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martes, 1 de mayo de 2018

María: Madre de Jesús, y Nuestra Madre.

Gracias a “la sangre preciosa de Cristo, el Cordero sin mancha ni defecto.” (1 Pedro 1,19)

   
   LAS DIOSAS PAGANAS
Pastores y teólogos de diferentes denominaciones cristianas acusan a la Iglesia Católica de “Mariolatría”, es decir, un culto idolátrico a la Madre de Jesús. Para justificar su tesis relacionan la veneración a María con la devoción que se daba en la antigüedad a las diversas divinidades politeístas. En las Sagradas Escrituras podemos destacar especialmente a la “diosa reina del cielo” (Regina deam coeli) en Egipto (Jeremías  44, 16-19), al lado de Asera, deidad cananea de la fertilidad. Los israelitas practicaban una mezcla de tributo en los llamados “lugares altos” (2 Reyes 23,5-8; Ezequiel 6,6), que consistían en santuarios con altares, estantes para incienso, columnas sagradas de piedra y postes simbólicos de madera o troncos de árbol esculpidos en forma femenina, conocidos como “el poste de Asera” (Deuteronomio 16,21). Igualmente, Los arqueólogos han encontrado cientos de estatuillas de terracota en Jerusalén y Judá, sobre todo en las ruinas de los hogares particulares. La mayoría son representaciones de una mujer desnuda con senos de un tamaño exagerado. Los expertos opinan que las figuras eran “talismanes para facilitar la concepción y el alumbramiento”.

En los textos Neo Testamentarios se menciona a Artemisa, para los griegos, o Diana, para los romanos, cuyo culto estaba muy arraigado en Éfeso (Turquía). Patrona de la ciudad, y diosa de la caza, el nacimiento y la fertilidad. En esta localidad se guardaba una estatua suya que supuestamente había caído “del cielo”. Se suponía que Júpiter había arrojado a la tierra una imagen de madera de esta diosa (Hechos 19,35). Con motivo de las fiestas en su honor, la metrópoli se llenaba de visitantes todos los años entre marzo y abril. Los peregrinos adquirían gran cantidad de artículos religiosos: recuerdos, amuletos, imágenes para el culto familiar. Varias inscripciones antiguas de Éfeso hablan de la fabricación de esfinges de Artemisa en oro y plata, y otras mencionan al gremio de los plateros (Hechos 19, 24-25). Su templo estaba considerado una de las siete maravillas del mundo antiguo. Era idolatrada en este lugar y en toda Asia (Hechos 19,27).


LA MATERNIDAD DIVINA
La mitología pagana para los egipcios, babilónicos, griegos, romanos, zoroastrianos o hindúes; está repletas de relatos sobre el advenimiento a la tierra de sus “dioses” o de los “hijos de sus dioses”. A diferencia de estas fábulas fantasiosas, la revelación divina nos explica que María fue la Madre del Mesías prometido desde la antigüedad a los patriarcas y profetas de la nación de Israel (Hechos 3,22-25). El término “encarnación” viene del latín incarnare, y hace énfasis al hecho de que el Hijo de Dios sólo podía ser verdaderamente el Salvador del género humano, si adoptaba enteramente un cuerpo y un alma, con todo lo que implicaba haber tenido nuestra propia naturaleza (Hebreos 2,14). La palabra “encarnación” no aparece en la Biblia, pero el equivalente griego es sarki (en carne), lo que da a entender que Cristo Jesús asumió la jomoíoma, que significa: “forma”, “semejanza”, “apariencia” o “parecido” a cada uno de nosotros; en cuanto al haber nacido de una mujer (Gálatas 4,4; Romanos 8,3; Filipenses 2,7). Sin embargo, por el mismo hecho de ser Dios, no tuvo en su vida terrenal imperfección alguna: “Porque él también estuvo sometido a las mismas pruebas que nosotros; sólo que él jamás pecó”  (Hebreos 4,15), “nunca cometió ningún crimen, ni hubo engaño en su boca” (Isaías 53,9; 1 Pedro 2,22), “Él es santo, sin mancha, apartado de los pecadores” (Hebreos 7,26).
Es un dogma de fe en el catolicismo creer que María Santísima en el momento mismo de su concepción fue preservada del pecado original, tal cual como se encontraban nuestros primeros padres, antes del pecado original. El apóstol Pablo en sus cartas menciona a Jesús como el “nuevo Adán” (Romanos 5, 14; 1 Corintios 15, 45). Es por ello, que se relacionan a María como la “nueva Eva”, según la descripción que encontramos en Génesis 3,15: “Haré que haya enemistad entre ti y la mujer, entre tu descendencia y la suya. Ella te pisará la cabeza mientras tú herirás su talón” (Biblia Latinoamericana).
Por otra parte, aunque el salmista proclama: “En pecado me concibió mi madre” (51,5). No obstante, el ángel Gabriel alude a María como la siempre “llena de gracia” (Lucas 1, 28), por un privilegio único y especial otorgado por el Padre Eterno desde el cielo, en atención a los méritos de su Unigénito. La carne y la sangre de Cristo, son carne y sangre que le vienen de Ella. Sobre este punto podemos analizar cuatro factores:
El Espíritu de Dios confiesa que Jesucristo ha venido en carne (1 Juan 4,2). Y todo aquel que lo niegue es el anticristo  (2 Juan 1,7).
Durante el embarazo la madre alimenta a su hijo por nacer de su sangre a través de la placenta que se encuentra unida a la pared del útero, y se conecta con el feto por el cordón umbilical.
Gracias a “la sangre preciosa de Cristo, el Cordero sin mancha ni defecto.” (1 Pedro 1,19), se realiza un nuevo pacto (Mateo 26,26-28; 1 Corintios 11,23-26), para la redención y el perdón de los pecados (Efesios 1,7; 1 Juan 1,7).
Análisis de laboratorio han comprobado que la sangre detectada tanto en la sábana que se cree cubrió el cuerpo de Cristo después de haber sido bajado de la cruz y que se conserva en Turín (Italia), es la misma del sudario de Oviedo (España), que es un pequeño paño que se presume envolvió el rostro del Señor. Ambos corresponden al tipo AB. Un 16 % de la población semítica o hebrea posee este tipo de sangre.
Si decimos que María no tuvo pecado alguno, esto no la exime de las consecuencias que trae la misma falta en los seres humanos, como son los padecimientos y la propia muerte. Su Hijo Jesucristo se describe como “un hombre lleno de dolor, acostumbrado al sufrimiento” (Isaías 53,3; 1 Pedro 2, 21). “El mismo tomó nuestras enfermedades, y llevó nuestras dolencias’” (Isaías 53,4; Mateo 8, 16-17). En la cruz del Calvario grita y muere con dolor (Mateo 27,50).
Siguiendo esta línea, el evangelista y médico Lucas anota que cuando se encontraba en Belén “llegó para María el momento del parto y dio a luz a su hijo primogénito” (Lucas 2,6-7). Esto es una referencia a los síntomas que siente toda mujer en este estado. En la etapa de la gestación, algunas madres experimentan cólicos similares a los dolores del ciclo menstrual. En el parto las contracciones son prolongadas, intensas y frecuentes. El apóstol Juan en una visión en el libro del Apocalipsis agrega: “Apareció en el cielo una señal grandiosa: una mujer vestida del sol, con la luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas sobre su cabeza. Está embarazada y grita de dolor, porque le ha llegado la hora de dar a luz” (12,1-2).
Algunos místicos y revelaciones particulares, afirman que el alumbramiento de María fue algo especial como un rayo atravesando un cristal. Pero más bien, podemos estar inclinados a creer que fue un procedimiento normal, con rompimiento de fuente y expulsión de la criatura a través de la vagina. En este proceso bien pudo haber intervenido su esposo José, porque la palabra de Dios no especifica que haya habido ninguna otra persona en este momento crucial en la historia de la salvación.
Después del desembarazo, ella siguió siendo la “siempre y bienaventurada Virgen María”, ya que la Maternidad Divina no puede explicarse desde un plano solamente fisiológico, sino que está enmarcado en lo sobrenatural, “porque ninguna cosa es imposible para Dios” (Lucas 1, 37).
Como toda Madre, María nutrió al Emmanuel con su leche materna. San Agustín, afirma que “María fue la Mujer que dio leche a aquel que nos dio el pan de vida eterna”. En la misma localidad de Belén se puede visitar la llamada “Gruta de la Leche”, donde según una piadosa leyenda la Virgen Santísima mientras amamantaba al Niño Dios dejó caer una gotas de su calostro, al instante las rocas se tornaron blancas y blandas. Desde entonces este lugar es objeto de veneración por los cristianos y musulmanes, sobre todo por las mujeres estériles o lactantes que le piden por estos dos favores a la progenitora del Mesías.

