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martes, 24 de abril de 2018

¿Quién Mueve la Hoja del Árbol?


Tema de Ángel Navas


             “No se mueve la hoja en el árbol sin la voluntad de Dios.” 

          Hay ideas que damos por ciertas, y casi las defendemos con la vida… para después descubrir que estábamos equivocados… ¡oh decepción! Creo que una de esas es la frase aquella que reza que “no se mueve la hoja de un árbol si no es por la voluntad de Dios”. Muchos cristianos la hemos defendido alguna vez a capa y espada, y casi jurado que está en la Biblia. Un día me decidí a buscarla en la Biblia, sólo para descubrir que no está. ¡Tremenda sorpresa que me llevé! La había escuchado de boca de muchos predicadores y consejeros, ¡y sonaba tan espiritual! Pero era un hecho: frase bíblica, no es! Previo a escribir este artículo, me di a la tarea de buscar una referencia de la misma. Y para sorpresa mía, mi búsqueda en Google (que dicen que todo lo sabe) me arrojó un dato interesante y curioso: Al menos la referencia más antigua que pude hallar es de Miguel de Cervantes Saavedra, que pone en boca de nada menos que de ¡¡Don Quijote!! —Encomendadlo a Dios, Sancho —dijo don Quijote—, que todo se hará bien, y quizá mejor de lo que vos pensáis, que no se mueve la hoja en el árbol sin la voluntad de Dios. El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha, parte 2, Capítulo III. (http://www.donquijote.org/spanishlanguage/literature/library/quijote/170.asp) Pero lo realmente importante no es quién dijo primero la frase, sino lo que ella significa, y las implicaciones que ha tenido el que la demos por cierta. El mensaje detrás de ella es que Dios tiene todos los hilos del Universo, y que nada escapa a Su voluntad: Que todo, absolutamente todo, es producto de sus designios. Una idea que podría sonar piadosa, y que se esgrime cuando alguien sufre alguna calamidad o tragedia, animándole a aceptar los insondables propósitos de Dios, e insinuando que será mejor resignarse a Sus caprichosas decisiones, a la vez que tratamos de convencernos de que “algo mejor” traerá Dios a cambio. El problema es que creer que ni aún las hojas de los árboles se mueven sino por voluntad divina, deriva en creer también que tanto lo bueno como lo malo viene de Él. Y con lo bueno no tengo problema, porque sé que Dios es bueno, y de Él sólo vienen cosas buenas. Pero ¿lo malo? ¿Las tragedias? ¿Las desgracias? ¿Las enfermedades? ¿Las pestes? ¿Las hambrunas? ¿Las divisiones -aún entre los cristianos-? ¿O el cáncer de mi ser más querido? ¿Serán también parte de la proyección del Amor de Dios? No me suena coherente, ni me empata con quien Jesús es. Pero tristemente sigue siendo lo que una gran cantidad de personas cree de Dios; y si lo creen los creyentes, cuánto más los escépticos que culpan a Dios de las catástrofes y hambrunas y las muertes injustas. Ya lo expresaba José Luis Perales en su famosa canción “Dime” que tan nerviosos puso a muchos cristianos: Dime, ¿por qué la gente no sonríe? ¿Por qué las armas en las manos? ¿Por qué los hombres malheridos? Dime, ¿por qué los niños maltratados? ¿Por qué los viejos olvidados? ¿Por qué los sueños prohibidos? Dímelo Dios quiero saber, Dime ¿por qué te niegas a escuchar? Aún queda alguien que tal vez rezará Y no culpo a Perales por a su vez inculpar y reclamar a Dios por las desgracias. Creo que ante varias denominaciones cristianas que han proyectado al mundo una imagen de un Dios que controla todos los hilos del Universo, no queda otra opción que la de imputarle todas las desgracias y verlo como lo que sea, menos como un Dios de Amor. Es verdaderamente lamentable escuchar a varios líderes de denominaciones cristianas decir que, cuando ocurre un desastre natural como terremoto o tsunami, es que “Dios está llamando al arrepentimiento”. Esto es un grave error, y una estrategia malsana que dichos líderes utilizan para tener a sus feligreses adheridos a ellos en base al temor. Como auténticos cristianos y verdaderos conocedores del Dios del Amor, debemos tener la profunda convicción de que los temblores, huracanes, tornados, tsunamis y cualquier desastre natural NO PROVIENE DE DIOS. Dios no manda tsunamis para que la gente se arrepienta. Lo que sí mandó Dios fue a su Hijo a una cruz para la redención de la humanidad. Cuando Dios creó el mundo no pensó en terremotos ni huracanes, todo eso es consecuencia de la entrada del pecado, que no solo sometió a la humanidad, sino sometió a la misma creación, la cual espera y gime por el día en que sea liberada de esa esclavitud. (Leer Romanos 8:20-23) Dios no quita la vida, pues es el Dios de la Vida, tampoco manda enfermedades. ¿Cómo pueden los líderes culpar a Dios de eso cuando