay que remar mar adentro. Caminemos con Santiago y con la Virgen del Carmen llenos de alegría, fe y esperanza. Este proyecto es de Dios y es el Señor pastoreando a su pueblo”, expresó Ramos Morales a todos los presentes.
Durante la Misa, se reconoció a cada uno de los matrimonios y feligreses que participaron del programa. Además, cuatro jóvenes que partirían en misión hacia Santo Domingo recibieron una bendición especial.
En la celebración, hubo representación de parroquias de las tres misiones de la Diócesis de Fajardo- Humacao.
En el caso de la Familia Llanos Pérez, de la Parroquia San Francisco de Asís de Río Grande, la experiencia fue unificadora. “Para nosotros esta vivencia fue muy motivadora porque se puede ayudar a otras familias a través de nuestro testimonio”, expresó la señora Jocelyn.
El matrimonio Cabrera Rivera de la Parroquia Nuestra Señora del Pilar en Canóvanas, es otro ejemplo vivo del sí a Jesucristo. Carlos Cabrera, junto a su guitarra, expresó que este programa fue uno de “crecimiento que nos lleva a conocernos como individuos y a reconocer el rol que cada uno tiene en el núcleo familiar”.
Cabe señalar que Carlos Cabrera y su hijo deleitaron al Obispo y a los presentes con una ofrenda musical al Señor con la melodía “Soñando con Puerto Rico” de Bobby Capó.
Por su parte, la familia Sarkis Calo, que pertenece a la comunidad de la Capilla La Providencia, en Villas de Loíza, aprendió mucho de esa experiencia misionera. “Ha sido gratificante y unificadora. Ha unido a nuestra familia. Nos preparamos bien para ahora llevar esta vivencia a otras familias”, dijo Rosa Calo.
Desde Naguabo, Miguel y Ramonita compartieron también ese día tan importante. Miguel Rivera, quien es ministro de la eucaristía por más de 30 años, expresó que “el Señor nos llama a pertenecer a su familia. Además, mi familia en el Señor se extiende más allá y se multiplica cada día cuando vivimos en comunidad”.
Para la Familia Martínez Ramos de la Catedral Santiago Apóstol de Fajardo, esta experiencia fue de “mucho aprendizaje para la convivencia matrimonial”. Luz Ramos reiteró que el matrimonio debe mantenerse unido y orando en todo tiempo.
Posteriormente, hubo un compartir en el cual se presentaron danzas, una obra de teatro y una confraternización entre todos los presentes. Por su parte, Dinora Álvarez y María Bello acompañaban al grupo al son de sus voces y guitarra. Mientras todos compartían recuerdos y anécdotas, el Obispo se regocijaba de ver en cada una de esas familias; sus hijos y nietos, el futuro de la iglesia puertorriqueña.
“Nuestra convocatoria ha dado fruto. Ver proyectos de distintos grupos conceptualizarse y hacerse realidad, cumple con la encomienda del proyecto de Remar Mar Adentro (…). ¡Que surjan estos grupos es señal de esperanza!”, concluyó Ramos Morales.
'El Señor ha estado grande con nosotros’
A unos dos mil años desde su institución apostólica; a los 519 años de la llegada del evangelio a nuestra tierra borincana; a los 500 años de la llegada del primer obispo a América, que llegó precisamente a nuestra Isla, para orgullo de todos; a los 52 años de la fundación de esta diócesis; a los 18 días del mes de mayo de 2012, tiene lugar, para alegría de todos nosotros, un acontecimiento histórico: la Primera Ordenación de Diáconos Permanentes de la Diócesis de Arecibo.
La concepción cristiana nos dice que la historia viene a ser el conjunto de las intervenciones divinas en el tiempo que encuentran por parte del hombre una respuesta. Esas intervenciones divinas de las que se hace luego memoria, y se celebran, sobre todo en la liturgia, son propiamente lo que llamamos ‘historia sagrada’ o “historia de salvación”.