lunes, 1 de abril de 2013

Últimos años de la Vida de María

SU VIDA EN ÉFESO. -SU REGRESO A JERUSALEM. -OPINIONES Y RELATOS DE SU VIAJE A ÉFESO SEGÚN LOS HISTORIADORES. -SU MUERTE RELATADA POR LOS VARONES APOSTÓLICOS Y ESCRITORES DE NUESTROS TIEMPOS. No resulta de una manera evidente y clara la residencia de la Virgen Santísima durante los veintitrés años que sobrevivió a la Ascensión gloriosa de su amantísimo Hijo, nuestro muy amado Señor Jesucristo. La tradición es la que nos señala esta residencia de María en Éfeso, y a ello nada hay que objetar que pueda contradecir esta opinión histórico-tradicional. Que regresó a Jerusalem, en donde murió, es un hecho comprobado, claro y evidente, reconocido, acatado y venerado, testimoniado además de los relatos sagrados por los hechos materiales del sepulcro de la Virgen, la casa en que habitó y demás accidentales que determinan el hecho en su concepto histórico y en el de la creencia religiosa fundada en las virtudes y excelencias de la Purísima Señora. Por tanto, aceptamos la traslación de María Santísima con San Juan a Éfeso, su estancia en aquella ciudad y su vida tranquila y retirada, sin que acontecimiento alguno de aquélla trascendiera al mundo de la historia o de la tradición, y su regreso a Jerusalem cuando la edad ya avanzada de María la aproximaba, humanamente hablando, al sepulcro, avecinándose con la muerte. Como ni el Evangelio nos habla ya de María, y sólo por relación de eminentes Padres de la Iglesia y escritores católicos se relacionan los hechos y la muerte de la Pura Virgen María, a ellos, como égida segura, como faro de sagrada y mística luz, nos acogemos y a sus opiniones nos inclinamos como hijas de una fe acendrada y de un conocimiento e interpretación de los hechos superior a nuestras fuerzas y muy en armonía en nuestro sentir con aquéllos, por su fundamento y su piedad. El P. Rivadeneyra se expresa en este punto de una manera clara, como convincente lo es su sabio razonamiento: «También estuvo un poco de tiempo la Santísima Virgen en la ciudad de Éfeso, en la provincia de Asia, juntamente con San Juan Evangelista, como se saca del Concilio Efesino en una epístola escrita al clero de Constantinopla, derramando en todas partes su resplandores, y dando salud espiritual y vida a todos aquellos con quienes trataba. »Habiendo pues pasado con este temor de vida muchos años, y guardándola Dios para consuelo y bien de toda la Iglesia; siendo ya de anciana edad, viendo extendida por el mundo la fe y el nombre de su Hijo, encendida de amor y derretida de deseos de verle, le suplicó afectuosamente que la librase de las miserias de esta vida y la llevase a gozar de su bienaventurada presencia. Oyó los piadosos ruegos el Hijo de la Madre, a quien siempre oye, y envióle un ángel con la alegre nueva de su muerte, la cual Ella recibió con gran júbilo de su espíritu y descubrió a su querido hijo Juan Evangelista». Tal es la manera como el docto Padre Rivadeneyra expresa y señala su parecer respecto de los últimos años de la existencia terrenal de nuestra Santa Madre la Virgen María. Como de paso, cual hemos visto, había de el poco de tiempo que María vivió en Éfeso con San Juan Evangelista. Sor María de Ágreda se expresa acerca de este punto con la elocuencia y hermoso estilo que le son propios, y con la claridad de inteligencia y alto sentido filosófico que se manifiesta en su hermosa obra acerca de María Santísima: «Llegó María a la edad de sesenta y siete años sin haber interrumpido la carrera ni detenido el vuelo, ni mitigado el incendio de su amor y merecimientos, desde el primer instante de su Inmaculada Concepción; pero habiendo crecido todo esto en todos los momentos de su vida, los inefables dones, beneficios y favores del Señor, la tenían toda deificada y espiritualizada; los afectos, los ardores y deseos de su corazón no la dejaban descansar fuera del centro de su amor; las prisiones de la carne le eran violentas, y la misma tierra, indignada por los pecados de los mortales de tener en sí al tesoro de los cielos, no podía ya conservarle más sin restituirle a su verdadero dueño». Como se ve, la virtuosa escritora nada nos dice ni apunta acerca del traslado de María desde Jerusalem a Éfeso, y ni aun nos dice que por ningún motivo saliera de la ciudad deicida, y sí que en ella residía y en ella murió como más adelante lo expresa y narra con un colorido y encanto del glorioso tránsito de María, que resulta un tan hermoso como sentido idilio en vez de una elegía. En cambio, Casabó, admite el viaje a Éfeso, que relata con riqueza de detalles, y aun algún tanto de carácter dramático. «Interin San Juan prevenía la jornada y la embarcación para Éfeso, continuaba la Virgen como siempre en pedir con gran fervor por la defensa y aumento de la Santa Iglesia. Pasados cuatro días, que era el quinto de enero del año cuarenta, avisóla San Juan que era hora de partir, porque había embarcación y estaba dispuesto todo para el viaje. Sin réplica ni dilación se puso de rodillas la gran Maestra de la obediencia, y pidió licencia al Señor para salir del Cenáculo y de Jerusalem. En seguida se fue a despedir del dueño de la casa y de sus moradores, que estaban inconsolables por la pérdida que iban a experimentar, y así, todos querían seguirla y acompañarla. Agradecida la gran Señora, templó su dolor con la promesa de su vuelta. Previa licencia que pidió a San Juan, visitó los Lugares Santos, y en compañía del Apóstol hizo aquellas sagradas estaciones con mucha devoción, lágrimas y reverencia. Pidió después la bendición a San Juan, puesta de rodillas, para caminar como lo hacía antes con su Hijo. Muchos de los fieles de Jerusalem le ofrecieron dinero, joyas y carruajes hasta el mar y lo necesario para el viaje, pero con su prudencia, satisfizo a todos sin admitir cosa alguna. Para las jornadas hasta el mar sirvióla un jumentillo en que hizo el camino como reina de los pobres. »Llegados al puerto, embarcáronse en un buque con otros pasajeros. Vivían en Éfeso algunos fieles, aunque pocos, procedentes de Jerusalem y Palestina, y al saber la llegada de la Virgen, acudieron a visitarla y a ofrecerla sus posadas y haciendas; pero Ella eligió para su morada la casa de unas mujeres recogidas, retiradas y no ricas, que vivían solas sin compañía de varones. En esta posada vivió mientras estuvo en Éfeso. »En Éfeso recibió la Virgen la visita de Santiago, quien embarcado en las costas de Cataluña se dirigió a Italia, y de allí pasa cuenta a María de su predicación en España, y postrado en tierra demostróle su agradecimiento por haberle visitado personalmente en Zaragoza. »Quedó en Éfeso la Virgen, después de despedido Santiago, atenta a todo lo que sucedía a éste y a los demás Apóstoles, sin perderlos de su vista interior, y sin cesar en las peticiones y oraciones por ellos y por todos los fieles de la Iglesia. »Así que San Juan estuvo en Éfeso con la Virgen Santísima, comenzó a predicar en la ciudad, bautizando a los que convertía…» Relata después, que en virtud de una carta de San Pedro pidiendo su vuelta a Jerusalem, determinó a María Santísima a tornar a la ciudad natal, y añade: «Salió San Juan a buscar embarcación para Palestina y prevenir lo necesario para disponer con brevedad la partida. Ínterin llamó la Virgen a las mujeres que tenía en Éfeso por conocidas discípulas, para despedirse de ellas y dejarlas informadas de lo que debían hacer para conservar la fe. Eran éstas en número de setenta y tres, vírgenes muchas de ellas, especialmente nueve, que por disposición divina se libraron de la muerte cuando la ruina del templo de Diana… »Dos años y medio permaneció la Virgen en Éfeso. Llegado el día de partir, pidió la bendición a San Juan antes de embarcarse. El viaje fue muy tempestuoso, pero la que es Estrella del Mar cuidó de llevar la nave a puerto, desembarcando a los quince días de navegación…» Tal es la manera, como hemos dicho, sumamente poética y llena de detalles minuciosos, nos cuenta el citado historiador de Vida de María, este episodio de la vida de la Señora en su viaje y estancia en Éfeso. Narración hermosa, llena de encantos y poesía, pero que no vemos relatada con tal riqueza de color y accidentes como la cuenta y reseña el ilustre y notable historiador Sr. Casabó. Con poético estilo que le es propio, con frase verdaderamente meridional, llena de fuego y encanto, dominando el estro artístico en toda su obra, muchas veces no del todo ajustado a la índole de tan serio asunto y siguiendo más en algunos puntos el tono de poeta que de historiador, el tantas veces citado Orsini en su conocida obra de la Vida de María, dice: «La Santa Virgen permaneció en Jerusalem hasta tanto que la terrible persecución que estalló contra los cristianos en el año cuarenta y cuatro de Jesucristo, la obligó a salir de allí con los Apóstoles. Su hijo adoptivo la condujo entonces a Éfeso, a donde Magdalena quiso seguirla. Esos nobles corazones se habían enlazado al pie de la Cruz con cadenas de diamante que sólo la muerte pudo romper y que se han vuelto a anudar en el cielo». Ninguna noticia nos ha quedado de la permanencia de María en Éfeso, y esta falta se explica fácilmente por las circunstancias de aquella época. Después de la resurrección del Salvador, los Apóstoles, únicamente ocupados en la propagación de la fe, pusieron en la clase de cosas secundarias todo lo que no entraba de un modo directo y notorio en un interés que absorbía lo demás… «Que la Madre de Jesús haya seguido la suerte de los Apóstoles, es fácil concebirlo. Habiendo pasado los últimos años de su vida lejos de Jerusalem en un país extranjero, en que su permanencia no se señaló con ningún hecho notable, no ofrece otra cosa que una superficie plana que no ha dejado vestigio durable en la memoria fugitiva de los hombres; sin embargo, el estado floreciente de la Iglesia en Éfeso, y los elogios que San Pablo tributa a su piedad, indican bastantemente los cuidados saludables de la Virgen… »Durante su permanencia en Éfeso fue cuando María perdió la fiel compañera, que a imitación de Ruth había abandonado su país y su pueblo para seguirla más allá de los mares; Magdalena murió, y María la lloró como Jesús había llorado a Lázaro. »Llegando a Jerusalem, retiróse la Virgen a la montaña de Sión, a una corta distancia del palacio arruinado de los príncipes de su linaje, y en la casa que había sido santificada por el descenso del Espíritu Santo. San Juan la dejó para ir a participar a Santiago, primer obispo de Jerusalem, y a los fieles que componían su iglesia, ya numerosa, que la Madre de Jesús volvía entre ellos para morir». Como se ve y vamos relacionando estos autores entre sí, Orsini es más parco en detalles que Casabó, aun cuando ambos se dejan dominar demasiado, en nuestra opinión, por elemento poético; pero éstos, con María de Ágreda, aceptan y relatan el viaje y estancia de María en Éfeso. No obstante lo antes escrito, repetimos que la opinión en este punto de otros no menos respetables y críticos historiadores, es la de no aceptar tan sólo como tradición la estancia de la Virgen María en Éfeso, y nosotros, sin negar la autenticidad de la tradición, ni afirmarla, pues que sólo en la fe, en la creencia se funda y en nada, empero, contradice ni dificulta el concepto general evangélico acerca de María, las hemos consignado para conocimiento y para ilustración de los últimos años de la vida de la Señora, transcurridos en medio de una tan hermosa como plácida obscuridad, hija de su modestia y del modelo de virtudes, como lo era la pura Madre de Dios. Réstanos ahora ocuparnos llenos de fe y amor en Nuestra Santa Madre, de su muerte, de su glorioso tránsito de este mundo, del que tanto deseaba salir María para gozar de la presencia de su muy amado Hijo, y relatar este último y grandioso hecho de la vida terrenal del Espejo de las Virtudes, de la Reina de los cielos, nuestra amante abogada, como Consuelo de los Afligidos y Madre de los Desamparados. Para ello consignaremos de la misma manera el relato que de su gloriosa muerte hacen los citados historiadores, para referirla luego con nuestra pobre pluma este relato, esta narración, que en el fuego del amor a su santo Nombre, pretendemos hacer, como oración entusiasta y llena de esperanza en sus misericordias, y que elevamos a su trono para que sea acepta como acto de amor y veneración a nuestra Madre amparadora en las desgracias, y Consuelo inmenso en nuestras desgracias. El acto grandioso del tránsito de María, es un hecho en el que la pluma, impulsada por el amor y la veneración de los que lo han descrito, ha hecho por la misma grandiosidad, tierna y amorosa del acto, que sea pintada, narrada, con un colorido de luz, un ambiente de plácida coloración que suena con la misma dulzura que la música de un arpa, como el canto de los Ángeles bendiciendo a su Reina y Señora: hecho es que no hay escritor, que al relatarlo, no se vea en su descripción movido su pecho, elevado su espíritu por ese lazo de amor y de cariño que nos une con María, la santa Madre del Cordero, la protectora y amparadora de los desterrados hijos del pecado en este mundo, que Ella llena con su mirada y su amor. La noticia de su muerte comunicada a San Juan, dice el P. Rivadeneyra relatándola: «Él lo dijo a los fieles que estaban en Jerusalem, y luego se derramó por los otros cristianos que estaban en toda aquella comarca, y vinieron muchos a Jerusalem y se juntaron en el monte de Sión, en la casa donde Cristo cenó con sus discípulos e instituyó aquella mesa real de su Sagrado Cuerpo para sustento de toda su Iglesia, y el Espíritu Santo había venido en lenguas de fuego. Trajeron los fieles muchas velas, ungüentos y especies aromáticas, como tenían de costumbre, y muchos himnos compuestos para cantar en su glorioso tránsito; y para mayor gozo de la Virgen y consuelo de los Apóstoles, de varias partes y provincias del mundo, en que andaban predicando, todos los que vivían entonces fueron traídos milagrosamente a su presencia; halláronse también otros varones apostólicos, Hieroteo, Timoteo y Dionisio Areopagita y otros muchos, que con grande instancia habían pedido al Señor que les hiciese dignos de ver aquel dichoso espectáculo. Cuando la Virgen purísima vio aquella santa y bienaventurada compañía, se gozó con un gozo inefable e hizo gracia a su bendito Hijo por aquel incomparable beneficio que le había hecho, y con rostro grave y sereno les dijo: que los espíritus celestiales habían mucho deseado su partida de esta tierra y que Ella también lo había suplicado a Dios, y Él se lo había otorgado, y que así presto se cumpliría. Recostóse en una humilde cama, y mirando a todos, que ya tenían candelas encendidas en las manos, con un aspecto más divino que humano, les mandó que se acercasen para darles su bendición… »En diciendo esto se reclinó en la cama y se compuso decentemente y levantando las manos en alto, llena de increíble gozo por ver a su Hijo que la llamaba y convidaba a la eterna felicidad, le dijo: ‘Cúmplase en Mí tu palabra’, y con esto y como quien se echa a dormir, sin dolor alguno ni pesadumbre, dio su alma a aquel Señor, a quien Ella había dado su carne, la noche del día antes del quince de agosto, cincuenta y siete años después que parió a Cristo y a los veintitrés de su pasión, siendo de edad de setenta y dos años menos veinticuatro días, según la más probable y verdadera opinión, porque algunos no le dan sino cincuenta y nueve, otros sesenta y dos a sesenta y tres y otros menos. Pero supuesta la verdad tan testificada de tantos y tan graves autores, que los sagrados Apóstoles se hallaron a la muerte de la Virgen Santísima, y que San Dionisio Areopagita, como él dice, estuvo presente a ella, necesariamente habemos de dar más larga edad; pues él no se convirtió a Cristo hasta que San Pablo vino a Atenas, que fue el año del Señor de cincuenta y dos, y a los sesenta y siete de la Virgen». De esta manera tan reverente, solemne y tierna al mismo tiempo nos relata el sabio padre Rivadeneyra el glorioso tránsito de la santa y purísima Señora. La venerable Sor María de Ágreda, puede decirse que concuerda con la relación del sabio jesuita. «Acercábase ya el día determinado por la Divina Voluntad en que la verdadera y viva Arca del Testamento, había de ser colocada en el Templo de la celestial Jerusalem con mayor gloria y júbilo que su figura fue colocada por Salomón en el santuario debajo de las alas de los querubines. Y tres días antes del tránsito felicísimo de la Gran Señora se hallaron congregados los Apóstoles y discípulos en Jerusalem y casa del Cenáculo. »Fueron todos con San Pedro al oratorio de la Reina y halláronla de rodillas sobre una tarimilla que tenía para reclinarse cuando descansaba un poco. »Al entonar los Ángeles música, se reclinó María en su tarima o lecho, quedándole la túnica como unida al sagrado Cuerpo, puestas las manos juntas y toda enardecida en la llama de su divino amor. Y cuando los Ángeles llegaron a cantar aquellos versos del capítulo segundo de los Cantares: Surge, propera, amica mea, etc., que quiere decir: Levántate y date prisa, amiga mía, paloma mía, hermosa mía, y ven, que ya pasó el invierno, etc.; en estas palabras pronunció Ella las que su Hijo en la Cruz: En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu. Cerró los virginales ojos y espiró. »Sucedió este glorioso tránsito el viernes a las tres de la tarde, a la misma hora que el de su Hijo, el día 13 de agosto, en que murió, hasta el 8 de septiembre, que nació y cumpliera los setenta años. Después de la muerte de Cristo, sobrevivió la Madre en el mundo veintiún años, cuatro meses y diez y nueve días y de su virgíneo parto era el año cincuenta y cinco». Casabó sigue literalmente a Sor Ágreda, no añadiendo a nuevo y copiando lo que acerca del glorioso tránsito de María dice aquella sagrada escritora y Orsini, nos relata esta conmovedora escena con la viveza de la descripción y la mágica de su estilo en los siguientes párrafos: «Era el día y había llegado la hora. Los santos de Jerusalem vieron otra vez a la hija de David siempre pobre, siempre humilde, siempre hermosa, porque se hubiera dicho que esta santa y admirable criatura se libraba de la acción destructora del tiempo, y que predestinada desde su nacimiento a una completa y gloriosa inmortalidad, nada en Ella debía perecer. Grave, pues, pero no enferma, María recibió a los Apóstoles y discípulos recostada en un pequeño lecho de pobre apariencia, acomodado a su traje de mujer de pueblo que nunca había dejado. Brillaba en su aspecto, lleno de nobleza y de modestia, alguna cosa tan majestuosa y patética, que toda la asamblea se deshizo en lágrimas. Sólo María permaneció en calma en este vasto y elevado salón, en que se habían agolpado una multitud de antiguos discípulos y de nuevos cristianos igualmente deseosos de contemplarla. »Era ya de noche y unas lámparas con varios mecheros suspendidas del techo con cadenillas de bronce arrojaban aquí y allí manojos de rayos de color rojizo sobre la reunión silenciosa, que parecía recibir con ellos un nuevo grado de solemnidad. Los Apóstoles, vivamente conmovidos, estaban de pie en torno del lecho fúnebre. San Pedro, que tanto había amado al Hijo de Dios durante su vida, contemplaba a la Virgen con un sentimiento de dolor, y su mirada eficaz parecía decir al obispo de Jerusalem: ¡Cuánto se asemeja a Jesucristo! En efecto, la semejanza era admirable; y la actitud inclinada de María, que recordaba la del Salvador durante la cena, acababa de completarla. Santiago, que había recibido de los mismos judíos el renombre de justo, y que sabía dominar sus emociones, devoraba las lágrimas que se amasaban lentamente al borde de sus párpados. El Príncipe de los Apóstoles, hombre de franqueza y de primer movimiento, hallábase profundamente conmovido y no lo cubría: San Juan tenía envuelto el rostro con un lienzo de su manto griego, pero sus sollozos lo descubrían. No había en toda la asamblea un corazón que no estuviese partido de dolor, ni ojo del que no manasen lágrimas. Después de haberse recogido un momento, María fijó sus miradas sobre esos fieles servidores que estaban todos unidos en el amor de Jesucristo, y que debían probarlo de allí a algún tiempo en medio de los tormentos; empezó a hablarles, y su voz llena de melodía, tomó una expresión tan tierna, tan hondamente afectuosa, y a la vez tan consoladora, que todos los dolores se calmaron por algún tiempo. Ella les dijo que la afección filial que le demostraban le hacía solamente echar de menos la vida, que había deseado con ardor ese día, que iba a reunirse a su Hijo por toda la eternidad, y que bendecía a Dios de haber abreviado el tiempo de su triste peregrinación. Después de haberles prometido que les sería siempre favorable, que no olvidaría jamás en medio de los goces celestiales, que Ella había sido Hija de los hombres, les mostró la tierra vista desde las alturas del cielo; y se elevó gradualmente a consideraciones tan elevadas y a reflexiones tan sublimes, que cada uno olvidaba en medio de su asombro que el cisne cantaba para morir. Pero aproximábase la hora fatal: María extendió sus manos protectoras sobre los hijos que iban a quedar huérfanos, y alzando sus bellos ojos hacia los astros que brillaban en el firmamento, con una majestad serena, vio el cielo abierto y al Hijo del Hombre que bajaba sobre una nube luminosa para recibirla en los confines de la eternidad. A esa vista un color sonrosado se apareció por su semblante, sus ojos pintaron todo lo que el amor maternal, el júbilo, llevado hasta el arrobamiento y la adoración infinita pueden exprimir, y su alma, dejando sin esfuerzo su cubierta mortal, cayó dulcemente en el seno de Dios». Tal es la manera dulce, poética y sentida con que pintan y narran la muerte de María los ya citados escritores, y a estos relatos hemos de consignar, como fuente de sagrada tradición que admite la Iglesia en sus rezos, la narración que del glorioso tránsito de María Santísima nos ha hecho San Juan Damasceno en su sermón de Dormitione Deiparae: «Por una antigua tradición, dice, ha llegado hasta nosotros la noticia de que al tiempo de su glorioso tránsito todos los santos Apóstoles que andaban por el mundo trabajando para la salvación de las almas, se reunieron al punto, llevados milagrosamente a Jerusalem. Estando pues, allí, gozaron de una visión angélica, oyeron un celestial concierto, y de este modo entregada en manos de Dios su ánima santa, henchida de soberana gloria. Su cuerpo, que había recibido a Dios de una manera inefable, fue enterrado en un nicho allí en Gethsemaní, mezclándose en el entierro los himnos de los Apóstoles con las armonías de celestes coros. Durante tres días se oyeron allí cantos angélicos que cesaron al cabo del tercero día. Llegando entonces el Apóstol Santo Tomás, único que faltaba, y deseando adorar aquel Cuerpo que había tenido a Dios encarnado, abrieron el túmulo, mas ya no encontraron allí el sagrado Cuerpo, sino solamente aquellos objetos con que había sido sepultada, los cuales despedían suavísima, fragancia: en vista de esto volvieron a cerrar el modesto túmulo. Asombrados en presencia de este misterioso milagro, no pudieron menos de pensar en Aquel a quien plugo encarnarse en las entrañas de la Virgen María para hacerse hombre y nacer como tal, siendo Dios, el Verbo y Señor de la gloria, y que preservó incólume su virginidad a pesar del parto: quiso también honrar su Cuerpo inmaculado en seguida de su muerte, conservándolo sin corrupción alguna y concediéndole el que fuese trasladado al cielo antes de la general resurrección del género humano. »Cuando esto aconteció estaban con los Apóstoles el muy santo varón Timoteo, primer obispo de Éfeso y San Dionisio Areopagita, según atestigua él mismo, en lo que escribió acerca del bienaventurado Hierateo, que también se hallaba allí, diciendo: -Entre los mismos santos prelados, inspirados por Dios, se convino en celebrar con himnos como cada