claramente su Santa Palabra nos enseña que quien roba, mata y destruye es el diablo? Y más aún, Jesucristo nos aclara que su deseo para nosotros es salud, y vida en abundancia. Es hora de que nos quitemos todas esas “mentiras piadosas” y volvamos la mirada al verdadero Dios bueno que nos ama y nos anhela mucho más de lo que nosotros podamos amarle o anhelarle algún día. Su amor estalló en la cruz y nos rodeó para siempre. “Confundiendo Omnipotencia con control” Es curioso ver cómo cuando algún cristiano que ve a Dios como el “Gran Controlador” se topa con algún escéptico que inculpa a Dios –como Perales en su canción-, se pone nervioso, y se pierde tratando de explicar lo inexplicable, y de justificar las desgracias del mundo como parte de un plan de “amor” del Todopoderoso; sin percatarse que no es posible dar ninguna explicación si estamos parados en la misma trinchera que el escéptico y viendo a Dios con los mismos espejuelos turbios del escéptico. El problema viene de que hemos confundido Su omnipotencia y soberanía con el control absoluto. Sin duda que Dios tiene todo el poder, y puede hacer lo que quiera. Pero también es cierto que Él ha decidido operar en principios que surgen del Amor, que es su esencia. El Jesús que yo veo, conozco y en el que creo, no es controlador ni caprichoso. Antes bien, nos ha amado al punto de darnos una inmensa libertad y dotarnos de un gran poder, el poder que deriva del Amor. Desde que Dios puso al hombre sobre la tierra le dijo que señoreara sobre todo (Génesis 1: 27-28). Fue a nosotros a quien Él dio los hilos de la Creación. ¡Dios nos cedió el control! y lo hizo porque fuimos diseñados para vivir en una íntima relación y amistad con Dios; pero tan pronto -haciendo mal uso de nuestra libertad- decidimos romper nuestra relación, comenzamos a cosechar nuestras consecuencias. Por eso es que si algún caos vivimos, es producto de las decisiones que como humanidad hemos tomado. Pero no es culpa de Dios. Y menos aún Su plan. Su proyecto era diferente; se trataba de traer y extender el Cielo en la Tierra. Resentidos contra Dios El problema más grave de creer que Dios es el Gran Controlador y causante de todas las cosas, buenas y malas, reside en que nos hace construir una gran muralla de separación entre Dios y nosotros, pues se crea una relación de temor y no de amor entre Dios y el hombre, privándonos así de una relación auténtica e íntima de amor con Él, que debería de ser la fuente y el sustento de nuestra vida. Mientras alguien crea que no se mueve la hoja de un árbol sin la voluntad de Dios, creerá también que el cáncer de su madre, o la trágica pérdida de su hijo, o la tormentosa bancarrota que le sobrevino -o cualquier otra desgracia- fueron fraguadas por Dios, con la forzada justificante de que algún buen propósito tendrá Él. Lo realmente cierto es que esa explicación ha causado muchísimo dolor en la gente que ha sufrido, porque se encuentra que el Dios de Amor que debería de ser su Consolador, aparece más bien como su ejecutor. Por eso, existe por ahí mucha gente resentida con Dios, incapaz de conectarse con Él en una relación íntima, feliz, poderosa y alegre, que no les ha quedado otra opción que resignarse a servir a un Dios que –según creen- les ha traído solamente desgracia. Pero la culpa no la tiene Dios, sino la falsa idea que propagamos con la frase aquella de la hoja del árbol que no se mueve sin la voluntad de Dios. Un Dios que no tuviera más remedio que echar mano del mal para cumplir sus propósitos sería un Dios limitado e impotente, que estaría destinado a negar su propia naturaleza de amor y sus principios para lograr sus objetivos. La buena noticia es que Dios no es así. Dios es bueno, infinitamente bueno; y es amor, eterno amor; y además es poderoso, todopoderoso; de manera que nada le limita ni le impide que a través de su bondad, amor y poder pueda lograr lo que Él quiera. El engaño que el diablo ha fraguado, y en el que en muchos sentidos parece haber tenido éxito, ha consistido en causar mal, división –aún entre los cristianos-, desorden y caos, y luego acusar a Dios; no muy diferente de lo que hace el niño que culpa a su hermanito de las travesuras que ha cometido. El problema ha sido en que –muchos- hemos creído la falsa acusación, y nos ha separado de Dios y del camino de la Verdad. En lugar de hacer obras de santidad, mayores que las de nuestro Señor Jesús y permanecer en la Verdad, muchos líderes cristianos se han quedado en darlo todo por el mejor evento, para captar más ovejas que la competencia, y una despiadada mercadotecnia que nos aleja de nuestro verdadero propósito como Pueblo de Dios. ¿Y qué hace Dios al respecto? La gran pregunta sería entonces: ¿Y por qué Dios no hace