Con esta ordenación de diáconos permanentes, celebramos un hecho histórico, una de esas intervenciones divinas, que ha encontrado respuesta en nuestra Diócesis de Arecibo, y que, quedando grabada en nuestra memoria y celebrada en esta liturgia, se convierte para nosotros en historia de salvación para nuestra diócesis.
Por eso, a Dios, que ha querido intervenir de este modo tan especial en la historia de esta Iglesia particular, le decimos: ¡Te damos gracias, Señor!
La función del diácono
Ahora que estos hijos nuestros, de los cuales muchos de ustedes son familiares y amigos, van a ser ordenados diáconos, conviene considerar con atención a qué ministerio acceden en la Iglesia.
Pasando a ser miembros de la jerarquía, a los diáconos se les imponen las manos para realizar un servicio y no para el sacerdocio. En la ordenación al diaconado, sólo
(Nota del Director: No se pierda en la próxima edición una crónica de la periodista Marielisa Ortiz Berríos sobre este evento eclesial.)
'El Señor ha estado grande con nosotros’el obispo impone las manos, significando así que el diácono está especialmente vinculado al obispo en las tareas de su diaconía”.
El sacramento del Orden los marca con un sello que nadie puede hacer desaparecer y que los configura con Cristo que se hizo “diácono”, es decir, “servidor” de todos.
Fortalecidos con el don del Espíritu Santo, ayudarán al Obispo, y a su presbiterio, en el anuncio de la palabra, en el servicio del altar y en el ministerio de la caridad, mostrándose servidores de todos. Como ministros del altar proclamarán el Evangelio, prepararán el sacrificio y repartirán a los fieles el Cuerpo y la Sangre del Señor.
Además, por encargo del obispo, exhortarán tanto a los fieles como a los infieles, enseñándoles la doctrina santa; presidirán las oraciones, administrarán el Bautismo, asistirán y bendecirán el Matrimonio, llevarán el viático a los moribundos y presidirán los ritos exequiales.
"El no vino a ser servido, sino a servir"
En cuanto a ustedes, queridos hijos que serán ordenados diáconos, el Señor les dio ejemplo para que lo que Él hizo, ustedes también lo hagan. Él no vino a ser servido sino a servir.
Hoy hemos escuchado en la primera lectura, del libro de los Hechos de los Apóstoles, lo que la tradición de la Iglesia ha visto como el inicio del diaconado: la institución de los siete. Los apóstoles no pareciéndole bien descuidar la palabra de Dios para ocuparse de la administración escogieron a siete hombre de buena fama, llenos de espíritu y de sabiduría, para encargarlos de esa tarea para así ellos poderse dedicar a la oración y al ministerio de la palabra. Eso mismo esperamos puedan hacer nuestros sacerdotes que contarán de hoy en adelante con su ayuda.
Para ejercer su ministerio ustedes tienen que ser, como dice San Pablo a Timoteo: responsables, hombres de palabra, no aficionados a beber mucho ni a sacar dinero. Además deberán ser fieles a sus esposas y gobernar bien sus casas y sus hijos.
De ahí, pues, que sea importante recordarles que en definitiva la realidad profunda del diaconado debe ser buscada no en el orden del hacer, de las funciones, sino en el orden del ser.
Puede ser que cualquier bautizado pueda ejercer la mayor parte de las funciones diaconales, pero al ser ordenados, la Iglesia quiere significar de modo mejor y más evidente que la caridad que vive la Iglesia es un don de Dios. Que ustedes desempeñan un papel jerárquico intermedio que hace del diácono el “servidor” por excelencia. servidor y vínculo concreto entre los otros miembros de la jerarquía (obispo y sacerdotes) y los demás miembros del pueblo de Dios.
El nombre mismo de diácono, en canto servidor, debe recordar, no sólo a la jerarquía, sino también a toda la Iglesia, que su misión es un servicio, una predicación de la Buena Nueva a los pobres.
El diácono es, y debe ser, ante todo, “sacramento de Cristo Servidor”. “El que quiera servirme, que me siga, y donde esté yo, allí también estará mi servidor”. Eso les dice Jesús en el Evangelio. Es a Él a quien hay que seguir, es a Él a quien hay que imitar.