cual pudiese, la infinita bondad del poder divino, acerca del sagrado Cuerpo de la Virgen, cuando nos reunimos con muchos de nuestros santos hermanos, como ya te acordarás, para ver aquel Cuerpo de donde la vida tuvo principio, y que engendró al mismo Dios; estando también allí Santiago, pariente del Señor, y Pedro, autoridad suprema y la más antigua entre los teólogos». Esta es la tradición de la Iglesia sobre el tránsito y Asunción de la Virgen Santísima a los cielos desde los primeros tiempos del Cristianismo, según refiere un padre tan discreto y tan eminente como el Damasceno, y la ha aceptado la Iglesia consignándola en su rezo, diga lo que quiera la crítica contra ello. San Juan Damasceno vivía en el siglo VIII, y aun cuando hay mucha distancia desde este siglo al primero en que murió la Santísima Virgen, y de aquí al 754 o 757 en que murió aquel santo padre, su autoridad es muy grande para afianzar una tradición que duraba y sosteníase en su tiempo; no obstante es un poco débil: para afianzar la exactitud histórica, dice Lafuente. No faltan críticos que apoyándose, no sabemos en qué fundamentos, no se avienen a que la Santísima Virgen muriese en Jerusalem sino en Éfeso, y el hecho o razón en que se apoyan es de que habiendo de ser aquélla arrasada y abrasada por los romanos, diez años después, no quería María morir en la ciudad en que fue muerto su Hijo. Y como en estos asuntos de crítica y de crítica histórico-religiosa lo mejor es no negar ni aceptar de ligero juicios y opiniones, copiaremos lo que acerca de este punto dice un piadoso y eruditísimo Padre de la Compañía de Jesús, el P. Centucci en la «Vida de Santa Pulquería». «Para mejor inteligencia de este punto, dice, conviene aquí lo que Nicéforo refiere en otro lugar, y es, que deseando la Santa (Pulquería), obtener el cuerpo de la Madre de Dios(2) para enriquecer con él su iglesia, y pidiendo con instancia esta gracia a Juvenal, Patriarca de Jerusalem, el cual después del Concilio se había quedado en la corte, con motivo de una sedición, le respondió el patriarca que el sepulcro de la Virgen estaba efectivamente en Jerusalem, pero que según una tradición, no menos antigua que verdadera, habiendo abierto los Apóstoles el sepulcro de la Virgen, tres días después de su muerte, para mostrar el Cuerpo a Santo Tomás que no había asistido como ellos a la muerte y sepultura de la misma, no hallaron en él otra cosa más que las fajas y los lienzos sepulcrales, quedando todos persuadidos de que el sagrado Cuerpo de la Virgen había sido llevado al cielo juntamente con el ánima por el especial favor de su divino Hijo. Oyendo esto, añade Nicéforo, ya que no podía obtener otra cosa, pidió que le diesen a lo menos el sepulcro con los lienzos que en él habían quedado, en lo cual le complació Juvenal, enviándole después de su regreso a Jerusalem todo cuanto deseaba, »Esta relación (dice el sabio padre jesuita Centucci), tiene tantas dificultades en todos sus pormenores que, exceptuando la Asunción de la Santísima Virgen, muchos escritores modernos no ven en ella más que una voz popular, transformada en punto histórico sin pruebas suficientes, o una invención, sea de Juvenal, sea de cualquier otro de devoción poco discreta e infundada. No es este lugar de examinarla críticamente; pero limitándonos únicamente a lo que pertenece a nuestra Santa, si la Asunción de la Santísima Virgen era, según dice Juvenal, una tradición antiquísima y por consiguiente notoria, ¿cómo podía ignorarla Pulquería, mujer no menos docta que piadosa, hasta el punto de pedir con instancia el Sagrado Cuerpo? ¿Y cómo podía obtener el sepulcro, cuando de los escritores vecinos a aquellos tiempos se colige la incertidumbre que entonces había y aún dura al presente, del lugar donde vivía la Virgen y de la ciudad donde murió, si fue en Jerusalem o en Éfeso? Pero cualquiera que fuese este sepulcro, que entre los judíos solía abrirse en la pena viva, ya fuese caja fúnebre, si es que tal cosa existía en el pueblo hebreo, o féretro para transportar los cadáveres, que por lo mismo no suele encerrarse en la tumba, como aquí debiera suponerse, cualquiera, repito, que fuese este pretendido sepulcro, es lo cierto que la santa no pudo colocarle en su templo, porque Juvenal volvió a Jerusalem en julio, o poco antes de que Pulquería pasara a mejor vida, o más probablemente en agosto, cuando ya había muerto, como lo confiesa el mismo Nicéforo, poco concorde consigo mismo, cuando sin hacer mención de la Santa dice que fueron llevadas a Constantinopla aquellas reliquias en tiempo de Marciano, que sobrevivió a su esposa. »Si en tal incertidumbre pudiesen dar alguna luz las conjeturas, yo creería (dice el P. Centucci) que hay en ello alguna equivocación originada de lo que sucedió, según dicen, en tiempo de León. Pretenden algunos que, habiéndose hallado en poder de una piadosa mujer de Palestina ciertos vestidos que había usado la Virgen, fueron colocados por aquel Emperador en la iglesia de Blancherna, con la misma caja en que antes se conservaban. No hay cosa más fácil que, por haber venido de Jerusalem, creyese el vulgo que fuese aquélla la caja sepulcral y los vestidos los mismos que quedaron en el sepulcro después de la Asunción de la Santísima Virgen, y tomando los historiadores sucesivos como un hecho positivo lo que no era más que una voz popular, se llegase a formar una relación, no menos extravagante por el anacronismo, que por las circunstancias con las cuales quisieron adornarla y hacerla más admirable». De este modo es como se expresa el P. Centucci respecto de estas tradiciones. Por su parte los escritores, agustinianos principalmente, que se ocupan de la fiesta de la Correa que ceñía la Virgen María, suponen que entre los lienzos y demás objetos de su mortaja que en el sepulcro quedaron, estaba la correa con que la Virgen María ceñía su túnica a la cintura, y otros añaden que esto fue lo que regaló Juvenal a Santa Pulquería. Pero hay que tener presente que el mismo Nicéforo no había de correa, ni aun siquiera de ceñidor, ni cíngulo, sino de fajas para amortajar (sepulcrales fascius) o sean las largas tiras de lienzo con que los judíos, como los egipcios, envolvían y ceñían los cadáveres, y así nos lo describe el Evangelio cuando nos habla de la resurrección de Lázaro. Nosotros nada decimos acerca de este punto, pero tenemos, y en ella nos apoyamos, una autoridad muy respetable, cual es la del español Fray Antonio del Castillo, o sea el autor del libro «El Devoto Peregrino», tan conocido por los amantes de la historia y las personas piadosas, cuando nos habla del sepulcro de la Virgen como existente en Jerusalem La hermosura y sencillez del estilo de este viajero y buen fraile español, que allá estuvo y celebró más de doscientas misas en la iglesia del sepulcro de María, son la prueba más fehaciente, en nuestro entender, acerca de aquella, respetada y admitida por la Iglesia, piadosa tradición. Dice el P. Antonio del Castillo: «Entramos en el huerto de Gethsemaní, y luego fuimos al sepulcro de la Virgen Santísima. Es una iglesia grande y hermosa, de maravillosa fábrica y arquitectura; la mayor parte de esta iglesia está debajo de tierra, de modo que tanta máquina como tiene, no se viene a descubrir por arriba mas que fábrica cuadrada por de fuera, y toda ella no parece sino una casa muy pequeña. »Bájase a esta iglesia por cincuenta escalones muy anchos espaciosos; son todos de jaspe blanco. A poco más de la escalera, como se va bajando a la mano izquierda, está el sepulcro de San José, esposo de la Virgen, en una capilla muy pequeña, y en la misma capilla está también el sepulcro de Simeón el justo, el que tuvo al Niño Jesús en sus brazos, cuando le presentó la Virgen en el templo. A la mano derecha en frente de esta capilla hay otra en la cual están los sepulcros de San Joaquín y Santa Ana, padres de la Virgen. »En bajando a la iglesia, en medio de ella está el sepulcro de la Virgen Santísima. Está todo hecho de una piedra y cubierto de mármol fino muy blanco. Aquí decimos misa los sacerdotes latinos solamente. (Esto fue en su tiempo, pues hoy se han apoderado los cismáticos, consiguiendo con sus rapiñas despojar a los latinos.) »En saliendo de este santísimo sepulcro, como treinta pasos, se entra en la cueva en donde Cristo oró y sudó sangre la noche de su Pasión». Como se ve por lo expresado por Castillo, es muy difícil aceptar las tradiciones griegas acerca de la muerte de la Santísima Virgen en Éfeso, y al efecto examinaremos lo que los principales viajeros católicos dicen y opinan acerca de la veracidad y fundamento de la muerte de María en Jerusalem como la acepta, y reza la Iglesia católica, cuya decisión y autoridad es concluyente y sin disputa. Pues que la Iglesia de Jerusalem conserva la tradición citada y la memoria del sitio y sepulcro de María, que la Iglesia acepta, admite y reza en su oficio el relato de San Juan Damasceno; lo más seguro es aceptar lo que la Iglesia acepta, cree y estima, confirmándose con ello y con lo que la piedad ha ido trasmitiendo desde Jerusalem hace diez y nueve siglos, tradición, creencia y fe, que como hemos dicho consignan y creen, estiman y aprecian, cuantos escritores católicos han tratado de este punto, y cuyos escritos y palabras copiaremos para afirmación mayor de esta sagrada tradición. Casabó se expresa en estos términos al tratar del entierro de Santa Virgen, aceptando su muerte en Jerusalem. «Los Apóstoles, a quienes principalmente tocaba este cuidado, trataron luego de que se le diese sepultura, señalándole en el valle de Josafat un sepulcro nuevo que allí estaba prevenido misteriosamente por la providencia de su Hijo. »Levantaron los Apóstoles el Sagrado Cuerpo, llevándole ellos sobre sus hombros, y con ordenada procesión partieron del Cenáculo para salir de la ciudad al valle de Josafat…» Orsini dice: «Terminados los preparativos del duelo, colocóse a la Madre de Dios en un lecho portátil lleno de substancias aromáticas; cubriósela con un velo suntuoso, y los Apóstoles reclamaron el honor de llevarla sobre sus hombros hasta el huerto de Gethsemaní… »Llegado al lugar de la sepultura paróse el lúgubre acompañamiento. »Un Apóstol que volvía de un país lejano, y que no se había hallado presente a la muerte de la Virgen, llegó en este intermedio a Gethsemaní; era Tomás, aquel que había puesto su mano en las llagas de su Maestro resucitado. Corría para echar una última mirada sobre los fríos despojos de la mujer privilegiada que había llevado en sus castas entrañas al Dueño Soberano de la naturaleza. Vencidos por sus instancias y sus lágrimas, quitaron los Apóstoles el trozo de piedra que cerraba la entrada del sepulcro, pero no encontraron más que las flores apenas marchitas, sobre las cuales había descansado el cuerpo de María, y su blanco sudario de precioso lino de Egipto, que exhalaba un olor celestial…» Barcia, en su libro Palestina, dice en su visita a la iglesia del sepulcro de María lo siguiente, sin determinar una opinión concreta: «La autenticidad del sepulcro de la Virgen es discutible. La opinión que afirma haber muerto María en Jerusalem y haber sido enterrada allí, data de los primeros siglos, pues que en el IV se aisló el sepulcro de la roca, dejándolo en la forma que hoy tiene; pero en la misma época se afirmaba por otros haber muerto en Éfeso y existir allí su verdadero sepulcro. Así lo declaró el tercer Concilio general que se celebró en esta ciudad, el año 341». Ibo Alfaro, en su obra Jerusalem, dice respecto del sepulcro de la Virgen Santísima: «Esta Basílica, cuya fachada la adornan multitud de columnas y archivoltas ojivales, encierra en su seno los sepulcros de San Joaquín y Santa Ana, el de San José y sobre todo en el lugar preferente el en que descansó tres días el Cuerpo de María. Una ancha escalera de cuarenta y ocho peldaños (el P. Livinio en su guía tantas veces citada, dice cuarenta y cuatro), conduce al fondo de la capilla, que forma una cruz latina y que es espaciosa, pues mide próximamente unos treinta metros de largo por ocho de ancho. En el séptimo escalón se encuentra a la derecha una abertura en el muro y se sospecha sea esto el sepulcro de Melisenda, esposa de Fulco, rey de Jerusalem en tiempo de las Cruzadas. Quince peldaños más abajo, o sea veintidós, a contar desde la puerta de entrada, se abren dos grutas a derecha e izquierda de la escalera, frente la una de la otra; estas dos grutas, que los frailes nombran capillas, contienen la de la izquierda los sepulcros de San Joaquín y Santa Ana y el de la derecha el de San José. Cuando ya se ha llegado al fondo de aquel templo, donde arden multitud de lámparas, y donde se respira una plácida calma que templa el corazón cansado de las agitaciones del mundo, se encuentra a la derecha una pequeña capilla cuadrangular, cuyas paredes de roca viva ocultan flotantes tapices de seda; en aquella misteriosa capilla se alza adherida al muro una banqueta de piedra revestida de planchas de mármol, un altar hueco del que penden veintiséis lámparas se levanta sobre aquel banco de piedra y junto a aquel banco de piedra se arrodilla el viajero, que impelido por el fervor religioso llega de lejanos países, porque aquel banco de piedra es el sepulcro de María. Allí reposó tres días la Madre de Cristo, la mujer más santa y más pura de la tierra, la flor de Jericó, la estrella de los mares, el refugio de los pecadores, el consuelo de los afligidos. Yo he visto la casa en que nació, allí junto al templo de Jehová, yo he visto el lugar en que su alma fue ahogada por la más honda pena, allá… en la cima del Calvario, yo he visto el lugar en que después de muerta permaneció su cadáver algún tiempo, allá pasado el torrente Cedrón, en el valle de Josefat, al comenzar el monte Olivete…; y hoy en que aún enfermo, consigno en estas páginas mis recuerdos e impresiones de aquellos Santos Lugares, experimenta mi alma una tierna y suavísima afección. »En el fondo de la basílica, no lejos del sepulcro de María, se ve un altar perteneciente a los armenios no unidos; cerca de éste otro perteneciente a los griegos no católicos, y cerca de los dos un pequeño ábside donde oran los musulmanes, que también los musulmanes de Oriente veneran a Cristo, a quien llaman el espíritu de Dios; y a la Virgen, a quien proclaman la más grande y mejor de las mujeres…» Don José María Fernández y D. José Freire y Banero, hacen acerca del sepulcro de la Virgen, parecida descripción a la anterior, y respecto al lugar del tránsito de María y a la consiguiente autenticidad de estos santuarios, dicen lo siguiente: «Respecto a la muerte de la Santísima Virgen, no está enteramente evidenciado que haya sucedido en Jerusalem, aunque es la opinión más probable, casi segura. No faltan, sin embargo, quienes creen que el tránsito dichosísimo acaeció en la ciudad de Éfeso. Fúndanse en el pasaje de la carta dirigida por los PP. del Concilio Efesino al clero y pueblo de Constantinopla (431): ‘Nestorio fue condenado en Éfeso, donde Juan el Teólogo y la Santa Virgen María, Madre de Dios…’ No acaba la oración, que algunos completan diciendo: ‘descansan o murieron’; pero la generalidad de los críticos opinan que el pasaje completo debía decir así: ‘Nestorio fue condenado en Éfeso, donde el teólogo Juan y la Santa Virgen María, Madre de Dios, vivían, o tienen iglesia, o son honrados con culto particular’. »Otra razón alegan los que sostienen que la Virgen Santísima murió en Éfeso, es a saber: que aquella iglesia le estaba dedicada, según consta en las actas de dicho Concilio. La fuerza de este argumento estriba en que, a decir de los que le emplean, no se erigía iglesia alguna a un santo, sino cuando se poseían reliquias, o en el sitio en que había sufrido el martirio. Pero además de que no era esta práctica invariable, pues consta que las reliquias de los santos solían distribuirse entre diferentes pueblos que las solicitaban por su especial devoción, y que se erigían altares e iglesias a un mismo santo en varias ciudades a la vez, sábese positivamente que apenas Constantino dio la paz a la Iglesia, fueron consagrados muchos templos con la advocación de la Madre de Dios. »Por otra parte, nadie ha pretendido jamás que la iglesia de Éfeso, ni ninguna otra, poseyese las reliquias de la Santísima Virgen María, lo cual valdría tanto como negar su asunción gloriosa a los cielos. »Hay un argumento negativo de mucho peso, en nuestra opinión, contra los que afirman que Nuestra Señora murió en Éfeso. Al enumerar Polícrates en su carta al Papa Víctor los privilegios de la iglesia Efesina, no hace mención de este suceso, que de haber acaecido allí, habría contado como el primero y más glorioso. »Muchas más razones militan en favor de Jerusalem Prescindiendo de la tradición inmemorial, sabemos que desde los primeros días del Cristianismo se levantaron templos en honor de la Virgen Santísima, en este lugar y el de su sepulcro. Juvenal, obispo de Jerusalem, que asistió al citado Concilio de Éfeso, en carta dirigida a la emperatriz Santa Pulquería y al emperador Marciano, les dice, contestando a los piadosos esposos, que le pedían reliquias de la Virgen, que en el Gethsemaní se enseñaba el sepulcro vacío bienaventurada Señora. San Arcadio, San Wilibaldo y otros peregrinos del siglo VII y VIII, visitaron en el monte Sión el lugar en que murió la Virgen, y en el valle de Josafat su sepulcro benditísimo. »La tradición griega está en un todo conforme con la latina; son muy notables y explícitas las palabras de Andrés, arzobispo de Creta, que vivía en los citados siglos VII y VIII. »Dice aquel prelado en su sermón sobre el tránsito de la Virgen Santísima, ‘que la bienaventurada Señora había vivido en el monten Sión, en el mismo sitio en que se enseñaba su casa, convertida en iglesia, en la cual se veían los vestigios de sus rodillas en el lugar donde hacía oración; que allí también murió, rodeada de los Apóstoles, de los setenta discípulos y de gran número de santos, quienes transportaron al valle de Gethsemaní su cuerpo, que no conoció corrupción; que resucitó y subió al cielo, y finalmente, que el sepulcro de María es honrado por el concurso de fieles, que con este objeto van a Jerusalem de todos los pueblos de la tierra’; y San Juan Damasceno, que nació en el siglo VII y murió a mediados del siglo VIII, en el convento de San Sabas, cerca de Jerusalem, dice en otro sermón sobre el mismo asunto, ‘que la Madre de Cristo murió en el monte Sión, y fue sepultada en el valle de Gethsemaní por los Apóstoles; que también se hallaban presentes a su muerte gloriosa los Ángeles, los patriarcas y profetas; que su cuerpo resucitó glorioso y fue transportado al cielo; que los mismos Ángeles reverencian el sepulcro vacío; que los fieles acuden allí de todas partes en gran número, le visitan con devoción y riegan con sus lágrimas, y finalmente, que Dios obra en él muchos milagros’. San Germán, arzobispo de Constantinopla, contemporáneo de San Juan Damasceno dice que la Virgen Santísima sufrió la ley común de la muerte, que su cuerpo no experimentó corrupción, sino que fue llevado al cielo por ministerio de Ángeles… »Las iglesias de Oriente están conformes con la latina y la griega, en colocar en Jerusalem la muerte y sepultura de la Santísima Virgen María. Y al decir iglesias, no intentamos excluir a las herejes. Los nestorianos, que aunque niegan la divina maternidad de la Virgen Santísima, profesan a la Señora gran veneración; tanto, que algunos autores aseguran que ofrecen en su honor un pan, que dan en forma de comunión, pretendiendo que es el cuerpo de la Santa Virgen; creen que la Madre de Cristo fue transportada desde Jerusalem al Paraíso en cuerpo y alma. Abeyesu, escritor sirio, consigna la común creencia de los nestorianos a este propósito: ‘Después de la muerte del Salvador, dice, San Juan Evangelista se hizo cargo de la Santísima Virgen, sirviéndola como a Madre suya. Muerta a la edad de sesenta y un años, su cuerpo fue transportado por ministerio de Ángeles al Paraíso terrenal. Todos los Apóstoles se habían reunido en Jerusalem, antes del tránsito glorioso de la Señora’. »Consignemos, por último, el testimonio de un escritor árabe, Abu-Batrik, según el cual, Teodosio el Grande edificó en Gethsemaní, en el sepulcro de la Virgen, una iglesia que Cosroes destruyó en la toma de Jerusalem». Y por último, como confirmación de cuanto llevamos dicho de los anteriores católicos viajeros y peregrinos, veamos lo que acerca del lugar de la muerte de María Santísima y de su sepulcro dice don Narciso Pérez Royo, en su interesante Viaje a Egipto y Palestina, en el tomo 32, página 39. Después de describir la iglesia de la Asunción, dice: «He dicho que la autenticidad del sepulcro de la Virgen descansa sólo en la tradición. Es ésta tan antigua y constante; reviste tan marcado carácter de verosimilitud; hállase sancionada por el sentimiento unánime de tan opuestas razas y creencias, que avasalla la mente, disipa la duda y conmueve el corazón. En el retiro silencioso y plácido de este Santuario venerable, cuya indecisa luz parece agigantar las sombras de sus ámbitos, respira el alma indefinible paz, y henchida de místico entusiasmo, cree, medita, ora, elévase enajenada al estrellado trono de la Madre purísima del Verbo, mientras besan los labios y las lágrimas riegan la consagrada tumba, probable último punto de la tierra que santificó su presencia maternal». Como vemos, tales son las opiniones de los citados escritores, admitiendo todos la antiquísima tradición consagrada, aceptada y exaltada por la Iglesia, no faltando para ser dogma de fe más que la declaración de quien puede hacerlo por su indiscutible autoridad en la materia. María terminó su existencia terrenal cuando la voluntad de Dios su Hijo plugo a sus inescrutables juicios. Dejó la existencia terrenal y al Empíreo fue ascendida por la Trinidad Santísima, dejándonos a los hijos de Eva en este destierro, bajo su dulce amparo, siendo nuestra esperanza, nuestro consuelo y puerto en nuestras desgracias, que nos acoge siempre benévola cuando la fe y las lágrimas de nuestro corazón herido brotan de nuestros ojos, siendo el consuelo de los afligidos, la eterna salud de los enfermos que a Ella imploran, Reina y Señora de nuestros corazones y auxilio del alma cristiana en los naufragios de la vida y esperanza nuestra a la que encaminamos nuestras oraciones y ponemos por intercesora de su divino Hijo. Pero si ascendió a los cielos, dejó para nuestro consuelo el perfume de su pura existencia, que seguirá reinando y embriagando de dulce amor y ardiente caridad a nuestras almas, en las que reina y reinará como eterna verdad, confesada por el amor de su Hijo, que la puso por Madre e intercesora entre los hijos de Adán, lavados de la culpa por su santísima sangre. Y María seguirá reinando en nuestras almas, y con el dulce nombre de Madre la invocaremos como Madre de nuestras almas, y como Madre la han invocado e invocan nuestras madres en sus momentos de dolor, de pena, de angustia y llanto, así como en lo terreno en nuestra niñez la invocamos y también en la juventud, cuando hieren nuestros corazones los primeros dolores y desengaños de la vida. Ascendió a los cielos después de su glorioso tránsito, y allí, gozando de la presencia de su Santísimo Hijo, goza del premio de su pureza inmaculada, la que fue arca santa que encerró el cuerpo de Dios al descender a la tierra, siendo hermoso tabernáculo que gozó del privilegio incomparable de dar la existencia humana al Hijo de Dios. ¡María, nuestro amparo y Madre! acoge nuestro trabajo, llevado a cabo lleno de fe y esperanza en tu santa misericordia y que en tu honor y gloria te ofrecemos como ofrenda pobre, mezquina y. pequeña de nuestro amor, y que a tus pies deponemos. Acoge nuestra ofrenda, hija del corazón, y ruega por nosotros a tu Santísimo Hijo, nuestro Señor Jesucristo, nuestro Redentor y Salvador del pecado. Fuente: Vida de la Virgen María – Joaquin Casañ – Capítulo XXIX