algo ante la calamidad y la desgracia? ¿Por qué no interviene y evita el mal, si tan poderoso es? Porque Él ha puesto en nosotros el poder y el señorío de este mundo; y también nos ha dado la libertad de elegir lo que queremos hacer. Y coartar esa libertad sería tanto como anular su Amor. Por supuesto que a Dios le duele terriblemente ver el mal que la humanidad ha permitido con el poder y la libertad que se le confirió. Pero cuando Él dijo al hombre “señoread”, lo dijo en serio: “Y Dios creó al hombre a su imagen; lo creó a imagen de Dios, los creó varón y mujer. Y los bendijo, diciéndoles: “Sean fecundos, multiplíquense, llenen la tierra y sométanla; dominen a los peces del mar, a las aves del cielo y a todos los vivientes que se mueven sobre la tierra”. (Génesis 1: 27-28) Pero un momento: Dios no ha tomado el papel del observador pasivo. Él sabe que las malas decisiones de unos afectan inocentes. Él sabe que la tierra se ha llenado de injusticia. Él está consciente de que cada vez hay más diferencia entre el ambiente del Cielo y el de la Tierra. Él mismo se duele con el que sufre e inclina su corazón para dar consuelo al que padece; pero también ha decidido tener en nosotros su carta fuerte en la Tierra, y nos invita a ser sus colaboradores para traer el Cielo a la Tierra. Deposita Su poder y autoridad en nosotros; y nos da a Jesús como el modelo de vida al que cada uno podemos aspirar si tan solo activamos nuestra Fe. Somos nosotros, los creyentes en Jesucristo, los que tenemos la respuesta en nuestras manos. ¡Tenemos el poder de sanar enfermos, limpiar leprosos, resucitar muertos… porque el mismo Espíritu que estuvo en Jesús está en nosotros! Como hizo Jesús, podemos cambiar las circunstancias, de la misma forma que él aplacó la tormenta y multiplicó los panes. Hemos sido llamados a traer esperanza cuando todo se ve perdido, como hizo Jesús con Jairo, Martha y María, o la viuda de Nain. ¡Esa es nuestra razón de estar aquí! ¿Cuántos millones de cristianos habrá en este mundo? ¿Cómo sería el mundo si cada uno de esos millones, en vez de dividirnos y resignarnos a la mentira de que Dios tiene que echar mano de los males para tratar con el hombre, creyéramos a Jesús y activáramos nuestra Fe para sanar al enfermo, hacer caminar al paralítico, devolver la vista al ciego, multiplicar los panes, y hacer las mismas obras que Jesús hizo, y que dijo que nosotros haríamos también? Creo que sería este un mundo muy distinto. ¡Ese es nuestro desafío! Y lo único que necesitamos para que eso sea realidad es una sola cosa: Fe, con todo lo que implica, pues Fe sin obras es fe muerta (Leer Santiago 2:14-26). El ingrediente que nos abre las puertas de una vida que va más allá de lo natural y nos permite conectar el Cielo con la Tierra. La misma Fe que puede mover la hoja de un árbol… o una montaña y echarla al mar. Versículo que más se asemeja Uno de los versículos que más se asemeja, y que muchos cristianos confunden con la frase “No se mueve la hoja en el árbol sin la voluntad de Dios”, lo encontramos en Mateo 10: 29 que literalmente dice: “¿Acaso no se venden dos gorriones por una monedita? Sin embargo, ni uno de ellos caerá a tierra sin que lo permita el Padre que está en el cielo” Este versículo, leído fuera de su contexto, da la impresión de que el mensaje que se desea transmitir es que: “todo, absolutamente todo, es producto de los designios de Dios, derivando en creer también que tanto lo bueno como lo malo vienen de Él”. He aquí el tremendo problema de leer un texto fuera de contexto, y sus graves implicaciones teológicas. Esta estratagema de engañar con un texto fuera de contexto fue usada por el diablo contra Jesús, léase la segunda tentación presentada por el diablo a Jesús en el desierto (Mateo 4: 5-7). Por lo tanto, pasemos a leer el versículo en cuestión dentro de su contexto y descifremos el mensaje original que Jesucristo desea transmitir a sus discípulos: “No teman a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. Teman más bien a aquel que puede arrojar el alma y el cuerpo a la Gehena. ¿Acaso no se venden dos gorriones por una monedita? Sin embargo, ni uno de ellos caerá a tierra sin que lo permita el Padre que está en el cielo; y él les tiene contados a ustedes aun los cabellos de la cabeza. Así que no tengan miedo; ustedes valen más que muchos gorriones” (Mateo 10: 28-31) Ahora el mensaje es claro, Jesucristo manda a que seamos valientes, a no tener miedo, pues aunque en nuestros cuerpos padezcamos el martirio por causa del Evangelio, y a los ojos del mundo parezca que la causa de Jesucristo y del Reino de Dios está perdida, Dios en su gran Omnipotencia nos tiene asegurada la victoria. Así pues, no tengamos miedo! Bendiciones +