Uno de ustedes me decía: “Pido al Padre eterno caminar este servicio de entrega lleno de piedad, oración y estudio; y junto a mi esposa e hijos lograr ser un verdadero discípulo del Señor”. De eso es de lo que se trata.
Ser discípulos del Señor: “Junto a sus esposas e hijos”. Esposas e hijos de estos hermanos que se ordenan, dejan de ser, en cierta manera, la “Fa. Rivera” o la “Fam. Pérez”, para convertirse en la “Fam. del diácono”. La esposa ya no será la “esposa de Juan, “sino la “esposa del diácono”. Y los hijos serán “los hijos del diácono”. Esa realidad pasa a ser desde hoy realidad permanente en ustedes, y esa realidad deberá servirles de estímulo para esforzarse en ser siempre una familia diaconal ejemplar.
La ordenación no es un homenaje a sus personas. Esta noche no se convierten ustedes en más importantes que los demás, sino que ustedes se convierten en servidores de este pueblo que hoy con alegría y santo orgullo les acompaña.
Sean sacramento de Cristo Servidor.
Testimonio de vida
Ante una sociedad que privilegia el tener al ser, demuéstrenle con su vida que saben dar a cadacosa su justo valor y que saben dejar los bienes de este mundo para correr tras los del cielo. (Estos hermanos son un ejemplo de generosidad porque ellos mismos han contribuido económicamente a su formación. Además el ministerio que ejercerán lo harán gratuitamente).
Ante una sociedad en la que parecería que para un hombre y una mujer (¡“hombre y mujer”, porque no importa lo que diga Obama, ningún presidente de ninguna nación ni ninguna legislatura de ningún país, pueden cambiar lo que Dios ha creado, y que la recta razón humana descubre como verdadero!) vivir un matrimonio sano, fiel, abierto a la vida, feliz, permanente, resulta muy difícil, demuestren con sus propias vidas matrimoniales que no es así.
Ante una sociedad donde la violencia llega a expresarse inclusive entre padres e hijos, entre hermanos; donde los niños son tantas veces maltratados, demuestren que es posible ser un buen padre, reflejo de la paternidad divina.
Ante una sociedad donde predomina tanta veces el egoísmo, sean ustedes signos de negación de sí mismos.
Por la ordenación ustedes también se convierten en signos de unidad.
Si el obispo, en cuanto pastor, es el signo de la unidad con la Iglesia universal, y el presbítero, como delegado del obispo, es el signo concreto de la unidad de la Iglesia local con el obispo, el diácono será el signo más concreto de la unidad de la comunidad parroquial con su sacerdote.
Para que sean verdaderamente signos de servicio y unidad pediremos esta noche la intercesión de los santos con el cántico de las letanías y en la oración consecratoria pediremos al Señor que envíe sobre ustedes el Espíritu Santo para que fortalecidos con la gracia de los siete dones desempeñen con fidelidad el ministerio que se les encomienda.
Oración y Eucaristía
Ustedes por su parte, deberán fomentar su espiritualidad diaconal a través de las mismas tareas que habrán de realizar, pero ante todo con la oración y la Eucaristía. ¡Oración y Eucaristía! No lo olviden. Que no los consuma el activismo; que no los distraiga el reconocimiento público; que no se cansen por la dura tarea, ni se desanimen por las incomprensiones. ¡Oración y Eucaristía!
Los necesitamos hábiles en su servicio al altar, sí; los necesitamos doctos para que enseñen bien la doctrina, sí; los necesitamos saludables para que puedan estar disponibles, sí; pero ante todo los necesitamos santos: ¡diáconos santos! Y para eso hacen falta: ¡Oración y Eucaristía!
Su ordenación, queridos hijos, llega en un momento en el que en la diócesis se está muy consciente de su importancia y conveniencia pastoral. Así lo han expresado ustedes mismos cuando en uno de nuestros encuentros de formación les pregunté qué añadía a su servicio actual a la Iglesia el que fueran ordenados diáconos.
Quisiera que por mi voz hoy los presentes escucharan algunas de sus respuestas.