martes, 5 de abril de 2011

María y los hermanos separados.


¿Adoran y alaban a Maria los Católicos? Por que el énfasis en Maria de los Católicos?

Los católicos creen que se debe adorar a Dios. Católicos, sin embargo, venerar a María. En otras palabras, rendimos homenaje a nuestra Santísima Madre, con gran reverencia y devoción, porque ella es la Madre de Dios.

María es el modelo del amor perfecto y la obediencia a Cristo. Dios preservó a María del pecado, y ella concibió a nuestro Señor por el poder del Espíritu Santo, llevar a Cristo a nuestro mundo. Los católicos no pueden dejar de honrar a la Santísima Virgen María, que está llena de la gracia, la Madre de Dios y Madre nuestra, por su "sí" a Dios que hizo posible la Encarnación. Y sin la Encarnación, no habría salvación.

María es el modelo más hermosa de la sumisión total a la voluntad de Dios. Los católicos no consideran a María como igual a Cristo, sino que veneran a María por su relación con Cristo. El Catecismo de la Iglesia Católica explica que "el papel de María en la Iglesia es inseparable de su unión con Cristo, deriva directamente de ella" (CIC 964).

Como católicos, rezamos para que podamos responder a la llamada de Dios a la santidad de nuestras vidas en la forma en que lo hizo María. Madre Teresa rezó para emular la devoción de María a Cristo:

¿La Biblia claramente dice que Jesús tuvo hermanos y hermanas, pero la Iglesia Católica enseña que Maria fue virgen en perpetuo… como reconciliar estas distintas posturas?

Marcos 06:03 dice: "¿No es éste el carpintero, el hijo de María y hermano de Santiago, José, Judas y Simón, y no son sus hermanas aquí con nosotros?" Debemos darnos cuenta de algunas cosas aquí acerca de estos "hermanos y hermanas": # 1, no había palabra para primo, o sobrino o sobrina, o de la tía o tío en el antiguo hebreo o arameo - las palabras que utiliza en los Judios todos los casos fueron "hermano" o "hermana". Un ejemplo de esto puede ser visto en Génesis 14:14, donde Lot, que era sobrino de Abraham, se llama a su hermano.

Otro punto a considerar. Si Jesús hubiera tenido hermanos, si María hubiera tenido otros hijos, sería la última cosa que Jesús hizo en la tierra sea para ofender gravemente a sus hermanos sobrevivientes? En Juan 19:26-27, justo antes de que Jesús muere, se dice que Jesús ha confiado el cuidado de su madre al discípulo amado, Juan. Si María había tenido otros hijos, habría sido un increíble golpe en la cara a los que el apóstol Juan se le confió el cuidado de su madre!

Además, vemos en el Monte. 27:55-56, que el Santiago y José mencionados en Marcos 6, los "hermanos" de Jesús, son en realidad los hijos de otra María. Y, por otro pasaje a considerar es Hechos 1:14-15, "[Los apóstoles] de común acuerdo se dedicaban a la oración, junto con las mujeres y con María la madre de Jesús y con sus hermanos ... la compañía de las personas se en total cerca de ciento veinte. " Una empresa de 120 personas compuesto por los apóstoles, María, la mujer, y los "hermanos" de Jesús. Vamos a ver que había 11 apóstoles en el momento. la madre de Jesús hace 12 años. Las mujeres, probablemente las mismas tres mujeres mencionadas en Mateo 27, pero vamos a decir que era tal vez una docena o dos, sólo por mor del argumento. Así que nos pone hasta 30 o 40 más o menos. Así que deja el número de hermanos de Jesús, a unos 80 o 90! ¿Crees que María había niños de 80 o 90? Ella habría sido en el trabajo perpetua! No, la Escritura no contradice la enseñanza de la Iglesia Católica acerca de los "hermanos" de Jesús, cuando la Escritura es correctamente interpretado en su contexto

domingo, 20 de marzo de 2011

María: un silencio que grita en Cuaresma


Escrito por Heidy N. Marrero Pérez
Miércoles, 16 de Marzo de 2011 14:01

Estuvo a los pies de Jesús. Había escuchado la voz del profeta Simeón diciendo que “una espada atravesaría su corazón” y aún así, perseveró. La Madre de Jesús fue obediente y en silencio, aceptó la voluntad del Padre. La voz de María en tiempo de Cuaresma, no tiene que ver con sus palabras sino con sus acciones. Allí, frente a la Cruz, demostró un espíritu humilde y su amor a un Dios Todopoderoso, ante cuyos propósitos excelsos, sólo debemos guardar silencio.



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Su maternidad se amplía en la Cuaresma. Con dolores parió a Jesús, y también con dolores, lo acompañó hasta el madero. Su unión a Cristo, debe servirnos como modelo. La carta pastoral sobre María en el Plan Salvador de Dios, incluida en el libro Maestros y Profetas de la Conferencia Episcopal Puertorriqueña, señala cómo “la maternidad de María no es un simple proceso biológico. La maternidad une dos vidas, dos destinos. El sí de María es una aceptación que une su vida a la de Cristo, sus alegrías, sus dolores; a lo largo de su vida, María mantiene el sí de la Anunciación, y lo mantiene sobre todo, en la hora de la gran prueba, junto a la cruz en que muere su hijo” (pág. 100).

Asimismo, la aceptación de los designios de Dios, es ejemplo de la actitud de acogida que debemos tener hacia su Palabra. “Podemos aprender de ella. Su cualidad silente nos habla de acompañamiento en el dolor, pero sobre todo, de aceptación. Muchas veces, nosotros también tenemos que callar en medio del dolor. Ella acompañó a su hijo Jesús desde su silencio”, aseguró la hermana Noemí Merced, de la Congregación de Religiosas del Apostolado del Sagrado Corazón de Jesús.

La ruta sigilosa de la Esclava del Señor en el transcurso hacia al Calvario, alecciona también sobre la actitud anónima que guardan los fieles en tiempo de Cuaresma. “Hay una frase que dice que ‘la procesión va por dentro’. Es tiempo de mejorar nosotros mismos. Debemos tener un propósito y hacer silencio sobre eso en lo que queremos mejorar. Hay sufrimientos que se deben llorar a solas, pero no sin la presencia de Dios, sino en la ausencia de las demás personas”, añadió la religiosa.

Igualmente, el Papa Benedicto XVI hace un llamado a la quietud y nombra como ejemplo a la Elegida de Nazaret. En el Ángelus del Segundo Domingo de Cuaresma del año 2009, exhortó al pueblo “a encontrar en este tiempo de Cuaresma momentos prolongados de silencio, posiblemente de retiro, para revisar vuestra vida a la luz del designio de amor del Padre Celestial. En esta escucha más intensa de Dios dejaos guiar por la Virgen María, maestra y modelo de oración. Ella, incluso en la densa oscuridad de la pasión de Cristo, no perdió la luz de su Hijo divino, sino que la custodió en su alma”.

domingo, 20 de febrero de 2011

María en Las Escrituras


María, muchacha humilde del poblado de Nazaret se ha encontrado en los últimos XX siglos en el corazón de miles de hombres y mujeres y también en el centro de múltiples controversias. Quién es esta joven a quien nada menos que el Ángel Gabriel la llamo "Llena de Gracias""? E Isabel, esposa del sacerdote Zacarías, llena del ESPÍRITU SANTO la saludó como Bendita entre todas las mujeres"? Quién es y qué lugar ocupa María en el plan de la Salvación? Veamos a la luz de las Escrituras.



Génesis 3, 15



Enemistad pondré entre ti y la mujer

Y entre tu linaje y su linaje

El te pisará la cabeza

Mientras tú acechas su calcañal



Con esta primera profecía comienza la Historia de la Salvación. El hombre tentado por el maligno ha optado por la desobediencia al DIOS que lo ha creado. El mal, la muerte, la enfermedad ha entrado al mundo por la desobediencia de la mujer y de su esposo. Se ha cerrado el Paraíso, para el hombre alejado de su creador comienza el caminar "por el valle de lágrimas". Dentro de este contexto tan sombrío surge la profecía" la primera palabra de un DIOS que es en su esencia amor, y en esta profecía, repito la primera, esta involucrada por primera vez y en forma misteriosa "la mujer" que estará en perenne lucha contra el enemigo del hombre y sus huestes y con ella la gran promesa: Su linaje o descendencia derrotará a la serpiente antigua pisándole la cabeza, cuando a una serpiente se le pisa la cabeza se le despoja de todo poder y se le reduce a la impotencia, esto comenzará por esta "mujer".

El Génesis en la Tora Judía expone este versículo de la forma siguiente "ellos te pisaran la cabeza, mientras tu acechas su calcañal". Aquí se refiere a que será la descendencia de la mujer la que derrotará al maligno y será a su vez acechada por este. La Mujer es quien determinará quien será esta descendencia en plural y por ella serán reconocidos al constituirse en su descendencia.



Isaías 7, 14



Pues bien el SEÑOR mismo

Va a daros una señal:

He aquí la virgen está encinta y va a dar a luz

Un hijo y le pondrá por nombre ENMANUEL.



El Profeta Isaías en esta profecía Mesiánica por excelencia va ampliar los datos sobre la Mujer del Génesis 3, 15. Esta Mujer va a ser Virgen y va a dar a luz un hijo varón en su Virginidad. La traducción Hebrea utiliza la Palabra "doncella", pues el término doncella y virgen sin ser equivalentes denotan "el no-conocimiento de varón", pues la joven al contraer matrimonio ya no era llamada mas joven o doncella, sino mujer, por lo tanto el término doncella predetermina a una mujer virgen. Esto se ve claramente en Jueces 11, 34-40 cuando a la hija virgen de Jefte se le llama "Joven". Los Evangelios de San Mateo y San Lucas dejan esto bien claro cuando para describir a María utiliza la Palabra Griega "Parthenos" o sea Virgen.

La virginidad en Israel era lo opuesto a la idolatría que era también llamada "prostitución" por esto esta mujer que engendraría al MESÍAS tenía que ser virgen pues al mismo tiempo encarnará al Israel puro que no seguirá a otros Dioses, además como veremos mas adelante esta virginidad es un símbolo para detectar al MESÍAS. El único signo dado a Israel para reconocer al MESÍAS es que nacería de una madre virgen.



Miqueas 5, 2



"Por eso si YAVEH los abandona es solo por un tiempo

Hasta que aquella que debe dar a luz tenga a su hijo

Entonces volverán a Israel los desterrados



El profeta Miqueas nos vuelve a hablar de la mujer esperanza de Israel y que al traer al MESÍAS pondrá fin al cautiverio de Israel.



Galanas 4,4



Pero cuando llegó la plenitud de los tiempos



DIOS envió a su Hijo, el cual nació de mujer

Y fue sometido a la Ley"



Pablo no habla del comienzo del gran misterio, la "Plenitud de los tiempos"…" Cuando llegó la Plenitud de los tiempos…", no se refiere a la llegada del MESÍAS pues el MESÍAS llega por haber estado los tiempos ya plenos… misterio de DIOS. No lo sabemos, pero lo que sí sabemos es que esta plenitud esta ligada de nuevo a la "Mujer" de la cual va a nacer el MESÍAS.





San Lucas 1, 26-38



En este relato Evangélico que no vamos a copiar por cuestiones de espacio – y que instamos a que lo busques en este momento en tu Biblia- queremos estudiar los siguientes aspectos:

Primeramente San Lucas en su Prólogo 1, 1-2 nos dice: "Varias personas han tratado de narrar las cosas que pasaron entre nosotros a partir de los datos que nos entregaron aquellos que vieron y fueron testigos desde el principio y que luego se han hecho servidores de la Palabra". San Lucas nos dice que fue al origen de los datos de las personas que fueron Testigos de los hechos y esta afirmación nos lleva a María, pues solo ella fue ""testigo"" de la anunciación que él relata a continuación.

El ángel Gabriel. Gabriel es el designado para anunciar a María el gran acontecimiento, fue este mismo ángel el que le dijo a Daniel que guardara el libro para el momento de la salvación al final de los tiempos (Daniel 8, 16 y 9, 24). Este acontecimiento da inicio al "Final de los Tiempos".

A una joven virgen. San Lucas relaciona e identifica a esta joven con la profecía de Isaías 7, 14

Prometida de José, de la familia de David. Con este dato también se daba cumplimiento a la profecía de Natan de que un descendiente de David se sentaría por siempre en el trono de este, II Samuel 7, 16.

Y el nombre de la Virgen era María. Dos veces utiliza Lucas el título de Virgen para que no quede duda de la situación de María y de su relación con la profecía de Isaías. María, hermoso nombre que llevaron muchas mujeres hebreas, entre ellas, la hermana de Aarón y que según algunos quiere decir "Señora".

El ángel le dijo Alégrate llena de gracias. Alégrate, esta es la voz de júbilo que exclamaba la Hija de Sión en los escritos proféticos y que correspondía a Jerusalén, "la amada de DIOS", con esta palabra pone el evangelista a María en relación Directa con esta Hija (Sofonias 3, 14, Zacarías 9,9). María es la nueva Jerusalén, pues si aquella llevaba dentro de sí al templo donde moraba el DIOS de Israel; María lleva en ella al mismísimo DIOS del universo, siendo ella el resumen del Pueblo de DIOS.

"Llena de Gracias" en Griego Kecharitomene que significa "tener la plenitud de la gracia", pues es un verbo de modo pasivo perfecto que indica CONTINUACIÓN DE UNA ACCIÓN COMPLETA. Palabras que ningún mortal había escuchado de DIOS anteriormente. Hay que clarificar que a Esteban se le llama en Hechos de los Apóstoles “lleno de Gracia” pero se utiliza una palabra griega totalmente diferente a la utilizada con Maria. Cual es esta diferencia? la diferencia es que a Esteban se le llama “Pleres Jaritos”. Kejaritómene es la plenitud de la gracia, el ángel le dijo kejaritomene a María definiendo lo que es en realidad María, una mujer llena de la Gracia del Altísimo en modo único, además de ser un saludo con alabanza. En cambio, pleres Jaritos, es decir, “lleno de gracia”, es mas bien referente al carisma personal, como es mencionado Esteban, significando que Esteban tenía al Espíritu Santo para realizar la obra de la Iglesia, pero no vivía en Plenitud de la Gracia, pues sabemos que Esteban aunque fue muy santo era también pecador, pero el único ser humano definido con las palabra Kejaritomene LLENA DE GRACIA es María

Con razón lo llaman hijo del Altísimo. María es la Madres del Hijo del Altísimo, no de un hijo de DIOS como somos todos, sino del HIJO del Altísimo.

DIOS le dará el trono de Padre David. Gobernará por siempre al pueblo de Jacob y su reinado no terminará jamás. Aquí se reafirma que JESÚS es el descendiente de David anunciado (II Samuel 7, 16) y al decir que su reinado será eterno nos da a saber que es DIOS, pues el único eterno es DIOS, poniendo a María en relación directa como madre del heredero de David, lo cual veremos mas adelante.

Cómo podré ser madre si no tengo relación con ningún hombre? María estaba prometida en matrimonio y este debería efectuarse en menos de seis meses, lo más común seria que ella relacionara esto con su futuro enlace, mas al contrario reacciona con sorpresa, como si esto fuera lo último en su pensamiento.

El ESPÍRITU SANTO descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Aquí se sitúa a María definitivamente como posesión de DIOS. En Éxodo 3, 5 El SEÑOR manda a descalzarse a Moisés pues la esta pisando "Tierra Santa". Por qué esta tierra era Santa? Por qué la sombra de DIOS daba en ella desde la zarza. Éxodo 19, 10-14, YAVEH va ha bajar al Sinaí en medio de la nube, esta montaña es santa por que la nube de DIOS ha dado sombra en ella, por lo tanto nadie debe tocar la montaña o morirá, es posesión de DIOS. II Samuel 6, 6-7 Uzza es muerto por tocar el Arca de DIOS, esta Arca era santa por lo que la sombra de DIOS o la Shekina venía sobre ella. Sobre María desciende esta Nube y ella queda hecha posesión de DIOS, santificada por su sombra para siempre.

Yo soy la esclava del SEÑOR, hágase en mi según su Palabra. Con estas palabras entra la salvación al mundo, ;Si por la desobediencia de Eva entró la perdición al mundo, con la obediencia de María entra la salvación. No se puede hablar de la "Caída" sin hablar de Eva, no se puede hablar de la salvación sin hablar de María. En María se arregla lo desecho por Eva.

En la obediencia de María se comienza a cumplir la profecía de Génesis 3, 15. Con esta aceptación María se constituye en la persona que más relación ha tenido con la Divinidad en toda la historia de los tiempos. El PADRE la escogió (San Lucas 1, 30). El Hijo tomo carne en su vientre (San Juan 1, 14). El ESPÍRITU SANTO encarnó al Hijo de DIOS en su vientre y la cubrió con su sombra (San Lucas 1, 35).



San Lucas 1, 39-49



En el relato Evangélico de la Visitación de María a Isabel hay una infinidad de datos que nos hablan de María y de su lugar en el Plan de la Salvación.

Primeramente, al entrar María en casa de Isabel dice la Escritura que "al oír Isabel la salutación de María, la criatura saltó en su vientre e Isabel fue llena de ESPÍRITU SANTO. Notar que Isabel fue llena del ESPÍRITU NO al entrar en contacto con JESÚS, sino al escuchar la voz de María, esto nos muestra a una María no solo llena del ESPÍRITU SANTO, sino también dando el ESPÍRITU SANTO o transmitiendo el ESPÍRITU SANTO a quien se acerca a ella.

Segundo punto fijarse en la exclamación de Isabel "Bendita tu entre todas las mujeres" Isabel mujer de un sacerdote de los que ministraban en el Templo estaba imbuida de las Escrituras y conocía un pasaje que se escapa para nosotros. Este se encuentra en Jueces 5, 24 y en el cual la profetisa Débora entona un canto en el cual ensalza a YAEL la cual clavó en el suelo la cabeza de Sisara, el enemigo de Israel y le dice "Bendita entre las mujeres YAEL, entre todas mujeres que habitan en tienda". Isabel compara a María con YAEL, esta derrotó por tierra a Sisara, María derrotó con su SÍ al enemigo de todos los hombres, por eso no es solo bendita en las tiendas de Israel, sino Entre todas las mujeres.

Tercero, el versículo 43 es esencial, "de donde a mí, que la Madre de mi SEÑOR venga a visitarme?". La palabra Griega para designar a este SEÑOR con S es Kurios, que a su vez es el equivalente de ADONAI en hebreo y es la misma Palabra que utiliza María en el versículo 46, para designar al DIOS de Israel. Por lo tanto, Isabel llena del ESPÍRITU SANTO, GARANTÍA DE INERRANCIA, O SEA ES EL MISMO ESPÍRITU el que habla por boca de Isabel, llama a María, "Madre de ADONAI" o sea Madre de DIOS.