domingo, 3 de julio de 2011

Dios no es un objeto de experimentación humana, dice el Papa


Escrito por Aci/Prensa, Servicios Informativos Católicos
Sábado, 02 de Julio de 2011 07:24

Al presidir esta mañana la entrega del Premio Ratzinger a la investigación teológica, el Papa Benedicto XVI explicó que "Dios no es un objeto de la experimentación humana".

En su discurso a los ganadores del premio: el profesor Olegario González de Cardedal, el profesor Manlio Simonetti y el sacerdote Maximilian Heim, el Santo Padre explicó que existe un límite al uso de la razón: "Dios no es un objeto de la experimentación humana. Él es Sujeto y se manifiesta sólo en la relación de persona a persona: esto forma parte de la esencia de la persona".

Benedicto XVI hizo esta afirmación al contestar a la pregunta sobre lo que verdaderamente es la teología. "La teología –dijo– es ciencia de la fe, nos dice la tradición. Pero aquí surge, inmediatamente, la pregunta: ¿verdaderamente es posible? ¿O no es esto en sí mismo una contradicción? ¿Acaso ciencia no es lo contrario de fe? ¿La fe no deja de ser fe, cuando se convierte en ciencia? ¿Y no deja la ciencia de ser ciencia cuando está ordenada, o incluso subordinada, a la fe?"