“Entiendo que mi servicio sería de gran importancia ya que el sacerdote no siempre puede suplir en su totalidad el servicio que requiere la feligresía. El servicio cercano que proporciona ser miembro de la comunidad, conocerla porque se ha compartido con ella, sus afanes y luchas, sus necesidades y angustias. Entiendo que mi servicio sería la visita continua a aquellos que la necesitan. Ayudar a tiempo y destiempo al sacerdote en los servicios para los que como diáconos estamos autorizados, permitiéndole más tiempo a éste para su ministerio que en muchas ocasiones se diluye en la labor administrativa, evitando que pueda llegar más a la feligresía. Servir de eslabón entre el sacerdote y el pueblo”.
Otro expresaba: “La mies es mucha y los obreros pocos. La gente, el mundo entero está ansioso de conocer al Señor, de conocer su Evangelio. En el mundo existen millares de personas que no conocen, ni han oído hablar de Jesús. Y es nuestro deber, es nuestro anhelo, que la gente conozca la razón de nuestra felicidad. Yo tengo una alegría inmensa en mi corazón y deseo llevarla a los demás. El diácono es el servidor del Señor, de la Iglesia, y estoy disponible donde haya necesidad. Deseo darle a Dios todas mis capacidades, toda mi energía, toda mi juventud, quiero gastar mi vida por Él”.
¡Qué bien! ¡Qué bueno es constatar que ustedes tienen claro lo que es su ministerio!
Ustedes son una buena noticia para todos nosotros. Hoy aquí no hay prensa. Este acontecimiento con toda probabilidad no saldrá en los noticiarios esta noche, ni en los periódicos mañana, porque no son ustedes esposos que han matado a sus esposas, o padres que hayan abusado de sus hijos, o delincuentes que hayan asaltado a alguien, eso sí sería noticia. Pero sin periódicos, sin televisión y sin radio: ¡ustedes son una buena noticia! ¡Son esperanza y alegría! ¡Son un soplo de aire fresco para nuestra diócesis!
Por eso hoy todos decimos con fuerza: ¡Te damos gracias, Señor!
Cristo está vivo, Cristo ha resucitado. Y es Cristo quien nos convoca para celebrar esta Eucaristía que comenzamos.
Mons. Rubén González Medina, Obispo de Caguas y Presidente de la Conferencia Episcopal Puertorriqueña (CEP); Mons. Félix Lázaro, Obispo de Ponce y vicepresidente de la CEP; Mons. Eusebio Ramos Morales, Obispo de Fajardo-Humacao; Mons. Iñaki Mallona, Obispo Emérito de ésta su Diócesis de Arecibo, y quién diera inicio al programa de formación de este grupo de hermanos.
Queridos sacerdotes; diáconos; seminaristas; candidatos al diaconado permanente, sus señoras esposas e hijos; religiosos(as); hermanos todos, pueblo santo de Dios: ‘El Señor ha estado grande con nosotros’…”
Y además de alegres estamos agradecidos a Dios por el regalo que hace esta noche a nuestra Diócesis de Arecibo con esta Primera Ordenación de Diáconos Permanentes.
Le damos gracias a Dios porque los llamó a este servicio; le damos gracias a ustedes por decir que sí a esa llamada. Le damos gracias a sus esposas por también decir que sí y acompañarles en su proceso de formación. También a sus hijos.
En esta Eucaristía queremos además pedir por ustedes para que sean siempre fieles al ministerio que comienzan, y para que sean verdaderos ejemplos de servicio a Dios y a los hermanos.
Sabemos que el Señor escuchará nuestra plegaria.
(Homilía pronunciada por el Obispo de Arecibo durante la histórica Ordenación de Diáconos Permanentes, celebrada el viernes 18 de mayo de 2012 en el Coliseo Manuel "Petaca" Iguina de Arecibo.)
Cualidades del verdadero cristiano
Se es cristiano viviendo y actuando a la manera de Jesucristo. Y no hay otra forma de vivir y actuar a la manera de Jesús a menos que el Espíritu de Jesús sea el motor de nuestra existencia. No es posible ser cristiano, especialmente en un mundo lleno de injusticias, mentiras y divisiones, a menos que todo nuestro ser vibre con el Espíritu de Jesús.