Cuarto, en el versículo 48, María hace una profecía "En adelante todas las generaciones me llamaran Bienaventurada", esto es lo que hace la Iglesia, llamar Bienaventurada a María por todas las generaciones.

Quinto, en el versículo 56 " María permaneció con ella unos tres meses y se volvió a su casa" Es notorio que los miembros de diferentes sectas tan dados a poner su atención en los números, muchas veces con un gran alarde de imaginación no se hayan fijado en esta fecha de tres meses que permaneció María en casa de Isabel. Dice el Libro Segundo de Samuel 6, 11 "El arca de YAVEH estuvo en casa de Obededon de Gat tres meses y YAVEH bendijo a Obededon y a toda su casa" San Lucas al decir que María se quedo tres meses en casa de Isabel pone a María en similitud con el Arca de la Alianza, María es el Arca de la Nueva Alianza que lleva en su seno al Salvador de todas las edades.

San Lucas 2, 25-35



En este capítulo el Evangelista nos muestra a Simeón profetizando el día de la Presentación del Niño en el Templo, con esta profecía se cierra de cierto modo el ciclo profético de la Antigua Alianza. El viejo Simeón simboliza a la Alianza vieja que señala al Salvador. En esta profecía se involucra a JESÚS y a María. Simeón de nuevo ""lleno del ESPÍRITU SANTO""- por que por donde pasa María todos se llenan de ESPÍRITU SANTO- dice de JESÚS que "estará puesto para caída y levantamiento de muchos" y a María "que una espada de dolor le atravesaría el pecho, para que sean manifestados los pensamientos de muchos corazones". La Historia de la Salvación comienza con la profecía de Génesis 3, 15 la primera del Antigua Testamento donde se refiere a la mujer y a su descendencia, estos tiempos antiguos terminan con Simeón con otra profecía a la Mujer y a su descendencia. En JESÚS para caída y levantamiento de muchos, en María para que sean manifestados en ella los pensamientos de muchos corazones. Es esta mujer una mujer como las demás?.



San Lucas 2, 51



Bajó con ellos a Nazaret, y vivía sujeto a ellos

Su Madre conservaba cuidadosamente todas las cosas en su corazón.



Este pequeño fragmento del Evangelio de San Lucas nos habla mas que ninguno de la personalidad de María y de su relación con su hijo. Guardaba CUIDADOSAMENTE todas las cosas en su corazón. Hermoso corazón de María!, María una mujer de fina espiritualidad, una mujer de contemplación, una mujer de detalles, una mujer enamorada de DIOS y de su Hijo, una mujer de gran profundidad y de gran silencio, que es donde habla DIOS. JESÚS le estaba sometido. Gran misterio de DIOS, el que no cabe en el universo sometido a una pobre aldeana de Nazareth, gran mujer a quien todo un DIOS se sometió, escogida por DIOS, amada por su hijo, JESÚS hombre perfecto y DIOS eterno era también perfecto en sus emociones humanas, sino no, no hubiera sido DIOS. Tan es así que se nos muestra llorando la muerte de su amigo Lázaro mientras todos exclaman admirados "miren como lo amaba". JESÚS amaba a Lázaro perfectamente como amigo, cuanto mayor seria y será su amor perfecto a su madre, pues JESÚS es el mismo "Ayer, hoy y siempre" JESÚS estaba bajo la Ley del cuarto mandamiento "Honrar Padre y Madre", JESÚS no podía transgredir la ley, pues no podía pecar. Por lo tanto, JESÚS honraba a su Padre DIOS, y a su madre María, si quieres imitar a JESÚS haz lo mismo adora a DIOS y honra a María, te aseguro que así complaces a JESÚS.



San Juan 2, 1 – 5



En este fragmento del Evangelio de San Juan se muestra de nuevo a María en una nueva fase. María es la Mujer que a pesar de la magnitud de su misión y de la honra de ser la "Escogida de DIOS" está atenta a las necesidades de los hombres. Es importante notar lo que dice Juan en el versículo 11, JESÚS así dió comienzo a sus SEÑALES, estamos en presencia de algo mas que un milagro, es una Señal, algo que va a indicar un aspecto importante del ministerio de JESÚS y de nuevo tenemos unidos a JESÚS y a María, en el contexto de una boda. En el Antiguo Testamento la "Boda" tenia el aspecto dinámico de la relación de DIOS con su pueblo (Ver al profeta Óseas) en el Nuevo Testamento la Boda va a tener un aspecto escatológico de la unión final de DIOS con su Pueblo (ver carta a los Efesios y Apocalipsis). JESÚS le contesta a su Madre que No ha llegado la hora de dar vino a los hombres, el vino era signo de Paz y alegría en el Pueblo de Israel, También se vertía al suelo como signo de arrepentimiento de los pecados (Exo 29, 40 Num 15,5), también el vino era signo de ser agradable a DIOS al volver a EL (Óseas 14, 8). La hora de JESÚS se aclara en San Marcos 14, 41, su hora era la Pasión donde iba a dar Vino Nuevo a los hombres que se arrepintieran, pero volvamos a Cana, en esta conversación espiritual entre María y JESÚS, pues solamente en el espíritu se puede leer este pasaje, JESÚS le dice que aún no llega la hora definitiva, pero por petición de su Madre va a dar el primer signo de lo que seria definitivo en el Calvario. Por lo tanto el primer milagro ocurre a petición de la Madre, es una mujer como las demás?.

Las palabras de María en este contexto constituyen el "Evangelio de María" y son las únicas palabras dirigidas a los Hombres "Haced lo que Él les diga" Quienes quieran agradar a María debe hacer la voluntad de JESÚS. María es la mujer pendiente de las necesidades de los hombres para pedir por ellos a su hijo.



Juan 19, 25



Para entender este capítulo- uno de los más interesantes e importantes referente a María es necesario remontarnos a Génesis 3. En este capítulo El Señor DIOS le da la Profecía a Eva de que "La descendencia de la mujer pisará la cabeza de la serpiente y estará en guerra con sus seguidores" Pues bien esta profecía se cumple al pie de la Cruz, en Juan 19, 26-27 JESÚS da a María como Madre a Juan, esto no es un simple hecho de índole familiar, las palabras dichas por JESÚS en la cruz tienen valor redentor, JESÚS sabía que lo mas preciado para un moribundo en la cruz es el aire, pues los crucificados morían de asfixia. Un problema de índole familiar JESÚS lo hubiera tratado antes, como lo hizo con Pedro el Jueves Santo cuando le dijo "al volver confirma a tus hermanos". También dice en el versículo 28 "después de eso, sabiendo JESÚS que ya todo se había cumplido", luego con la entrega de María a Juan SE CUMPLE ALGO, también dice en el versículo mas adelante " Y con esto también se cumplió una profecía. Que se cumple en María al pie de la cruz? Se cumple Génesis 3, 15.

La profecía Bíblica dice claramente que los descendientes de la mujer tendrían el poder de pisar la cabeza de la serpiente, esta mujer que habría de venir es sin lugar a dudas María, al pie de la cruz los hombres en Juan reciben a María como Madre, aquí comienza el ciclo donde los "Hijos de la mujer" lucharán con la serpiente antigua y la vencerán. El signo es el ser hijos de la mujer, por esto JESÚS después de entregarle a María a Juan como hijo dice "todo se ha cumplido" pues el desorden del Génesis quedo arreglado y la mujer redimida y la señal de batalla dada es La maternidad de la mujer, o sea de María. Las palabras concluyentes de Juan nos dan la clave. Dice el Evangelio de San Juan, capitulo 19, versículo 27 "desde ese momento se la llevó a su casa". Ahondemos un poco sobre esto, el original griego de este Evangelio dice "Eis ta idia" lo cual traducido por San Jerónimo de la forma ya dicha. Profundizando un poco podemos ver en cualquier diccionario Griego que la palabra casa se dice oikon, la cual no aparece en el texto, sin embargo la palabra "Idios" quiere decir "Privado, de uno" y está en plural no en singular, por lo tanto lo correcto sería decir que "ellos la tomaron para sí" o " como posesión de ellos" lo cual concuerda cuando vemos a María la mañana de Pentecostés con todos los Apóstoles en el cenáculo. Luego entonces a partir de este momento María fue acogida por los Apóstoles como propiedad de ellos y a través de los apóstoles por la Iglesia Católica.

También llama la atención que María que se mantuvo firme al pie de la cruz hasta él ultimo momento no estuviera con las mujeres que fueron de mañana al sepulcro, esto nos da a suponer que María esperaba la resurrección o que su hijo se le apareció, lo cual pudo ser muy bien ya que nos dice Pablo que primero se le apareció a Pedro – cosa que no narran los Evangelios (I Corintios 15, 5).



Hechos 1, 14

En el escenario encontramos las listas de los Apóstoles que estaban en continua oración y San Lucas nos dice que junto a estos había un grupo de Mujeres y María. Esto es tremendamente importante pues en el contexto Judío no se mencionaban a las mujeres ni a los niños, recuérdense el caso de la multiplicación "sin contar a las mujeres ni a los niños". Siguiendo este patrón la fuente que le contó a Lucas la mañana de Pentecostés mencionó a los Apóstoles y a un grupo de mujeres, sin embargo separa a la Madre de JESÚS con su nombre propio, lo cual da un indicio del lugar de honra en que ya sé tenia a la Madre de CRISTO en la Iglesia Primitiva.



Apocalipsis 12, 1 –18

En este capítulo muchos teólogos- inclusive católicos- insisten en ver a la Iglesia representada en esta mujer, con lo cual yo modestamente difiero. Primeramente al comienzo del versículo 1 nos dice que aparece una señal que es una mujer en estado de gestación de un hijo varón, esta figura ya la encontramos en Isaías 7, 14 y se refiere concretamente a María que es la señal del primer advenimiento de JESÚS, luego entonces con esta precedencia Biblia bien podemos entender que esta Señal en Apocalipsis 12 se refiera también a María como señal del segundo advenimiento de CRISTO.

Segundo, según San Pablo la Iglesia es el "Cuerpo de CRISTO" y el cuerpo de CRISTO no puede parir a CRISTO, puesto que es CRISTO mismo.

María, mujer que cumple la esperanza y el motivo de ser de Israel, nos aparece coronada por las doce estrellas, símbolo de las doce tribus, como Israel mismo, como el Sueño de José, que salvó a Israel (Génesis 37, 9-11), después de parir al Hijo Varón (María es la única que cumple esta misión en la Historia) el Hijo es llevado ante el trono de DIOS (Hechos 1, 9) y la mujer es llevada al desierto (versículo 6). El desierto en el contexto Bíblico nos indica el lugar donde DIOS sale al encuentro de su pueblo, donde lo guía, donde lo alimenta, donde lo corrige, donde lo prepara para la promesa (Óseas 2, 16) en este momento de la historia todo esto ocurre no ya en el desierto material, sino en la Iglesia. . Es en ella donde DIOS sale al encuentro de su pueblo, donde nos alimenta, donde nos amonesta, donde nos prepara para la promesa, luego entonces María se refugia en la Iglesia donde debe esperar el final de los tiempos, significados aquí por los "Tiempos" que nos recuerdan al profeta Daniel.

En los versículos del 13 al 18,se nos habla de nuevo al monstruo en persecución de la mujer, lo cual de nuevo nos recuerda la "enemistad entre ti y la mujer" del Génesis. Nunca como en nuestros días se le esta haciendo la guerra a la Madre del Salvador, lo cual concuerda con esta profecía. También se nos dice que al no poder hacer nada a la mujer se lanzará contra los hijos de la Mujer (Recordar Juan 19) o sea el demonio está en lucha contra los hijos de la mujer (de María) pues sabe que ellos tienen poder para derrotarlo. Poder que emana del Nombre y de la Cruz de JESÚS y que son identificados como hijos de María en la Fe (Tal como los judíos son hijos de la Fe de Abraham, nosotros somos; hijos de María en la Fe) y que según este versículo somos los que guardamos la Palabra de DIOS. Aquí vemos la importancia de esta Mujer, orgullo de la raza humana en el plan de la Salvación, desde el Génesis hasta el Apocalipsis y yo me pregunto hermano o hermana que leas esta corta reflexión, Es María una Mujer como cualquier otra?… Deja que el Espíritu te hable al corazón.



Los Padres de la Iglesia y María.

-El Protoevangelium de Santiago, escrito alrededor del año 120 A.D., muy cerca del tiempo en que vivió la Virgen María, tiene como tema principal demostrar su virginidad perpetua. Este documento relata que, cuando se profetizó el nacimiento de María, su madre, Santa Ana, la ofreció para el servicio del Señor, tal como Samuel había sido ofrecido por su madre (Cf 1Sam 1,11). María desde, muy pequeña, sería de las mujeres consagradas al servicio del Templo según la costumbre judía (Cf 1 Sam 2,22). Esta vida de servicio en el Templo no permitía ocuparse de hijos, por lo que requería la virginidad perpetua.
-Orígenes, defedió la virginidad perpetua de María (Comentario de S. Mateo 2,17 - 248 A.D.),
-Atanasio "El tomó verdadera carne de la siempre-virgen María" (Discurso contra los arianos 2,70 - 360 A.D.)
-Epifanio de Salamis "Cristo...nació perfectamente de la santa siempre-virgen María por el Espíritu Santo" (El Hombre bien Anclado 120- 374 A.D.)
-Jerónimo "En cuanto a Victorinus (obispo), yo afirmo lo que ya ha sido probado por el evangelio - que el (Victorinus) habló de hermanos del Señor no como hijos de María sino hermanos en el sentido que he explicado, es decir, hermanos en cuanto a relación, no por naturaleza". San Jerónimo entonces apoya su posición haciendo referencia a numerosos Padres, afirmando que ellos mantienen la misma posición a favor de la virginidad perpetua de María: Ignacio, Policarpo, Ireneo, Justino y otros. (Contra Helvidius: La Perpetua Virginidad de Maria 19 - 383 A.D. )
-Ambrosio "la Virgen no buscó la consolación de poder tener otro hijo" (Cartas 63,111 - 388 A.D.).
-Papa Sirucius I "Tenías buena razón de estar horrorizado de pensar que otro nacimiento pueda venir del mismo vientre virginal del que Cristo nació según la carne."Carta al obispo Anysius - 392 A.D."
-Agustín, "Al nacer de una Virgen que escogió permanecer Virgen aun antes de saber quien iba a nacer de ella, Cristo quiso aprobar la virginidad en vez de imponerla. Y quiso que la virginidad fuera escogida libremente aun en aquella mujer en la que el tomó para sí la forma de esclavo" (Santa Virginidad, 4,4 - 401 A.D.)
- "(María) Virgen perpetua. ¿Porque te extrañas de esto, oh hombre?" (Sermones 186,1 - 411 A.D.)
-"Herejes llamados Antidicomaritos son aquellos que contradicen la virginidad perpetua de María y afirman que después de Cristo naciera ella se unió con su esposo como uno" (Herejías 56 - 428 A.D.)
-Cirilo de Alejandría "El mantuvo a su Madre virgen aun después de ella dar a luz" (Contra aquellos que no quieren confesar que la Santa Virgen es la Madre de Dios 4 - A.D. 430)
-Papa Leon I "Virgen ella permaneció" (Sermones 22,2 - 450)
-El Concilio de Constantinopla II, 553 A.D. confirmó la doctrina de la encarnación del Verbo en María

San Ireneo, es uno de los Padres de la Iglesia que mas habla sobre Maria y ya esto a finales del siglo II lo cual indica que esta DOCTRINA estaba extendida en la Iglesia Apostolica, el escribe un asomboroso paralelo entre Eva y la Virgen María, se cree que este proviene de doctrina de San Justino sobre los años 150 DC

7. María
La vocación de María halla su lugar en la Economía de la salvación. En San Ireneo ocupa un sitio privilegiado, al punto de ser el gran mariólogo del siglo II. María está al servicio, primeramente de la real y verdadera encarnación de su Hijo; luego de toda su obra salvífica de la humanidad. Por ello precisamente se insinúa ya en este Padre la imagen de María como figura de la Iglesia (cf. III, 10,2).

7.1. María al servicio de la Encarnación. Propiamente no hay herejías mariológicas, porque todo el misterio sobre ella está al servicio de su Hijo: las hay cristológicas, que de rebote afectan el proyecto de Dios sobre su Madre. Por ejemplo San Ireneo describe cómo Cerinto habría afirmado que Jesús fue un hombre común nacido de José y María, sin embargo elevado sobre los demás seres humanos por su justicia, poder y sabiduría (cf. I, 26,1). Las diversas sectas gnósticas, que no podían aceptar la carne verdadera de Cristo, afirmaban que no tomó ni carne ni sangre de María; sino que «pasó por ella como el agua por un tubo» (I, 7,2; cf. III, 11,3; 16,1) dejándolo seco, y por tal motivo ella sería virgen. Por eso San Ireneo insiste en el servicio de María, como Madre virgen:

7.1.1. Madre verdadera, de la que según los Evangelios nació Jesús como hombre completo, garantiza contra los gnósticos la realidad de la carne de Jesús, sin la cual es imposible la vida histórica de Cristo, y su muerte y resurrección reales: «Yerran quienes afirman que él nada recibió de la Virgen... De otro modo habría sido inútil su descenso a María: ¿para qué descendía a ella, si nada había de tomar de ella?» (III, 22,1-2) Todos los signos que el Evangelio nos ofrece de la real humanidad de Jesús, son una prueba de que «éste es el Hijo de Dios, Señor nuestro, Verbo existente del Padre, e Hijo del Hombre porque es de (ex) la Virgen María, que tuvo su origen de los hombres puesto que ella era un ser humano» (III, 19,3). Porque el Hijo, al hacerse carne, debía recapitular en sí lo que había caído (esto es, la humanidad heredera de Adán), el hecho de nacer realmente de María es la prenda de que él es hijo y descendiente de Adán, cuya simiente había de asumir para poder transformarla en lo que él es como Dios. Por eso su carne es la misma carne de María, hija de Adán (cf. III, 21,10, V, 1,2). Pero también por medio de ella Jesús se liga a la generación de Abraham y de David, y sólo por tal motivo el Hijo de María puede llegar a ser el cumplimiento de las promesas hechas a los Padres (cf. III, 16,2-3; D 35-36, 40, 59).

7.1.2. Madre virgen. Es el signo que el Padre eligió para revelar la divinidad de su Hijo y de su intervención salvífica directa en la historia del hombre (cf. III, 21,1.6).

Lutero tradujo y comentó en unas treinta páginas para suscitar actitudes virtuosas el Magnificat[1] desde noviembre de 1520, estando condenada su doctrina global y él excomulgado, además proscrito en la dieta de Worms porCarlos V por su rechazo a la autoridad del papa y de los concilios,
terminando en junio de 1521 en Wartburg en su secuestro fingido por su protector Federico de Sajonia.