"Estas cuestiones, que ya para la teología medieval representaban un serio problema, con el moderno concepto de ciencia se han vuelto aún más impelentes, a primera vista incluso sin solución. Se comprende así porqué, en la era moderna, la teología en vastos ámbitos se haya retirado primariamente en el ámbito de la historia, a fin de demostrar aquí su seria característica científica".

Benedicto XVI dijo luego que es necesario entonces "reconocer, con gratitud, que con esto se hayan realizado obras grandiosas, y el mensaje cristiano ha recibido nueva luz, capaz de hacer visible su íntima riqueza. Sin embargo, si la teología se retira totalmente al pasado, deja hoy a la fe en la oscuridad".

"Después, en una segunda fase, se han concentrado en la praxis, para mostrar que la teología, en relación con la psicología y la sociología, es una ciencia útil que da indicaciones concretas para la vida. También esto es importante, pero si el fundamento de la teología, la fe, no llega a ser al mismo tiempo objeto del pensamiento, si la praxis es referida sólo a sí misma, o vive únicamente de los préstamos de las ciencias humanas, entones la praxis se vuelve vacía y privada de fundamento".

Según señala la nota de Radio Vaticana, el Papa indicó que "por tanto, estos caminos no son suficientes. Por cuanto sean útiles e importantes, se convierten en subterfugios, y permanece sin respuesta la verdadera pregunta. Que resuena: ¿es verdad aquello en lo que creemos o no? En la teología está en juego la cuestión acerca de la verdad; ella es su fundamento último y esencial".

Tras explicar que al ser Cristo mismo la Verdad a la que se puede acceder a través de la razón humana, el Papa indicó que "la razón experimental se presenta hoy ampliamente como la única forma de racionalidad declarada científica. Lo que no puede ser científicamente verificado o falsificado cae fuera del ámbito científico".

"Con esta formulación se han realizado obras grandiosas; que ella sea justa y necesaria en el ámbito del conocimiento de la naturaleza y de sus leyes nadie querrá seriamente ponerlo en duda. Sin embargo, existe un límite a semejante uso de la razón: Dios no es un objeto de la experimentación humana. Él es Sujeto y se manifiesta sólo en la relación de persona a persona: esto forma parte de la esencia de la persona".

El Santo Padre refirió luego un segundo uso de la razón: "el amor quiere conocer mejor a aquel que ama. El amor, el amor verdadero, no vuelve ciegos, sino videntes. De esto forma parte precisamente la sed de conocimiento, de un verdadero conocimiento del otro".

"Por esto, los Padres de la Iglesia han encontrado los precursores y los pioneros del cristianismo –fuera del mundo de la revelación de Israel– no en el ámbito de la religión consuetudinaria, sino en los hombres en busca de Dios, en los "filósofos": en personas que estaban sedientas de verdad y estaban, por lo tanto, en camino hacia Dios".

"Cuando no existe este uso de la razón –precisó el Papa– entonces las grandes cuestiones de la humanidad caen fuera del ámbito de la razón y son dejadas a la irracionalidad. Por esto una teología auténtica es tan importante. La fe recta orienta la razón para abrirse a lo divino, a fin de que ella, guiada por el amor por la verdad, pueda conocer a Dios más de cerca".

"La iniciativa para este camino está en Dios, que ha puesto en el corazón del hombre la búsqueda de su Rostro. Por tanto, forma parte de la teología, por un lado, la humildad que se deja "tocar" por Dios y, por otro, la disciplina que se liga al orden de la razón, preserva el amor de la ceguera y ayuda a desarrollar su fuerza visiva".