Hoy mucha gente se llama cristiana porque está bautizada en la Iglesia, hace rezos y participa en ritos y rituales. Para la inmensa mayoría la fe cristiana es algo que ellos han heredado, y no una decisión que han hecho consciente y responsablemente. Siempre y cuando se reconozcan unos dogmas y se practiquen unas devociones, se dice que uno es cristiano. La fe, vivida de una manera mediocre, no tiene nada de novedoso, nada de arriesgado, nada de exigente; importa lo mismo serlo o no serlo.
El criterio por el cual uno es o no es cristiano NO puede ser meramente los rezos, los ritos, las devociones o los dogmas. Tampoco se es cristiano con sólo seguir ciegamente unos mandamientos o porque hacemos todo lo que nos pide el sacerdote sin ningún discernimiento. En nuestras comunidades hay muchísima gente buena, pero como cristianos son mediocres. Y mientras el mundo esté lleno de gente mediocre en su fe y en su vivencia cotidiana, el Reino de Dios no será una realidad entre nosotros. El reino de Obama o de Raúl o de Chávez serán realidades más palpables que el mismo Reino de Dios. La decisión está en nuestras manos; ¿queremos o no hacer la diferencia?
El criterio que determina si somos o no somos cristianos mediocres es la acción del Espíritu Santo en nuestras vidas. Sin el Espíritu Santo no hay vida cristiana. El cristianismo que vivimos muchos bautizados no suscita muchas pasiones, ni genera grandes ilusiones en nuestra sociedad actual. No podemos olvidar que el cristiano es una persona que está habitada por el mismo espíritu que habitó en Jesús. Si nos abrimos a ese Espíritu, éste nos lleva a tener una experiencia fuerte de Jesús y con Jesús. Se puede estar bautizado y hasta confirmado, pero si no se tiene esa experiencia la persona queda vacía y, aunque se autodefina como cristiano, no es cristiano en el sentido estricto de la palabra.
Cuando se tiene esa experiencia fuerte con Jesús, entonces abrimos nuestro corazón para que El sea dueño y SEÑOR de nuestra vida. Nuestros amores se convierten en los mismos amores de Jesús: la hermandad, el perdón, la justicia, la paz, la sencillez, la igualdad. . . Jesús amó apasionadamente a los pobres, a los enfermos, a los pecadores, a las mujeres, a los niños y a los despreciados de la sociedad. Todo auténtico cristiano, en vez de confiar en los ídolos –dinero, prestigio, poder, placer, sexo, juegos, etc.– pone su confianza en Jesús. Porque ha experimentado en la propia vida cuán misericordioso es el amor de Dios, también él siente necesidad de vivir esa misma misericordia en sus relaciones con los demás.
Celebrar Pentecostés es querer volver a esa experiencia original de los creyentes en las primeras comunidades cristianas. Es vivir en el mundo sin ser del mundo. Es vivir conscientes y comprometidos con la misión que nos dejó Jesús: “Así como el Padre me envío, así los envío yo... Reciban el Espíritu Santo” (Juan 21,21-22). “Van a recibir la fuerza del Espíritu Santo que vendrá sobre ustedes y serán mis testigos... en todos los rincones del mundo” (Hechos 1,8).
“Hombres y mujeres de Galilea, ¿qué hacen ahí mirando al cielo?” (Hechos 1,11). Vivir la experiencia de Pentecostés es reconocer que no podemos quedarnos “eslembao” mirando al cielo, soñando en el más allá. El verdadero cristiano es aquel que en nombre de Jesús vive comprometido con el terruño y la gente donde Dios lo ha colocado. Es vivir gastando la propia vida (tiempo, talentos, recursos, energías) para hacer posible “el cielo nuevo y la tierra nueva” que Dios Padre desea para todos nosotros. Es reconocernos co-creadores y protagonistas de esta historia que vivimos –y hacer de ella una historia de gracia y perdón, una historia de paz y fraternidad, una historia de salvación.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)