[1] LUTERO. Obras. Salamanca, Sígueme, 1977, pp.176-204. Trad. del Dr. Teófanes Egido.
Escrito por Hno. Enrique García Ahumada, F.S.C.

Introduce este opúsculo con la invocación: "Que esta dulce madre de Dios me consiga capacidad de espíritu para comentar su cántico útil y profundamente". Comienza afirmando que "la bienaventurada virgen María habla en fuerza de una experiencia peculiar por la que el Espíritu Santo la ha iluminado y
adoctrinado".

Y sigue: "La dulce madre de Dios, por el ejemplo de su experiencia y por medio de su palabra nos dice la forma en que se tiene que reconocer, amar yalabar a Dios". A los religiosos autocalificados de descalzos y observantesque, según él, alardean de sus obras sin tener en cuenta la importancia de
la fe, contrapone la fe de María que "no dice: 'yo ensalzo a Dios', sino'mi alma'; como si quisiera expresar: 'mi vida, todos mis sentidos, seciernen en el amor, alabanza y gozo divinos con tal intensidad, que mesiento arrastrada a alabar a Dios con fuerza superior a las mías'. La
considera "persona tan excepcional entre todo el género humano, que nadie se le puede equiparar" y la llama "reina del cielo, como lo es en verdad".

Continúa (y en esto coincidimos todos los Cristianos): "Lo que no se puede hacer, como lo creen algunos que la invocan y confían en ella, es convertirla en ídolo capaz de dar y de ayudar más que en el mismo Dios. No es ella la que da, es Dios quien concede". Y agrega: "Se la tiene que
invocar para que Dios, por su voluntad, nos conceda y haga lo que le suplicamos. Y de esta forma hay que invocar también a los santos restantes, de manera que la obra entera se atribuya sólo a Dios". Termina invitando:
Pidamos a Dios que nos conceda la recta inteligencia de este Magnificat: que no se contente con iluminar y hablar, sino que inflame y viva en el cuerpo y en el alma. Que Cristo nos lo conceda por la intercesión y la voluntad de su querida madre María. Amén".


Ver mas en el Catecismo breve de 1529 y ratificada en los artículos de
Schmalkalda en 1537.




EVA


MARIA/NUEVA EVA

Era aún virgen, aunque tenía esposo.


Era virgen pero casada con José

Fue seducida para hacer el mal (mentira)


Recibe la buena noticia de la verdad

Un ángel la seduce (ángel caído, demonio)


Un ángel le trae la Palabra

EVA: DESOBEDECE


MARIA: OBEDECE

Causa de muerte para ella y la raza humana


Causa de salvación para ella y la raza humana

Ató la libertad del hombre


Libera al hombre de la atadura

Su desobediencia procede de su falta de fe.


Su obediencia procede de su fe

Al desobedecer, huye de la presencia Dios


Al obedecer, atrae a Dios a su ceno.

Por una virgen la raza humana fue sentenciada a la muerte. causa mortis


Por una Virgen la raza humana es salvada. causa salutis



"Madre de Dios y siempre virgen"



APOLOGÉTICA DE MARIA

1. Se le debe dar a La Virgen María él titulo de "Madre de DIOS"?

Por supuesto que bien dado Bíblicamente. Es el ESPÍRITU SANTO quien se lo da por boca de Isabel (cuando el ESPÍRITU SANTO habla es garantía de inerrancia). En San Lucas 1, 43 Isabel llena del ESPÍRITU SANTO llama a María "Madre de mi SEÑOR" este SEÑOR con S se traduce del Griego Kurios que es la traducción griega del ADONAI hebreo, luego entonces el ESPÍRITU SANTO está llamando a María "Madre de Adonai" o sea Madre de DIOS. NO quiere decir que María ha creado a DIOS, quiere decir que llevo en su vientre y encarnó (dio carne) a la segunda persona de la Trinidad. Ya en el Siglo III Orígenes la llamaba la Theotokos (Madre de DIOS en Griego) JESÚS como DIOS es increado, pero es Encarnado en el vientre de una mujer, por lo tanto esta es Madre terrenal de DIOS.



2. Algunos dicen que María es la Madre solo de JESÚS?

En Teología se habla de la "Unión Hipostática" o sea de que en JESÚS no se puede separar la naturaleza humana de la Divina, pues están unidas intrínsecamente (doctrina común en todas la Iglesias Cristianas). Decir que María es la Madre de JESÚS solamente es caer en la herejía llamada "Monarquianismo dinamistico" u otra llamada "Adopsionismo" ambas del siglo IV y condenadas por los concilios. Luego entonces al existir en JESÚS una unión "Hipostática" o sea al no poderse separar las dos naturalezas de JESÚS, María dio a luz NO la parte humana de JESÚS, sino a toda la Segunda Persona de la Trinidad llamada a partir de este momento "El Hijo".



3. Hay quien dice que la Iglesia "Invento" el término de la Inmaculada Concepción en el Siglo XIX?.

Falso, en el siglo XIX esta doctrina se declaró "Dogma" o Doctrina de la Iglesia, pero era un concepto que venía desde los albores del cristianismo y que se atesora en las Iglesias orientales, en San Lucas 1, 28 el ángel llama a María KECHARITOMENE que fue traducido por San Jerónimo como "Gratia Plena". Veamos, la palabra griega la cual indica "Gracia permanente o perfección de Gracia" (Catholic Answers) este verbo griego es usado en "pasivo perfecto" lo cual denota una continuación completa de acción, con lo que se quiere decir que María nunca estuvo en contacto con el pecado, esto como dijo Pío IX en el texto de declaración del dogma "Todo esto en atención a los méritos de JESUCRISTO, Salvador del genero humano". La persona de la cual JESÚS tomó carne y sangre no pudo estar jamás en poder del enemigo de la raza humana. DIOS no es compatible con el pecado. Era un concepto hebreo que el pecado se transmitía por la madre (salmo 51). Es por esto y en honor a JESUS que la Iglesia dice que por un privilegio especial María fue eximida del pecado original.

En la Escritura se le llama a Esteban “lleno de Gracia” pero la palabra Gracia que se utiliza en Esteban es Xapis (Karis) que es la misma que se utiliza cuando el ángel le dice a Maria que “ha hallado gracia ante Dios” (Lucas 1,30) y que en este caso si habla de que Dios le ha sido favorable (ojo una acción puntual que no es el Kekaritomene de Lucas 1,28) O sea que en San Lucas 1, 28 se expresa una acción interna permanente donde no hay cabida al pecado, pero en Hechos 6,8 se refiere a una acción recibida en un momento y dada por Dios y aunque es en el espíritu es momentánea y se puede perder como dice San Pablo en Romanos 1, 5 “y RECIBIMOS gracia y el Apostolado”

María exclama en el Magnificat “me alegro en el Dios que me salva” y muchos de esto deducen que María cometió pecado. Primeramente seria bueno recalcar que María a pesar de ser concebida sin Pecado Original es redimida como Criatura junto a toda la creación y que su concepción sin pecado la podemos definir como una “Redención anticipada” ya que fue Concebida en este termino por los meritos de Jesús, pero San Agustín define preciosamente esto en sus escritos .En ellos San Agustín da gracias a Dios por salvarlo de los pecados que cometió y también de los que no cometió. De los primeros lo salvó perdonándoselos y de los segundos dándole la gracia para no cometerlos. Es como si yo agradeciera al Dr. Sabin por haberme salvado de la poliomielitis que nunca tuve (gracias a su vacuna). María ha sido redimida por el Sacrificio de Jesucristo en la Cruz del Calvario, tal como cualquiera de nosotros pero de una manera más excelente. En lugar de borrarle el pecado original, la preservó de contraerlo, y en lugar de perdonarle sus pecados personales, le dio la gracia de no cometerlos jamás. Por eso María puede y debe llamarlo "mi salvador", con tanta o más razón que nosotros. Los cristianos no católicos suelen tener dificultad en aceptar que nosotros veneremos a María como concebida sin pecado y al mismo tiempo afirmemos que ha sido redimida por Jesucristo, pero como hemos visto, no hay contradicción alguna en ello. . Ella misma lo proclama, en Lucas 1, 46 María canta:" Me alegro en el DIOS que me salva". Aún faltan 33 años para la redención y María se proclama redimida, salvada. En "atención a los méritos de su hijo" esto es la Inmaculada Concepción.

El mismo San Judas nos da la clave en su Epistola cuando dice:

“Al que es CAPAZ de guardarlos inmunes de caída y de presentarlos sin mancha ante su gloria con alegría” San Judas 1, 24

Dios es capaz de guardar inmune a quien quiere, si no a su Madre a quien?? A ti?? A mi?? que hemos hecho por el como no sea pecar???

Sobre la Inmaculada el sentido común nos dice,

Dios lo puede? La respuesta es SI. Pues si lo puede y además lo quiere lo hace.!



4. Fue Maria siempre Virgen?



La Iglesia desde los primeros tiempos conservó esta tradición. San Agustín decía en el siglo IV: "María fue Virgen al concebir a su Hijo, Virgen durante su embarazo, Virgen en el parto, Virgen después del parto, Virgen siempre." La Virginidad de María es la "Señal" según Isaías y si una señal pierde su sentido deja de ser tal.

En Israel los objetos consagrados a DIOS eran solo de su uso exclusivo, por ejemplo los vasos culturales eran nuevos, sin usar o "vírgenes" y después de utilizados al ser desechados se enterraban en el área del Templo para que nadie los utilizase de nuevo, pues eran posesión de YAVEH. El Arca de la Alianza no podía ser tocada por nadie y quien la tocaba moría (ver II Samuel 6, 2-8), esta era propiedad de YAVEH y su sombra "descendía sobre ella" al igual que en María (Lucas 1, 35).

Los miembros de las Iglesias protestantes utilizan el texto de San Mateo 1, 18 "pero antes que se unieran se halló en cinta por obra del ESPÍRITU SANTO" y en el Versículo 1, 25 "Pero no la conoció hasta que dio a luz su hijo". En el léxico griego las palabras "antes" prin y "hasta" Heos, indican una condición anterior, no posterior, o sea no indican una situación reversible, como ejemplo podemos ver en II Samuel 6, 23 donde dice " y Mical, hija de Saúl no tuvo más hijos hasta el día de su muerte" lo cual no indica que después de muerta tuviera más hijos.

También en Juan 4, 49 vemos que el oficial de Cafarnaun dice a JESUS " el oficial rogó: SEÑOR desciende antes que mi hijo muera" y nos dice el versículo 51 que el muchacho no murió. Hemos visto dos situaciones donde se utiliza la palabra antes y después y donde no precisamente estas indican reversibilidad de situación.

También se utiliza a San Lucas 2, 7 "Y dio a luz su hijo primogénito..", Aquí utilizan la lógica que primogénito quiere decir primero, lo cual es un error. Primogénito es según el libro del Éxodo 13, 1 el primer varón nacido de mujer, no importa si después no nacían mas hijos, o sea era una posición de honor, no de orden numérico. Esta primogenitura se podía perder o cambiar y vemos con en el caso de Jacob que era el segundo "Robó" la primogenitura y también Rubén hijo de este la perdió por un problema de mala conducta. También vemos que en I Crónicas 23 – 17 dice "El hijo de Eliezer fue Rehabias, el primero (o primogénito), Eliezer no tuvo otros hijos". Luego entonces también queda demostrado que la palabra primogénito no implica la existencia de más hermanos.



Por si fuera poco el mismo Señor nos indica en Profecía que por donde Dios pasa NADIE puede volver a pasar, esto se encuentra en Ezequiel 44,44

44 1 El hombre me hizo volver en dirección a la puerta exterior del Santuario, la que miraba hacia el oriente, y esa puerta estaba cerrada.

2 Entonces el Señor me dijo: "Esta puerta permanecerá cerrada. No será abierta, y nadie entrará por ella, porque el Señor, el Dios de Israel, ha entrado por ella. Por eso permanecerá cerrada.



Desconocer la Virginidad de Maria es desconocer la santidad de Dios.



5- Es cierto que María tuvo más hijos?




Los protestantes se basan el texto de San Mateo 13, 55 "No se llaman sus hermanos Santiago, José, Simón y Judas?" El hecho de que Jesús es llamado el HIJO DE MARIA, y no "uno de los hijos de María", es claro indicativo de que Jesús es el único hijo de María. Es importante también notar en el pasaje anterior donde la Biblia dice que Jesús es hijo de María y aparte dice: hermano de Santiago, Simón, Judas y José. Nunca dice que María es madre de Santiago, José, Judas y Simón.

Las palabras griegas para designar hermanos y hermanas son adelfos y adelfe, respectivamente las cuales son traducciones de la palabra hebrea ACH que se traduce como "pariente". Un ejemplo de esto lo vemos en Génesis 13, 8 donde Abraham llama "Hermano" a Lot cuando la Biblia nos dice que eran tío y sobrino (Génesis 12, 5), también en Levítico 10, 1-5 donde se llama hermanos a Misael, Elisafan, Nadad y Abiu cuando en realidad eran primos.

Los mismos nombres de los "Hermanos" de JESúS los encontramos como hijos de otras personas. Si comparamos a San Mateo 13, 55 con San Juan 19, 25 y San Marcos 15, 40 nos damos cuenta que Santiago y José son en realidad hijos de "Otra María" pariente de la Madre de JESúS, ya que no puede ser hermanas como dice el texto ya que dos hermanas no pueden llevar el mismo nombre. Simón y Judas son mencionados unidos en Hechos 1, 12-13 como discípulos de JESúS. En San Mateo 2, 13 el ángel que se aparece a José se refiere a María y a JESúS como "El niño y su Madre" nunca como "Tu esposa y el niño". Es inconcebible en el mundo hebreo que se llamara a la esposa de un hombre "la madre del niño", pues la esposa era posesión del marido, vemos en Génesis 19, 15 como los ángeles al hablarle a Lot le hablan en la forma HEBREA "toma a TU MUJER y a tus hijas", cosa que no ocurre con María y JESúS. Según este texto de San Mateo vemos claramente que José no era el "marido" de María sino como los ángeles sabían, era el protector de la Madre y el Niño únicos en esta relación. Sucede que en la peregrinación de sus padres a Jerusalén, no vimos ningunos hermanos, cuando Jesús tenía doce años de edad. (Lc 2,41-49).





En el pasaje de Jesús perdido en el Templo también tenemos que estar de acuerdo que no hay hermanos ya que María le dice a Jesús:

Mira que tu padre y yo estábamos angustiados buscándote. No dice: mira que tu padre, yo y tus hermanos estábamos angustiados buscándote. (V 48)

Donde podemos afirmar que a doce años de que María se casó con José, no tenían otro hijo que Jesús. Entonces eso significa que si María hubiera tenido relación con José después de que nació Jesús, claramente hubiera tenido al menos otro hijo, puesto que en ese tiempo, no había métodos de planificación familiar. ¿Podríamos afirmar que después de 12 años de casada con José, nunca atinaron a tener otro hijo?

Entonces en el momento que la Palabra habla de hermanos de Jesús, si fueran hermanos hijos de Maria tendríamos que hacer esta consideración: cuando Jesús comenzó su ministerio a los 30, los hermanos deberían de tener, por lo menos 18 años (ya que hay 12 años sin hijos) pero .. ¿Sabemos por tradición que edad tenía José cuando murió??? yo especulo que José murió siendo Jesús muy joven ya que en las bodas de Caná no aparece (y otra vez aparece Jesús sin hermanos en este pasaje donde la Madre es la invitada) por lo tanto seria prácticamente imposible que después de 12 años de infertilidad María hubiera tenido tantos hijos e hijas en un periodo aproximado de 9 años, pues si contamos a todos los hermanos de Jesús, serian mas de 6, pues está mencionado José, Simón, Santiago, Judas y las hermanas (plural) de Jesús, y estas ya tenían una vida publica en las sinagogas (Mt 13,53-57) por otra parte para tener autoridad de entrar en la Sinagoga había que ser mayor de edad, y los nazarenos dicen claramente: “¿no están sus hermanos y hermanas entre nosotros?” Lo cual nos hace pensar que sus hermanas ya eran unas señoritas mayores, pues las niñas siendo mujeres judías, sino me equivoco estaban sumisas a la familia hasta la adolescencia donde ya tenían libertad para casarse pero mientras fueran niñas, no podían juntarse ni de amistad con varón alguno. Es por eso que creo que es imposible que fueran hijas e hijos de María y anduvieran entre fariseos a tan corta edad.



Por otra parte, el Hebreo es un idioma con pocas palabras descriptivas y no tiene la Palabra “Hermano” como la tenemos nosotros, ellos utilizan para designar definitivamente a un hermano como “ Hijo de su madre”, vea en Gn 43.29, así como «hija de mi padre» es «mi hermana» (Gn 20.12). Por lo general, estas frases se refieren únicamente a hermanos consanguíneos, mientras que los términos


Otro aspecto que llama la atención del evangelio es que los hermanos de Jesús aparecen siempre como mayores que Jesús en edad, pues se permiten darle consejo y regañarle.

“Y le dijeron sus hermanos (ἀδελφοὶ): Sal de aquí y vete a Judea, para que también tus discípulos vean las obras que haces” Juan 7, 3.

“Se enteraron sus parientes17 (παρ'- par) y fueron a hacerse cargo de él, pues decían: Está fuera de sí” Marcos 3, 21.

Pero si Jesús era el primogénito esto hubiera ido en contra de la costumbre judía y del pueblo de Oriente. Sólo les era permitido tutelar sobre el resto de la familia a los hermanos mayores, pero no viceversa. El mayor aconsejaba y mandaba al menor.



Comencemos por mostrar algunas citas bíblicas de la Septuaginta18 llamada también de los Setenta (LXX), la más antigua e importante entre las traducciones de la Tanach (תַּנַ"ךְ)19 judía al griego, utilizada por Jesús y los primeros cristianos, la cual usa el término hermano para referirse a parientes y no a hijos del mismo padre y madre o de alguno de los dos, con sus respectivos textos explicativos:

Gn 13, 8: Abram le dijo a Lot su sobrino: “Mira, es mejor que no haya peleas entre nosotros, ni entre mis pastores y los tuyos, ya que somos hermanos (ἀδελφοὶ)”.

Gn 14, 14: “En cuanto oyó Abram que los cuatro jefes habían llevado prisionero a su hermano – (ἀδελφὸς) Lot, escogió trescientos dieciocho de sus hombres”.

Gn 11, 27-28: “Terá fue padre de Abram, de Najor y de Harán. Harán fue padre de Lot”.

Gn 11, 31: “Terá tomó consigo a su hijo Abram, a su nieto Lot, hijo de Harán, y a su nuera Saray, esposa de Abram”.

Gn 12, 5: “Abram tomó a su esposa Saray y a Lot, hijo de su hermano – (ἀδελφὸς), con toda la fortuna que había acumulado”.

Gn 14, 12: “Se llevaron también con ellos a Lot, hijo del hermano – (ἀδελφοῦ) de Abram”.