Finalmente el Papa dijo ser "consciente de que con todo esto no ha sido dada una respuesta a la cuestión acerca de la posibilidad y la tarea de la recta teología, sino que sólo ha sido puesta en luz la grandeza del desafío ínsito en la naturaleza de la teología. Sin embargo, precisamente de este desafío el hombre tiene necesidad, porque ella nos impulsa a abrir nuestra razón interrogándonos acerca de la misma verdad, acerca del rostro de Dios"

domingo, 8 de mayo de 2011

Sólo Dios restaura la dignidad del preso


Escrito por Dr. Miguel Arrieta y Linda Rivera
Miércoles, 04 de Mayo de 2011 16:34

El ministerio de la Pastoral Carcelaria Católica de Bayamón 501, dirigido por los coordinadores Wally Lorenzo y Linda Rivera, celebró en un ambiente de recogimiento y reflexión, su retiro anual en la referida institución penitenciaria, con la entusiasta participación de 42 confinados.

El tema central fue “Una Voz que Habla con Dios”. Respondiendo al llamado y alineados con las palabras del Santo Padre, Benedicto XVI, el cual nos recuerda: “...trabajar en favor de los hombres y mujeres que han perdido la libertad, mas no la dignidad...”, la luz de Cristo Resucitado iluminó el recinto penal, brillando en los corazones de los voluntarios de capellanía, amigos y en el personal de la institución, incluyendo a los oficiales custodios.



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La obra de tan importante ministerio carcelario trasciende todo asunto de justicia humana. Va más allá de actos filantrópicos o de índole humano y queda justificada por las propias palabras de nuestro Señor en Mateo 25: 31-45: “Porque estuve preso y me fuiste a visitar”.

El retiro fue planificado con meses de antelación, sobre la base de mucha oración para, irrespectivo de las limitaciones humanas del equipo misionero, obrar como instrumentos de un Dios Padre dispuesto siempre a mostrar su misericordia.

Allí donde imperan el encerramiento y las restricciones; donde viven y conviven seres humanos despojados de su libertad, fue imperativo mostrar una ventana del amor que Dios les tiene.

Para tan especial ocasión, Dios se sirvió de valiosos recursos que llevaron eficazmente su mensaje. Personas de Dios que se convierten en instrumentos de evangelización en esta época, cuyos ejemplos inspiran a los reos a trascender de lo corporal a lo espiritual, reconociendo la inmediatez de las miserias humanas y su dignidad como hijos de Dios.

Algunos de los conferenciantes o predicadores fueron Padre Adrián Gnandt con su importante tema “Comunión Íntima con Cristo: Roca de Salvación”, y el hermano Elis Martínez, con la charla “El Poder de Cristo en Su Vida”, el cual ilumina la realidad de la homosexualidad en las cárceles.

En la tarde, cerramos con una última exposición por Monseñor Wilfredo Peña. Padre Willie expuso los elementos esenciales de la oración, además de la fe, en la prédica “Disposición de Ánimo, Corazón Puro y Recta Intención”.

Esta jornada de gracia fue sellada con el banquete de la Santa Misa, presidida por Padre Willie, en compañía de Padre Adrián, del Rev. Diácono Florencio Mercado, de Barranquitas, y demás ayudantes de la capellanía, que los domingos y lunes hacen posible que nuestros hermanos confinados se nutran de la palabra de Dios.

El grupo Magníficat, dirigido por la reconocida cantante cristiana, Lydia Hernández, de la Parroquia Santa Bernardita, aportó sus hermosas canciones a la Liturgia.

Hubo confesiones y oración por los confinados. Todo, primeramente gracias a Dios y a la cooperación de las autoridades del Departamento de Corrección, particularmente el Director de Capellanía Católica, Reverendo Diácono José Manuel Sánchez.

Esta experiencia única se hizo en presencia del Santísimo Sacramento, expuesto durante todo el día. Tres laicos estuvieron en oración íntima con Dios para que se cumpliera su voluntad: la conversión y sanación espiritual de los hermanos confinados.

Al final del retiro, ciertamente una inolvidable experiencia de resurrección, los confinados expresaron su agradecimiento. Fue un día intenso, de emociones espirituales a granel, y de ricas y grandes bendiciones para todos los hijos de Dios presentes en la 501 de Bayamón.