Encontramos en los textos anteriores que Abraham es tío de Lot, pues éste es hijo de su hermano Harán; sin embargo, en lugar de referirse a él como su sobrino, que es lo que en realidad era, lo llama su hermano en Gen 13,8; 14,14.

En los siguientes versículos del Génesis vemos como Rebeca llama a su hija hermana:

Gn 24, 55-60: “55 El hermano y la madre de Rebeca dijeron: 56 así él les dijo: 57 ellos dijeron: 58 Llamaron, pues, a Rebeca, y le dijeron: <¿Qué? ¿Te vas con este hombre?> , contestó ella. 59 Entonces despidieron a su hermana – (ἀδελφὴν)Rebeca con su nodriza, y al siervo de Abraham y a sus hombres. 60 Y bendijeron a Rebeca, y le decían: <¡Oh hermana – (ἀδελφὴν) nuestra, que llegues a convertirte en millares de miríadas, y conquiste tu descendencia la puerta de sus enemigos!>”.

Gn 29, 15: Labán le dijo (a su sobrino Jacob): “¿Acaso porque eres hermano – (ἀδελφοῦ)mío vas a trabajar para mí de balde?”.

Gn 29, 10: “Apenas Jacob vio a Raquel, hija de Labán, hermano – (ἀδελφοῦ) de su madre...”.

Gn 29, 13: “Apenas supo Labán que Jacob era el hijo de su hermana – (ἀδελφῆς), corrió a su encuentro...”.

Aquí, en los textos previos, hemos podido ver otro buen ejemplo del uso del término hermano (ἀδελφός, ἀδελφοῦ). Labán es hermano de Rebeca, cuyo hijo es Jacob. Por lo tanto, Labán es tío de Jacob. Pese a todo, igual lo llama hermano sin que por eso exista un error en la Biblia. Lo que ocurre, como hemos dicho, es que la palabra hermano en la Biblia puede ser usada para referirse al parentesco en general.





2 Sm 13, 1: “Absalón, hijo de David, tenía una hermana – (ἀδελφὴ) muy bella llamada Tamar”.

2 Sm 14, 27: “(Absalón) tuvo tres hijos y una hija que se llamaba Tamar y era muy bella”.

En este tercer caso, vemos que la Biblia refiere que Absalón tenía una hermana llamada Tamar, sin embargo, si revisamos bien veremos que en realidad Tamar era su hija.

Para reforzar lo dicho anteriormente, veamos otros textos bíblicos que muestran los diversos sentidos de la palabra hermano en la Biblia. Primero, para referirse a un parentesco diferente a los hijos de los mismos padres; ya sean primos, tíos, esposos, novios, o incluso, para referirse a amigos:

Gn 24, 60: “Y bendijeron a Rebeca, diciendo: Hermana – (ἀδελφὴν) nuestra, ojalá des vida a multitudes”.

Gn 27, 37: “Respondió Isaac: Lo he hecho tu señor y señor de todos tus hermanos – (ἀδελφοὺς).
Gn 31, 54: “Jacob ofreció un sacrificio en el monte y convidó a comer a todos sus hermanos – (ἀδελφοὺς).
Lev 25, 48-49: “48 Después de haberse vendido le quedará el derecho de rescate; uno de sus hermanos – (ἀδελφῶν) podrá rescatarlo. 49 Lo rescatará su tío paterno, o el hijo de su tío, o algún otro pariente – (ἀδελφοῦ) cercano suyo dentro de su familia”.

Jos 17, 3-4: “3 Pero Zelofehad..., no tuvo hijos sino hijas… 4 Ellas se presentaron … diciendo: Yahvé ordenó por medio de Moisés que se nos diese posesión en medio de nuestros hermanos – (ἀδελφῶν). Se les dio entonces una herencia en medio de los hermanos – (ἀδελφοῖς) de su padre”.

2 Sm 1, 26: “Por ti estoy apenado, Jonatán, hermano – (ἄδελφέ) mío … Tu amistad era par mí más maravillosa que el amor de las mujeres”.

1 Cr 23, 22: “Hijos de Majlí: Eleazar y Quis. Eleazar murió sin tener hijos; sólo tuvo hijas, a las que los hijos de Quis, sus hermanos -(ἀδελφοὶ) , tomaron por esposas”.

Tob 8, 4: “Tobías se levantó de la cama y dijo a Sara: Levántate, hermana - (ἀδελφή) , y pidamos a nuestro Señor que tenga misericordia”.
Tob 8, 7: “Ahora, Señor, tomo a mi hermana – (ἀδελφήν) con recta intención y no buscando el placer”.

Cant 4, 9: “Me robaste el corazón, hermana – (ἀδελφή) mía, novia mía, me robaste el corazón con una sola mirada tuya”.

Cant 4, 10,12: “10 ¡Qué amorosas son tus caricias, hermana –(ἀδελφή) mía, novia mía!. 12 Un jardín cercado es mi hermana – (ἀδελφή), mi novia, huerto cerrado”.

Cant 5, 1: “He entrado en mi huerto, hermana –(ἀδελφή) mía, novia mía”.

Cant 5, 2: “Oí la voz de mi amado que me llamaba: ábreme, hermana –(ἀδελφή) mía, compañera mía, paloma mía, preciosa mía”.




Notemos como los traductores de la traducción De los Setenta no dudaron en traducir “ajím” אַחִים (Hebreo) como “ἀδελφός” (Griego) aún en los casos en donde el parentesco no era de hermanos hijos de un mismo padre o de una misma madre. Por esto, los primeros cristianos en Palestina hubieran llamado hermanos a los primos que Jesús hubiese tenido y al traducir sus escritos o predicaciones al griego, es muy probable que la palabra aramea “ajím” אַחִים hubiera sido representada literalmente con la palabra griega “ἀδελφοὶ”, hermanos.




Es claro entonces que los parientes de Jesús eran llamados, en el Nuevo Testamento, hermanos de Jesús, de la misma manera como José era llamado su padre por la misma María en Lucas 2, 48 y por Felipe en Juan 1, 45. Le preguntaríamos entonces a nuestros hermanos separados, basados en estas dos referencias Bíblicas ¿Podemos decir luego que Jesús era hijo de José y no del Espíritu Santo?, la respuesta que me darían seguramente es que NO, que José era solo su padre por atribución ya que Jesús fue engendrado por el Espíritu Santo. Entonces ¿Por qué no usar este mismo razonamiento aplicado a los llamados hermanos de Jesús?.




También tenemos otro ejemplo de uso de la Palabra "Primogénito" que NO da sentido de orden en la maternidad, o sea que no es indicio de que primogénito hable de más hijos. En Hebreos 1, 6 dice "Y otra vez cuando introduce al PRIMOGéNITO, definitivamente Dios esta hablando y en el versículo anterior Dios se dice "Padre" de Jesús. Entonces no podemos mas que definir que aquí se le llama "primogénito de Dios" eso quiere decir que Dios tiene más Hijos? Definitivamente no, Jesús es Hijo único de Dios y como dice la Biblia Protestante "Plenitud" en sus notas, este llamar a Jesús "primogénito" es en referencia a su preeminencia, así que vemos otro ejemplo que primogénito no se utiliza como sentido de orden en relación a otros hermanos sino como honor y consagración."

Un hermano (Miguel González) Profesor de Derecho Romano me escribe con mucha lógica:

“Hablemos un poco de Derecho Antiguo, materia en la cual soy considerado una autoridad, (si se disculpa la expresión, habiendo sido titular de la Cátedra de Derecho Romano por muchos años en las Universidades de Mayor prestigio en mi Estado), para los que no conocen cuestiones de Derecho Antiguo les explico, en los pueblos antiguos, el parentesco se dió legalmente a través de dos formas: sistema Agnaticio (Agnatio) y sistema Cognaticio (Cognatio)los Hebreos así como todos los pueblos que seguían el sistema Patriarcal, (Agnatio)sólo reconocían el parentesco que se daba a través del padre, dos "hermanos de madre" NO eran hermanos, sin embargo dos "hermanos de Padre" si lo eran a pesar de tener diferentes madres, para los que quieren siempre fundamento en la Biblia, busquen en el Antiguo Testamento, por ejemplo...entre otros la historia de José en el génesis, sus Hermanos eran hijos de diferentes madres, pero todos eran hermanos...San Juan Bautista, hijo de Zacarías e Isabel, prima de la Santísima Virgen María, era primo de JESúS según nuestro sistema familiar, pero no según el sistema Agnaticio, sin embargo compartían la misma "sangre"a través del parentesco de sus madres...José, Simón, Santiago y Judas, son hermanos entre sí, hijos de Cleofás (Alfeo, según la tradición hermano de San José)y de otra mujer llamada también María, por lo tanto primos hermanos de Jesús,.... Cuando en la antigüedad se quería establecer el vínculo entre dos personas hijos de la misma mujer, (legalmente no eran Hermanos) se hacía referencia a la madre................la TRADUCCIóN (del Arameo al Griego, de este al Latín y finalmente al Español) de la escritura se lee "hermanos de JESúS",( el sentido es primos).....la escritura nunca dice hijos de María....el que cree no necesita pruebas..Para el que no mil no son suficiente




6. Por qué los católicos dicen que María subió a los cielos sí esto no está en la Biblia?

Primeramente si seguimos esta lógica tiene que pensar también que "José no murió", pues la Biblia no nos habla de este hecho, sin embargo la lógica nos dice que si ocurrió. La Asunción de María no se encuentra en los Evangelios pues el fin de los Evangelios es anunciar el señorío de JESUCRISTO y la Salvación. Muchos hechos de la historia de la Iglesia no se encuentra en los Evangelios tales como la muerte de Pedro y Pablo, hechos importantísimos de la Iglesia primitiva, el mismo hecho de que JESÚS se le apareció primero a Pedro no lo narra los Evangelios, sin embargo Pablo lo da por cierto (I Corintios 15, 5).

La Asunción no está en las Escrituras, pero ella no contradice a esta, pues antes de María hay otras dos personas que subieron en cuerpo y alma a los cielos y a nadie le causa escándalo decir que Enoc (Gen 5, 24) y Elías (II Reyes 2, 11) fueron llevados al cielo en cuerpo y alma. Todas las Iglesias primitivas no católicas (Caldea, Copta, Asiria, Armenia, Ortodoxa) aceptan la Asunción y la celebran. Una de las primeras fiestas de la Virgen que se celebró fue la de la Asunción que ya en el Siglo IV se celebraba en Jerusalén y en esa época una capilla ya marcaba el lugar donde hoy se encuentra la Iglesia Griego-Armenia de la Asunción en el monte de los Olivos.

Según un Diccionario no Católico y Secular:

“La primera referencia oficial a la Asunción se halla en la liturgia oriental; en el siglo IV se celebraba la fiesta de "El Recuerdo de María" que conmemoraba la entrada al cielo de la Virgen María y donde se hacía referencia a su asunción. Esta fiesta en el siglo VI fue llamada la Dormitio (χοίμŋσις) o Dormición de María, donde se celebraba la muerte, resurrección y asunción de María. El emperador bizantino Mauricio decretó que se la fiesta se celebrara el 15 de agosto en todo el imperio; conviene aclarar que sólo fijó una fecha, no “inventó” la fiesta, ya que ésta se celebraba desde antes.

Otro testimonio que evidencia la celebración la da San Gregorio de Tours quien en su obra “De Gloria Martityrum” señala que ésta fiesta la celebraban en Jerusalén al final del siglo VI.

Los relatos apócrifos sobre la asunción de María aparecen aproximadamente desde el siglo IV y V. Siendo el más difundido y posiblemente uno de los más antiguos en el oriente bizantino el "Libro de San Juan Evangelista (el Teólogo)". Este y otros escritos apócrifos tuvieron gran influencia en diversas homilías y escritos de los oradores orientales, como por ejemplo Juan de Tesalónica, Juan de Damasco, San Andrés de Creta, San Germán de Constantinopla, entre otros. Si bien no tenían ni tienen carácter histórico, la Iglesia Católica vio en estos escritos el fondo teológico que existía y del cual los relatos eran expresiones adornadas.”

Por lo que sabemos hay una tradición con la Iglesia Apostólica especialmente la de Jerusalén

De la Asunción de María ya se habla en:

-“Transitus Mariae” , cuyo núcleo originario se remonta a los siglos II y III.



- Melitón de Sardes (año 180 DC). Melitón viajó a Jerusalén para informarse de la tradición eclesiástica y escribió con profusión sobre una gran variedad de temas El autor imagina que Cristo pregunta a los Apóstoles qué destino merece María, y ellos le dan esta respuesta: “Señor, elegiste a tu esclava, para que se convierta en tu morada inmaculada ... Por tanto, dado que, después de haber vencido a la muerte, reinas en la gloria, a tus siervos nos ha parecido justo que resucites el cuerpo de tu Madre y la lleves contigo, dichosa, al Cielo”.



- La carta de Dionisio el Aeropagita al obispo Titus (363), el "Joannis liber de Dormitione Mariae"



“Debes saber, ¡oh noble Tito!, según tus sentimientos fraternales, que al tiempo en que María debía pasar de este mundo al otro, es a saber a la Jerusalén Celestial, para no volver jamás, conforme a los deseos y vivas aspiraciones del hombre interior, y entrar en las tiendas de la Jerusalén superior, entonces, según el aviso recibido de las alturas de la gran luz, en conformidad con la santa voluntad del orden divino, las turbas de los santos Apóstoles se juntaron en un abrir y cerrar de ojos, de todos los puntos en que tenían la misión de predicar el Evangelio. Súbitamente se encontraron reunidos alrededor del cuerpo todo glorioso y virginal. Allí figuraron como doce rayos luminosos del Colegio Apostólico. Y mientras los fieles permanecían alrededor, Ella se despidió de todos, la augusta (Virgen) que, arrastrada por el ardor de sus deseos, elevó a la vez que sus plegarias, sus manos todas santas y puras hacia Dios, dirigiendo sus miradas, acompañadas de vehementes suspiros y aspiraciones a la luz, hacia Aquél que nació de su seno, Nuestro Señor, su Hijo. Ella entregó su alma toda santa, semejante a las esencias de buen olor y la encomendó en las manos del Señor. Así es como, adornada de gracias, fue elevada a la región de los Ángeles, y enviada a la vida inmutable del mundo sobrenatural.

“Al punto, en medio de gemidos mezclados de llantos y lágrimas, en medio de la alegría inefable y llena de esperanza que se apoderó de los Apóstoles y de todos los fieles presentes, se dispuso piadosamente, tal y como convenía hacerlo con la difunta, el cuerpo que en vida fue elevado sobre toda ley de la naturaleza, el cuerpo que recibió a Dios, el cuerpo espiritualizado, y se le adornó con flores en medio de cantos instructivos y de discursos brillantes y piadosos, como las circunstancias lo exigían. Los Apóstoles inflamados enteramente en amor de Dios, y en cierto modo, arrebatados en éxtasis, lo cargaron cuidadosamente sobre sus brazos, como a la Madre de la Luz, según la orden de las alturas del Salvador de todos. Lo depositaron en el lugar destinado para la sepultura, en el lugar llamado Getsemaní.

“Durante tres días seguidos, ellos oyeron sobre aquel lugar los aires armoniosos de la salmodia, ejecutada por voces angélicas, que extasiaban a los que las escuchaban; después nada más.

“Eso supuesto para confirmación de lo que había sucedido, ocurrió que faltaba uno de los santos Apóstoles al tiempo de su reunión. Este llegó más tarde y obligó a los Apóstoles que le enseñasen de una manera palpable y al descubierto el precioso tesoro, es decir, el mismo cuerpo que encerró al Señor. Ellos se vieron, por consiguiente, obligados a satisfacer el ardiente deseo de su hermano. Pero cuando abrieron el sepulcro que había contenido el cuerpo sagrado, lo encontraron vacío y sin los restos mortales. Aunque tristes y desconsolados, pudieron comprender que, después de terminados los cantos celestiales, había sido arrebatado el santo cuerpo por las potestades etéreas, después de estar preparado sobrenaturalmente para la mansión celestial de la luz y de la gloria oculto a este mundo visible y carnal, en Jesucristo Nuestro Señor, a quien sea gloria y honor por los siglos de los siglos. Amén”.



- San Epifanio de Salmina (371 ) Coloca en la profesión de fe que María (v.) fue siempre virgen (PG 43,233). Y en una carta habla de la Dormición y Transito de María



- San Juvenal, Patriarca de Jerusalem. Carta a la Emperatriz Pulquería 451

“al tiempo que la Sagrada Virgen espiró, se oyeron cantos de ángeles, y que se prosiguió la música y melodía hasta que el cuerpo santo fue llevado por los Apóstoles, que también cantaban con voces acompañadas de lágrimas y suspiros, a Getsemaní, y allí puesto en un sepulcro. Ni por estar el santo cuerpo sepultado cesó la angelical melodía, antes se oyeron cantar himnos celestiales por tres días continuos, y pasados éstos, no se oyó más. Y porque llegando a esta sazón el Apóstol Santo Tomé, y pedir a los demás Apóstoles se abriese el sepulcro para ver y reverenciar el santo cuerpo, concediendo con su petición, abrióse el sepulcro, y no pareció el cuerpo santo. Estaban allí los lienzos en que fue envuelto, y salía un olor suavísimo y de gran recreo, y otra cosa alguna no fue vista. Quedaron los Apóstoles admirados de ver semejante acaecimiento, y vinieron a este parecer todos, y afirmaron que el Señor, que había tomado carne de ella y héchose hombre en sus entrañas, quiso prevenirla, resucitándola antes de la Universal Resurrección, y trasladarla en cuerpo y alma a los Cielos. |”

- San Germán de Constantinopla (710):

«Cuando dejaste la tierra, evidentemente subiste al cielo; pero debo decir que antes no estabas excluida de los cielos, y que después, al elevarte por encima de los coros celestiales, mostrándote muy superior a las creaturas terrestres, no dejaste la tierra; en verdad, al mismo tiempo embelleciste los cielos e iluminaste la tierra con una gran claridad, ¡oh Madre de Dios! Tu vida en este mundo no se tornó extraña a la vida celestial; tu tránsito tampoco ha modificado tus relaciones espirituales con los hombres. Por eso, podemos estar bien seguros de que así como durante tu estadía en este mundo permanecías junto a Dios, tu cambio respecto de la condición humana no ha sido motivo para que abandones a los que están en el mundo. Todos oímos tu voz, y todas nuestras voces llegan a tus oídos atentos; tú nos conoces cuando nos socorres y nosotros reconocemos tu auxilio siempre magnífico, y que nada -hablo de tu muerte- ha podido constituir un obstáculo para el conocimiento mutuo entre tú y tus servidores».

- San Juan Damasceno (726)

Madre de la gloria
(Homilía 2 en la dormición de la Virgen Marta, 2 y 14)
ASUNCIÓN/DAMASCENO

Hoy es introducida en las regiones sublimes y presentada en el
templo celestial la única y santa Virgen, la que con tanto afán
cultivó la virginidad, que llegó a poseerla en el mismo grado que el
fuego más puro. Pues mientras todas las mujeres la pierden al dar
a luz, Ella permaneció virgen antes del parto, en el parto y después
del parto.

Hoy el arca viva y sagrada del Dios viviente, la que llevó en su
seno a su propio Artífice, descansa en el templo del Señor, templo
no edificado por manos humanas. Danza David, abuelo suyo y
antepasado de Dios, y con él forman coro los ángeles, aplauden
los Arcángeles, celebran las Virtudes, exultan los Principados, las
Dominaciones se deleitan, se alegran las Potestades, hacen fiesta
los Tronos, los Querubines cantan laúdes y pregonan su gloria los
Serafines. Y no un honor de poca monta, pues glorifican a la
Madre de la gloria.

Hoy la sacratísima paloma, el alma sencilla e inocente
consagrada al Espíritu Santo, salió volando del arca, es decir, del
cuerpo que había engendrado a Dios y le había dado la vida, para
hallar descanso a sus pies; y habiendo llegado al mundo inteligible,
fijó su sede en la tierra de la suprema herencia, aquella tierra que
no está sujeta a ninguna suciedad.

Hoy el Cielo da entrada al Paraíso espiritual del nuevo Adán, en
el que se nos libra de la condena, es plantado el árbol de la vida y
cubierta nuestra desnudez. Ya no estamos carentes de vestidos, ni
privados del resplandor de la imagen divina, ni despojados de la
copiosa gracia del Espíritu. Ya no nos lamentamos de la antigua
desnudez, diciendo: me han quitado mi túnica, ¿cómo podré
ponérmela? (Cant 5, 3). En el primer Paraíso estuvo abierta la
entrada a la serpiente, mientras que nosotros, por haber
ambicionado la falsa divinidad que nos prometía, fuimos
comparados con los jumentos (cfr. Sal 48, 13). Pero el mismo Hijo
Unigénito de Dios, que es Dios consustancial al Padre, se hizo
hombre tomando origen de esta tierra purísima que es la Virgen.
De este modo, siendo yo un puro hombre, he recibido la divinidad;
siendo mortal, fui revestido de inmortalidad y me despojé de la
túnica de piel. Rechazando la corrupción me he revestido de
incorrupción, gracias a la divinización que he recibido.

Hoy la Virgen inmaculada, que no ha conocido ninguna de las
culpas terrenas, sino que se ha alimentado de los pensamientos
celestiales, no ha vuelto a la tierra; como Ella era un cielo viviente,
se encuentra en los tabernáculos celestiales. En efecto, ¿quién
faltaría a la verdad llamándola cielo?; al menos se puede decir,
comprendiendo bien lo que se quiere significar, que es superior a
los cielos por sus incomparables privilegios. Pues quien fabricó y
conserva los cielos, el Artífice de todas las cosas creadas —tanto
de las terrenas como de las celestiales, caigan o no bajo nuestra
mirada—, Aquél que en ningún lugar es contenido, se encarnó y
se hizo niño en Ella sin obra de varón, y la transformó en
hermosísimo tabernáculo de esa única divinidad que abarca todas
las cosas, totalmente recogido en María sin sufrir pasión alguna, y
permaneciendo al mismo tiempo totalmente fuera, pues no puede
ser comprendido.

Hoy la Virgen, el tesoro de la vida, el abismo de la gracia—no sé
de qué modo expresarlo con mis labios audaces y
temblorosos—nos es escondida por una muerte vivificante. Ella,
que ha engendrado al destructor de la muerte, la ve acercarse sin
temor, si es que está permitido llamar muerte a esta partida
luminosa, llena de vida y santidad. Pues la que ha dado la
verdadera Vida al mundo, ¿cómo puede someterse a la muerte?
Pero Ella ha obedecido la ley impuesta por el Señor1 y, como hija
de Adán, sufre la sentencia pronunciada contra el padre. Su Hijo,
que es la misma Vida, no la ha rehusado, y por tanto es justo que
suceda lo mismo a la Madre del Dios vivo. Mas habiendo dicho
Dios, refiriéndose al primer hombre: no sea que extienda ahora su
mano al árbol de la vida y, comiendo de él, viva para siempre (Gn
3, 22), ¿cómo no habrá de vivir eternamente la que engendró al
que es la Vida sempiterna e inacabable, aquella Vida que no tuvo
inicio ni tendrá fin?

(...) Si el cuerpo santo e incorruptible que Dios, en Ella, había
unido a su persona, ha resucitado del sepulcro al tercer día, es
justo que también su Madre fuese tomada del sepulcro y se
reuniera con su Hijo. Es justo que así como Él había descendido
hacia Ella, Ella fuera elevada a un tabernáculo más alto y más
precioso, al mismo cielo.

Convenía que la que había dado asilo en su seno al Verbo de
Dios, fuera colocada en las divinas moradas de su Hijo; y así como
el Señor dijo que El quería estar en compañía de los que
pertenecían a su Padre, convenía que la Madre habitase en el
palacio de su Hijo, en la morada del Señor, en los atrios de la casa
de nuestro Dios. Pues si allí está la habitación de todos los que
viven en la alegría, ¿en donde habría de encontrarse quien es
Causa de nuestra alegría?

Convenía que el cuerpo de la que había guardado una
virginidad sin mancha en el alumbramiento, fuera también
conservado poco después de la muerte.

Convenía que la que había llevado en su regazo al Creador
hecho niño habitase en los tabernáculos divinos.

Convenía que la Esposa elegido por el Padre, viviese en la
morada del Cielo.

Convenía que la que contempló a su Hijo en la Cruz, y tuvo su
corazón traspasado por el puñal del dolor que no la había herido
en el parto, le contemplase, a El mismo, sentado a la derecha del
Padre.

Convenía, en fin, que la Madre de Dios poseyese todo lo que
poseía el Hijo, y fuese honrada por todas las criaturas.
........................
1. Es de fe la Asunción de la Virgen en cuerpo y alma al Cielo; sobre
si Nuestra Señora sufrió o no la muerte corporal, el Magisterio de la
Iglesia no se ha pronunciado.



Datos antiguos de la celebración de la fiesta de la Dormición o Asunción:



De acuerdo a la vida de San Teodosio (m. 529) se celebraba en Palestina antes del año 500, probablemente en Agosto (Baeumer, Brevier, 185). En Egipto y Arabia, por otra parte, se mantuvo en Enero, y dado que los monjes de las Galias adoptaron muchos usos de los monjes egipcios (Baeumer, Brevier, 163), hallamos esta fiesta en las Galias en el siglo sexto, en Enero [mediante mense undecimo (Greg. Turon., De gloria mart., I, ix)]. La Liturgia Gala la fija el 18 de Enero, bajo el título: Depositio, Assumptio, or Festivitas S. Mariae (confrontar las notas de Jean Mabillon en la Liturgia Gala, P. L., LXXII, 180). Esta costumbre permaneció en la Iglesia de las Galias hasta el momento de la introducción del Rito Romano. En la Iglesia Griega, parece que algunos mantuvieron la fiesta en Enero, como los monjes egipcios; otros en Agosto, con aquellos de Palestina; por lo cual el Emperador Mauricio (m. 602), si es correcto el relato de "Liber Pontificalis"(II, 508), fijó la fiesta para el Imperio Griego el 15 de Agosto.

7. Por qué los católicos le dan un lugar especial a María en el cielo o dicen que ella es reina?

Tenemos que comenzar por sentar las bases de que JESÚS es el heredero del reinado de David (Lucas 1, 32), entonces nos surge la siguiente pregunta: Qué lugar ocupaba la Madre del Rey en la corte de los herederos de David? I Reyes 2, 19 nos da la respuesta, la madre del rey se sentaba en un trono a la derecha del Rey. Nunca nadie ha mostrado curiosidad el saber a quien el Padre celestial le ha destinado la derecha y la izquierda de JESÚS en el reino, como este le contestó a la madre de los Zebedeos, cuando esta le pidió que dejara a sus hijos sentarse en estos lugares (San Mateo 20, 20-24). Según JESÚS estos puestos el Padre los atiene destinados JESÚS se sienta a la derecha del PADRE, luego entonces a la Izquierda de JESÚS el PADRE CELESTIAL, nos queda la derecha de JESÚS que no es ocupada por ninguna persona de la Trinidad, luego entonces tiene que estar ocupada por un ángel o por un humano ya que JESÚS mismo lo dijo. Ya I Reyes 2, 19 nos da la respuesta, la Madre del rey ocupa la derecha de su hijo, María siendo una criatura humana limitada es tenida en un lugar de honor en el Reino por el Padre que la escogió coma Madre del Rey





Te invito a ir al Salmo 45 y reflexionar sobre lo que allí se profetiza:



Salmo45 10 "¡Oye, hija, mira e inclina tu oído! olvida tu pueblo y la casa de tu padre, 11 y deseará el rey tu hermosura. Inclínate delante de él, porque él es tu señor. 12 Y las hijas de Tiro vendrán con presentes; IMPLORARÁN TU FAVOR los grandes del pueblo. 13 Toda gloriosa es la hija del reyen su morada; de brocado de oro es su vestido. 14 Con vestidos bordados será llevada al rey; vírgenes irán en pos de ella, sus compañeras serán traídas a ti. 15 Serán traídas con alegría y gozo; entrarán en el palacio del rey. 16 En lugar de tus padres serán tus hijos, a quienes harás príncipes en toda la tierra. 17 Haré perpetua la memoria de tu nombre en todas las generaciones, por lo cual te alabarán los pueblos eternamente y para siempre”

¿ Quién será esta Reina que está sentada eternamente a la diestra del Rey , cuya memoria será perpetua , a la que todos los pueblos y generaciones alabarán para siempre



8. He oído que JESÚS despreció a María en Marcos 3, 31-35 y en Lucas 11, 27-28?

Hay un mandamiento de la Ley Hebrea que dice "Honraras a tu Padre y a tu Madre", el quebrar uno de estos mandamientos hacía a la persona pecadora y lo separaba de DIOS. Si JESÚS "despreciaba" a María caería automáticamente en pecado pues Él estaba bajo la ley, JESÚS honraba a su Padre DIOS y a su Madre María.

En Lucas 11, 27-18 al decir JESÚS "Bienaventurado quien escucha la Palabra de DIOS y la pone en práctica" está poniendo la balanza de la mujer en su valor real, como dijera San Agustín "en Sancta Virginitate"…"Más bienaventurada es María al recibir a CRISTO por la fe que al concebir en su seno la carne de CRISTO". Por que Jesús llama sen los Evangelios “mujer” a María en ves de Madre?

La Palabra de Dios no relata la vida familiar de Jesús, relata todo lo concerniente a la Salvación, sin duda Jesús le diría "Mama" como todo buen Judío que esta bajo el mandamiento de "HONRAR PADRE Y MADRE".Cuando Jesús llama "mujer" a María lo hace para definir quien es ella en el Plan de la Salvación. Maria es la Nueva Eva, la Eva obediente a Dios (no como la otra).Si vas al capitulo 2 de génesis veras que Dios llamo al ser que creo como compañía del hombre, MUJER

Génesis 2, 23 El hombre exclamó:

"¡Esta sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne! Se llamará Mujer, porque ha sido sacada del hombre".

EN ESE MOMENTO QUE SE LLAMABA "MUJER", ESTE SER NO TENIA PECADO Y ERA VIRGEN

Después del pecado Adán llama a la mujer "Eva" que quiere decir "MADRE" y tiene relaciones con ella

Génesis 3, 20 El hombre dio a su mujer el nombre de Eva, por ser ella la madre de todos los vivientes. 21 El Señor Dios hizo al hombre y a su mujer unas túnicas de pieles y los vistió.



Génesis 4, 1 El hombre se unió a Eva, su mujer, y ella concibió y dio a luz a Caín. Entonces dijo: "He procreado un varón, con la ayuda del Señor".



Por lo tanto, María es la MUJER antes del pecado "en Gracia y Virgen" en contraposición a "Eva" "madre y desobediente"





9. Por qué los católicos llaman a María Madre?

Primeramente porque JESÚS nos la dejó en la Cruz (San Juan 19, 27).

Segundo, porque como ya dijimos somos descendientes de la Mujer que nos marca como vencedores de la serpiente, y más que nada porque así como los Judíos se llaman (sin escándalo de nadie) hijos de Abraham pues nacen de la Fe de este "el primero que creyó" en la Antigua Alianza, así nosotros somos hijos de la Fe de María la primera que creyó en JESUS al aceptarlo como hijo en su vientre.



10. Por qué los católicos le piden a María sí ella esta muerta?

Primeramente la intersección de María ante JESÚS está más que probada bíblicamente en San Juan 2. En este capítulo, JESÚS anticipa su hora por petición de su Madre.

Todos somos intercesores para con JESÚS (único intercesor ante el Padre). Como dice Pablo en I Timoteo 2, 1 (antes de mencionar la intercesión de JESÚS para con el PADRE) la oración de unos por otros es "Buena y DIOS la escucha", esto es intercesión y más aún cuando contamos con el ABAD bíblico de Juan 2 respecto a María y como JESÚS escucha su petición.

Respecto a que está "Muerta", primeramente el que así habla desconoce que existe otra vida en el Reino de DIOS, donde los santos están bien vivos (Apocalipsis 6, 9-11) e interceden y claman, además desconocen el versículo de San Lucas 20, 38 donde el SEÑOR dice: DIOS no es DIOS de muertos, sino de vivos; para El todos viven". La Iglesia enseña que JESÚS es el único mediador para con DIOS, pero nos podemos aprovechar de las oraciones de los que "viven" ante el trono del CORDERO y sobre todo de su Madre.



11. Si María no es omnisciente, cómo puede oír nuestra plegaria?

El reino de DIOS es misterioso, poco sabemos de el. Tenemos que aprender a orar como ora la Iglesia. En su oración la Iglesia siempre se dirige al Padre a través de JESÚS y es en esta mediación de JESÚS como llega nuestra Oración. Si deseas utilizar la intercesión de María un patrón de oración debe ser más o menos así:

"Padre amado te pido por el amor que demostraste al escoger a María como madre de tu hijo que tengas misericordia de los míos, esto te lo pido en nombre de JESÚS, Amen."



12. Hay quien dice que no se debe rezar el Rosario pues el SEÑOR nos mandó a no repetir palabras como hacen los paganos.

El Rosario más que oración es meditación y redunda en el bien de los cristianos cuando lo hacemos en un profundo espíritu de meditación en los misterios de la fe. La repetición de oraciones vocales solo marca el tiempo de la meditación, el mismo JESÚS (nos dice la Palabra) repetía las mismas palabras una y otra vez en el huerto de los Olivos, los hermanos Pentecostales repiten una y otra vez palabras tales como "Aleluya", "Gloria a DIOS", "Amen" y otras.



13. Por qué los católicos celebran fiestas a María?

El centro de la Iglesia es JESÚS de Nazaret, La Eucaristía es el centro de la Liturgia Católica. Los católicos ciertos días que no sean domingo (domingo es el día único del SEÑOR) celebramos diversos acontecimientos de la vida de la Virgen, ella misma lo profetiza en San Lucas 1, 48-49 cuando dijo "Bienaventurada me llamaran todas las generaciones" cuando los católicos celebramos a María lo hacemos cumpliendo esta profecía, pero aunque celebremos a María lo hacemos en la Eucaristía que es ofrecida al Padre a través de JESÚS y bajo la unción del ESPÍRITU SANTO, solo que lo hacemos dando gracias a DIOS por tener un modelo como María. En la Misas de la Virgen a quien se adora y da Gracias es a JESÚS Salvador por darnos tal madre.



14. Hay quien dice que en las apariciones de la Virgen está el demonio, es cierto esto?

La Madre de DIOS se ha aparecido en los últimos años llamando al mundo a la conversión a JESUCRISTO, el demonio no puede llamar a convertirse de los pecados que el mismo impulsa a cometer, miles de personas se convierten a JESUCRISTO (Lo cual es lo último que el enemigo desea). Como explicamos anteriormente María tiene una función al final de los tiempos (Apoc. 12) de anunciar la venida de JESÚS. Debemos alertar a nuestros hermanos a no afirmar que el demonio es el que se aparece, pues confundir la obra de DIOS con la del demonio es Pecado contra el ESPÍRITU SANTO (San Mateo 12, 22 – 33) y este no se perdona ni en esta vida ni en la otra.

15- Algunos católicos le dan él titulo a María de Co-redentora, esto es incorrecto?

Recientemente en "The Florida Catholic" (Sep 4 1997, pag A6) se publicó que el SEÑOR co-redención de María, sin embargo sin menoscabar la única Redención llevada a cabo por JESÚS, basémonos en la carta de San Pablo a los Colonenses 1, 24 donde dice:" Al presente me alegro cuando tengo que sufrir por ustedes; así completo en mi carne lo que falta a los sufrimientos de CRISTO". Es que Pablo no consideraba la Redención de CRISTO suficiente?. Este es el misterio del sufrimiento cristiano que tantos quieren desechar, cuando sufrimos con CRISTO participa en la redención al unir sus dolores a los de CRISTO, profetizados por Simeón como una espada en el pecho, profecía que se cumplió al pie de la Cruz.

María, la Theotocos, la siempre pura, la Madre de JESÚS ha sido y será signo de esperanza para la humanidad, en ella nosotros los humanos hemos sido bien representados. Si por Eva entró el pecado, por María entró la salvación.

Hemos estudiado el papel singular y privilegiado que le tocó representar a esta muchacha humilde de Nazaret, desde su lucha contra la serpiente hasta la Mujer vestida de Sol, pero esta honra merecida que le da la Iglesia no debe empañar la gloria de su Hijo JESÚS, único SEÑOR y SALVADOR. Por esto quiero terminar esta pequeña reflexión con unas palabras tomadas del documento pontificio llamado "Marialis Cultus" o "El Culto a María" de Pablo VI de feliz memoria, dice el Santo Padre:

"Es voluntad de la Iglesia Católica que en dicho culto se evite con cuidado toda clase de exageraciones que puedan inducir a error a los demás hermanos cristianos acerca de la verdadera doctrina de la Iglesia Católica y se haga desaparecer toda manifestación cultural contraria a la recta práctica católica.

Finalmente, siendo connatural al genuino culto a la Virgen el que mientras es honrada la Madre, el hijo sea debidamente conocido, amado, glorificado, este culto se convierte en camino a CRISTO, fuente y centro de la comunión eclesial, en el cual cuantos confiesan abiertamente que El es DIOS y SEÑOR, SALVADOR y único mediador (Tim 2,5).

Finalmente, por si fuese necesario, quisiéramos recalcar que la finalidad última del culto a la Bienaventurada Virgen María es glorificar a DIOS y empeñar a los cristianos en una vida absolutamente conforme a su voluntad".

Ruega por nosotros Santa Madre de DIOS, para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro SEÑOR y salvador JESUCRISTO. Amén





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Actualizado 7/14/09